Isaac Fàbregas en Aceite sobre agua. Toda la verdad con Josefa Molina

Estrenamos ‘Aceite sobre agua. Toda la verdad con Josefa Molina’, espacio de entrevistas en el que encontrarás toda la verdad sobre la mentira. Comenzamos con el escritor Isaac Fàbregas, autor de Queridas islas (Ediciones Garoé, 2022)

“La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.

[‘D.Quijote de la Mancha’, 2ª Parte, Cap.X]

― Miguel de Cervantes

Isaac Fàbregas (Barcelona, 1975) se adentra en el mundo de la literatura con Queridas islas (Ediciones Garoé, 2022), un volumen que reúne doce relatos, textos que nacieron cuando rozaba la treintena y que, ahora, a pocos años de cumplir el medio siglo, da por fin rienda suelta para que vuelen lejos. A través de estos relatos, la persona lectora que se acerque a ellos, podrá sentir bajo sus pies la arena de la Alameda de Santiago de Compostela, el crujir de las ramas de un húmedo bosque donde se muere pero también se nace, el amor de una anciana pareja en el ocaso de sus vidas, la soledad de la despedida en un hospital en tiempos de pandemia o el físico deseo de la piel que se electrifica ante la persona que ama.

Queridas islas, obra inaugural de este escritor catalán, amante de la música y de la palabra bien depurada, te ofrece mucho por descubrir ya que, como afirma en la siguiente entrevista el propio autor, existe “una declaración de intenciones que traspasa el personaje y el papel: ¿estará dispuesto también el lector?, ¿querrá emprender el viaje? No se podrá decir que no aviso.”

Avisado quedas pero antes te invito a conocer un poco más a Isaac Fàbregas. Te sorprenderá.

-¿Por qué este título Queridas islas? ¿A qué responden?

Las islas hacen referencia a los doce relatos. La idea troncal de estos se escribió en Santiago de Compostela cuando tenía 29 años, ahora tengo 47. El proceso de creación del libro se vio claramente interrumpido, olvidado y rescatado de forma muy muy intermitente hasta que por fin consigo darle la forma que merece hace apenas tres años. Es un ciclo que logro cerrar, que era necesario completar. Heridas que arrastraba y que había que transformar y que ahora, una vez compartidas…, siento que son como los hijos que un día abandoné y que he podido al fin rescatar. ¡Y no me han puesto mala cara!, no he visto en ellos rencor ni sed de venganza, más bien me han limpiado por dentro e indicado el camino. ¡Cómo no voy a quererlos! De ahí lo de “Queridas”.

-Comienzas el libro con una pregunta: ¿Has entendido el sesgo de las palabras? ¿Esta es una pregunta para ti mismo o es un desafío que lanzas a la persona que lee tus textos?

Pues efectivamente es un desafío, sí, pero no es esta la frase que apunta donde sugieres, no al menos de forma directa. Me explico: el libro consta de tres diálogos breves del tipo socrático que se utilizan para asimismo despegar, vertebrar y despedir el viaje. Este es el primero de ellos. Y la frase que mencionas es únicamente el medio vehicular del que me sirvo para iniciar, para propulsar el desafío que apunta directamente a uno de los dos contertulios del propio diálogo. Un desafío que al final, pone al personaje en jaque: ¿estás o no dispuesto a pensar de otra manera?, ¿has pensado en tu piel el movimiento de las hojas? Esta sí es la frase que encierra directamente, tal y como vaticinas, una apuesta directa con el lector, una declaración de intenciones que traspasa el personaje y el papel: ¿estará dispuesto también el lector?, ¿querrá emprender el viaje? No se podrá decir que no aviso.

Isaac Fàbregas

-Tus textos están empapados de naufragios, de vidas a la deriva, que a veces, como la vida misma, no logran llegar a buen puerto. ¿Son reflejos de tus propias experiencias vitales?

Sin duda, pero ciertamente esto no es demasiado relevante. Lo que uno desea es que otros reconozcan e identifiquen también en ellos los suyos. Sería mucho más interesante saber si has encontrado tú, como lectora, algunos de tus naufragios.

-Queridas islas se conforma por un conjunto de doce cuentos a los que les traspasa un paisaje y yo diría que hasta un lugar concreto que se repite como escenario en varios de los cuentos. Me estoy refiriendo a Galicia y a Santiago de Compostela, que surge a lo largo de varios relatos casi como un personaje más de las distintas tramas. ¿Qué significan para ti Galicia y la ciudad de Santiago?

