Antonio Arroyo Silva

Lecciones para huir de la grandilocuencia, por José Hugo Fernández

Rainer Maria Rilke dijo alguna vez que cuando descubrió a Paul Valéry, se descubrió a sí mismo. Supongo que al poeta canario Antonio Arroyo le gustaría decir otro tanto respecto a Rilke. De hecho, lo desliza en clave de evocación mediante su poemario Las horas muertas, cuya ascendencia rilkiana más obvia, aunque no la más definitoria, remite desde el título al Libro de horas, del gran praguense.  

Encrucijada de mestizajes, por Antonio Arroyo Silva

La poesía de Galán es eminentemente urbana, una poesía en crisis para unos tiempos en crisis. Además es una poesía insular que parte del extrañamiento lorquiano ante la gran urbe que es Nueva York, a la crítica social, la defensa de los valores humanos y el más crudo sarcasmo ante aquellos valores no ya en decadencia, sino que nunca existieron, como el tan aireado sueño americano o el victimismo característico de la República Dominicana, sobre todo en lo referente a la vida cultural oficialista.

Presentación del libro «Música para un arjé» de Antonio Arroyo Silva, a cargo de Tina Suárez Rojas

Música para un arjé es un poemario que intenta hermanar la música, el arte y los elementos de la creación. De ahí que cada elemento de esta tenga el nombre de un tipo de composición clásica o moderna y que esté precedido de un introito, de un Bolero de la distancia y de una Rapsodia de la cercanía. De esta manera el libro tiene estructura de sinfonía, técnica ya ensayada por el autor en su obra Symphonia. Se basaba este libro en la idea de que a partir de los elementos imperfectos se puede construir la mayor de las sinfonías, así mismo ha de ser la vida misma.