«La liturgia del Agua», Reseña literaria del libro «Agua» (Nueva Estrella, 2021) de Asunción Caballero; por Isabel de la Cruz

Asunción Caballero. Cabeza de Buey, Badajoz (España). Se ha dedicado profesionalmente a la pedagogía infantil y es autora de narrativa y poesía. Ha publicado los poemarios Las mujeres que habito (2015); Pronombres (2016); Los zapatos del indigente (2018); Agua (2021) y el libro de relatos La dualidad de los espejos (2020)

Título: AGUA

Autora: Asunción Caballero

ISBN: 978-84-17857-35-6

Colección Istanbul

Género: Poesía

Formato: 150 x 190 mm

Encuadernación rústica

Páginas: 130

Idioma: español

Lengua: castellana

Primera edición: mayo 2021

Editorial Nueva Estrella

Ignorando a hurtadillas a George Steiner cuando dice algo así como que no nos quedan más comienzos, y valorando lo que escribió un poco antes de que las orillas de los ríos fuesen como hoy las conocemos el controvertido filósofo chino Lao-Tse, o Laocio, de que todo lo difícil comienza siempre fácil; todo lo grande comienza siempre pequeño, vamos a acometer la deliciosa tarea de comentar sin muchos preámbulos un poemario, Agua, que en cuanto cayo en nuestras manos nos enamoró por lo especial. 

A veces, casi milagrosamente, nos encontramos con una obra poética que nos acoge y, casi, sin apenas explicárnoslo, tenemos, por fin, una placentera sensación orgásmica, entre arrogante y pretenciosa, de tener acceso a la verdadera voz lírica del autor (autora en este caso), de haber comprendido al fin ese mundo poético al que nos hemos acercado, la mayoría de las veces, por un misterioso azar que a la larga resulta que tuvo poco de azaroso.

Dijo Flaubert que todo el talento de escribir no radicaba mas que en la elección de las palabras, y nosotros nos preguntamos si el acto de escribir poesía no será, en última instancia, un acertado acto de amor hacia esas mismas palabras, un acto volitivo transformado en amor, en fertilidad, en dádiva, un acto de revelación entre autor y lector, y que nos muestra a cada cual, en palabras de la propia Asunción Caballero, cómo llegar al mar que nos resume.

Agua, que es el título del poemario con el que Asunción Caballero abandona sus otros zapatos, ha venido a deleitarnos, a golpe de sorpresas… con una poesía sencilla, natural, llana, que no simplona ni manida, libre de efectismos y excesos verbales, que nos evoca la idea perceptible ya en Rubén Darío, y posteriormente en Pedro Salinas, de que los elementos naturales constituyen un misterio cuya esencia clave solo está al alcance del alma del poeta. Heredera de los grandes temas literarios de la edad antigua hasta la modernidad, Asunción Caballero despliega su versar en un medio líquido:

Allí

donde las lágrimas manan y mueren.

Podríamos decir que su propia poesía actualiza viejos tópicos para sorprender al lector y ofrecer intuiciones de otro conocimiento menos cósmico:

Renuncio a sus palabras huecas,

a su desaforada prisa

para llegar a todo.

Sus versos se adaptan tanto a temas cognitivos como puramente líricos. Navega diestramente sobre el agua en sus múltiples formas -océanos, mares, ríos, chorros, lluvia, nube, lágrimas-, relativas todas ellas a la tradición alegórica del Ser. Agua como cauce y como motor, como maná y fuente de autoafirmación:

Nada es lo que sucede.

Es solo lluvia

y canta.

La poesía fluye en Agua con su propia sabiduría y con su propia nostalgia, sin olvidar la lucha por lo que debe ser. Nada acaba o es destruido sin que su ciclo comience. No hay autocomplacencia en la tormenta. Solo verdades. Parece que nos gritase desde su yo más íntimo “nunca te adaptes a lo que no te hace feliz, no te calces un zapato a la fuerza pensando que es tu talla, tienes que ser capaz de caminar, de correr, de volar” …Si la felicidad es el fin último de la vida, su agua no debe doler, no debe apretar, ni oprimir, ni quitar el aire, sino permitirnos ser libres, gráciles y dueños de nuestros propios caminos:

¿Se llevará el agua tanto congojo?

¿o nos dejará una tormenta perfecta

desbordando los cimientos?

A medida que nos adentramos en Agua vamos sintiendo una complicidad mayor con una poeta que no se muestra en ningún caso dócil, manejable, ni inclinada a adaptarse a un latir que no se acompase con el suyo. Una poeta que no se somete ni a parámetros ni a jerarquías, ni de fondo ni de estilo. Sin amaneramientos:

Una mujer

una simple mujer en zapatillas

Sí como dijo Don Ramón de Campoamor el arte supremo sería escribir como piensa el mundo, en su último poemario, Asunción Caballero da al líquido elemento la capacidad catártica de reconstruir su esencia:

la lágrima que guardo

para saciar tu sed

El hallazgo de un agua reivindicativamente social es, y refuerza, el caudal emocional, radicaliza las prioridades de la existencia. Es energía transformadora, causa y efecto:

y marcar con esperanza

el agua

del nuevo día.

Enhorabuena, Asunción Caballero. Agua es, pues para nosotros, un poemario terrenal, visceral y mental, y cambia algunas de nuestras perspectivas acerca de ir de lo concreto a lo universal de un modo sencillo y llano, reclamando el lugar de una poética que no engole sus verdades, que no necesite compartir su latido con soberbios adornos ni fatuos academicismos, que sin duda tampoco la harían crecer ni en profundidad ni en belleza, una poética fiel a sí misma, reveladora y libre. Porque, quizá, simplemente, no deberíamos olvidar que si hay algo imprescindible en nuestras manoseadas vidas, además de la buena poesía, ese algo es el AGUA.

Isabel de la Cruz

Autora de narrativa y de poesía y artista plástica española. Directora de la colección Istanbul de la editorial Nueva Estrella.


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