Esto que dices “… como un personaje más…” me eriza el vello, la verdad. Intuyo que has perforado hasta el envés de las palabras del texto. Te diría que no tanto Galicia, sino la ciudad: es Santiago de Compostela, ¡esa ciudad es la que lo incendió todo por dentro! Y sí, al igual que me gusta utilizar la voz como un instrumento más en algunas de mis composiciones, darles vida a los escenarios, en este caso a los paisajes que constelan esta misteriosa ciudad, como si se tratara de otro personaje más me maravilla. En mi opinión hay algo irresistible en que sea la acera de la rúa San Fernando quien desee las confidencias apasionadas de los ancianos, hay algo mágico en que sea la plaza de la Quintana la única capaz de albergar una conversación entre las manos de Anxo y Pierre, hay algo magnético en que sean los cipreses quienes contesten a Erika o que sea la Alameda la única acrópolis desde la que André siente como se despierta el día, creo que hay algo tierno y escalofriante a la vez en que sea el cielo quien bosteza, aburrido, ante las plegarias de Azar.

-La lectura de algunos de tus relatos como La vida estéril y Los encantos de Úrsula me trasladaron narrativamente hablando a un realismo mágico con aire gallego. ¿Qué influencia ha tenido la narrativa popular gallega en tu obra?

No soy demasiado dado a las etiquetas literarias o musicales, pero dudo mucho de que el realismo mágico, ya sea el gallego o el latinoamericano, hayan tenido una influencia de peso en el libro. El primero por propio desconocimiento, no he leído suficientes autores gallegos del género, y el segundo porque, a decir verdad, vino en lecturas más tardías.

Sí puedo decirte, sin miedo a equivocarme, que ha sido la poesía la que ha tenido una influencia importante en Queridas islas.

No obstante, a raíz de tu comentario ya tengo ganas de investigar más autores gallegos del género.

-En tus textos utilizas diferentes voces narrativas, desde el yo al nosotros pasando por el narrador omnisciente. ¿Has querido realizar un ejercicio de escritura con las voces o surgieron sin más en respuesta a lo que cada texto te demandaba?

En mi caso, este tipo de decisiones a la hora de narrar no surgen al azar sin más, y no exigen tampoco por mi parte un ejercicio añadido si considero que el texto no lo necesita. Me debo a lo que me pide cada relato, cada historia, cada escenario. A veces puede surgir de una forma más espontánea, acotada y visceral, como es el caso de La vida estéril y en otras, como en un Un mar de grietas, me ha exigido un trabajo concienzudo hasta dar con el formato adecuado. No me importa tanto lo laborioso o lo difícil que sea, sino más bien lo que me obsesiona y me divierte por partes iguales es averiguar, descubrir lo que realmente requiere cada texto.

-La lectura de Queridas islas te posiciona ante un autor que mima en extremo la elección de las palabras y el uso de los adjetivos, una forma de escribir que yo diría que es casi a contracorriente del estilo directo e inmediato que nos rodea. ¿Crees que se ha perdido el arte de recrearnos en la palabra?

El lenguaje es un bien común, inestimable diría, hay que mimarlo. La palabra “contracorriente” es el preciado metal que obtuve de mi piel al levantarse. Quiero decir: nada fuera de lo normal teniendo en cuenta mi posición firme y combativa con respecto a mis ideales en relación con el arte. Una vieja compañera más.

Sinceramente, no creo que se haya perdido el amor por recrearse y disfrutar con las palabras. Me vienen a la mente un par de autores que escriben con un estilo directo e inmediato, muy distinto al mío, que me fascinan. Por el contrario, podría nombrar al menos dos o tres que gustan de entretenerse algo más en el lenguaje, tal y como hago yo, y me resultan soporíferos. Los estilos, en mi opinión han de convivir, y más allá de estos, lo importante es la mirada y el sentir de quien escribe.

-Afirma Elena Ferrante en En los márgenes (Ed. Lumen, 2022) que cada libro leído lleva en su interior multitud de otras escrituras que consciente o inadvertidamente el escritor o la escritora aprehende. ¿Qué libros o autores se han traslucido en tus relatos de Queridas islas?

No conocía esa cita, tampoco a su autora. Pero no podría estar más de acuerdo con ella. Bucearé entre los márgenes de ese libro, gracias. Esa cita es igual de incontestable que aquella otra —creo que era de Borges— que decía algo así: “Un libro nunca se termina, solo se abandona”. Amén.

Con respecto a tu pregunta, sin duda, Alejandra Pizarnik, y no tanto por su escritura sino por su mirada, por su forma de pensar y de sentir. Creo que hay retazos de esa mujer en muchas de mis líneas, en muchos de mis pensamientos.

Cada vez que releo aquello de “explicar con palabras de este mundo” “que partió un barco de mí llevándome”…, creo que sus palabras se colaron en mi piel.

-Tu faceta como músico encuentra un fiel reflejo en el relato Ochenta lunas. ¿Qué supone la música en tus textos? ¿Buscas a la hora de escribir que tus relatos contengan ritmo, música en ellos?

Una cosa es enseñar, y otra es enseñar riendo. ¿A quién escogerías primero? ¿Al profesor competente que te enseña y te hace reír o al profesor competente que solo te enseña? Para mí la música es a la escritura lo que el humor a la docencia. ¿Todo?

-En cuanto a tu forma de escribir, ¿dirías que partes de una idea originaria que dejas fluir para que tome su propia senda narrativa o eres de los que planificas la trama y diseña con cuidado a los personajes?

Aunque parto de una idea originaria, nunca la dejo fluir del todo, pero tampoco planifico hasta el último detalle de su viaje. Una nota musical tocada por sí sola no es nada, una nota musical solamente existe en tanto otra le precede. Así un mi puede corresponder a un intervalo de segunda si le precede un re, pero correspondería a un intervalo de tercera si fuera un do lo que le precediera. Pero ¿qué es esa nota si la tocas sola? Nada.

Con el proceso creativo me pasa lo mismo. Aprovecho ambos mundos, pero no me conformo con ninguno de ellos. Permito que esa idea crezca libre, espontánea y fresca, ¡dejo que me sorprenda!, pero la adecuo sin miramientos para dirigirla finalmente donde yo quiero, donde yo necesito. No me importa el tiempo que me lleve, lo importante de nuevo, es acabar descubriendo qué necesita.

-«Pues sabe más de amor el que quiso que el que dijo: ‘Te quiero’»; una hermosa sentencia con la que culminas Un mar de grietas. También el amor es un tema clave sobre el que giran varios de tus textos. ¿Crees que estamos faltos de amor?

Estás en lo cierto cuando dices que el amor es un tema recurrente en mis textos, casi diría que aparece de una u otra forma en todos ellos.

Pero no podemos estar faltos de algo que ya es. El amor no falta ni sobra, simplemente es. Cuando digo aquello de que la pareja de ancianos “ya son amor” no estoy siendo metafórico. Ellos ya son amor, y tú y yo y todos nosotros. Tal vez lo que sí hace falta es ir desenmascarando a los personajes que nos han disfrazado y que han conseguido ocultarlo. Si peláramos todas las pieles de la cebolla, veríamos que el amor sigue ahí, que siempre ha estado, que nunca se fue porque siempre ha sido. Está en nuestra mano.

-El relato El viaje de Julio constituye una dura radiografía sobre la pérdida de cientos de personas afectadas por el COVID, que fallecieron tristemente solas en un hospital, sin contar con el calor de los suyos. ¿Qué te inspiró este relato?

Por un lado, la actitud de mi tío Julio ante su muerte. Por otro lado, el día que me paré a pensar detenidamente en aquella maldita frase que se repetía en las noticias en época de pandemia: ¿de verdad había personas muriendo sin poder despedirse de los suyos? Si lo pienso, todavía me estremezco. Mi abuela murió justo antes de la epidemia, pero con las manos de sus familiares agarrándole las muñecas. No te digo más.

-Para terminar, ¿escribir para comunicar o para emocionar?

Escribo para emocionar comunicando, y en ese orden. Pero no hay una fórmula única. Ahí está la magia. Hay muchos otros que emocionan sin apenas comunicar y me fascinan: David Lynch lo hace.

-Muchas gracias.

A ti Josefa, ha sido un verdadero placer y un excitante desafío responder tus preguntas.


Directora General Revista Gafe.info

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *