Begoña Abellán Rodes, a cielo descubierto; por Esther Abellán

Esther Abellán en su columna «Mujeres a cielo descubierto» nos presenta a Begoña Abellán Rodes, una extraordinaria mujer, poeta y actriz.

Begoña Abellán Rodes, a cielo descubierto

Begoña Abellán Rodes (Alicante, 1976) es poeta y actriz. Durante toda su vida ha necesitado encontrarse, siendo la escritura, y especialmente la poesía, su forma natural de expresión. Sus inquietudes artísticas empiezan de bien pequeña, pero es en 2012 cuando decide comenzar su formación profesional en artes escénicas. Ha formado parte de varias asociaciones culturales tales como Mistium o Gramática Parda; es cofundadora de “El Mundo de Calíope”, asociación dedicada al teatro, recitales de poesía, performances y talleres para público infantil y adulto. Colaboradora de diversos programas de radio dedicados a la poesía y revistas culturales, en 2014 publica la plaquette Morir para vivir como parte de la antología El Mundo en un verso y, en 2017, La ventana que dibujo. En su faceta plástica, actualmente está inmersa en el proyecto Metamorfosis, una suma de dibujos y poemas que plasman, en un acto de introspección, el proceso de evolución interior de la mujer. En 2021, es cofundadora de la compañía #elabrigoverdeteatro.

¿Cómo se llega al arte, al teatro?

Una llega al arte sin darse cuenta. Es algo que en ocasiones traemos desde el nacimiento y otras veces se manifiesta tras algún acontecimiento vivido. Creo que no lo elegimos. En mí, el tema del teatro nació desde bien pequeña, viendo a Concha Velasco. Las revistas estaban protagonizadas por mujeres que cantaban, bailaban, actuaban y a mí me llamaba mucho la atención. En casa de mi abuela había unas escaleras muy largas y bajaba cantando “Mamá quiero ser artista”. De niña soñaba con los escenarios, a pesar de no tener ni idea de lo que eso significa. De adulta me he dado cuenta de que a lo largo de los años siempre he buscado ocasiones para actuar, incluso en el colegio. Recuerdo un festival infantil en el que interpreté el papel de Nerón, con un poema muy gracioso que escribimos entre toda mi familia. Había mucho barullo en aquella representación y cuando salí y grité: “Soy Nerón”, se hizo el silencio. Tuve conciencia de mi voz y del poder del teatro. Después vinieron muchas ocasiones.

Una llega al arte sin darse cuenta. Es algo que en ocasiones traemos desde el nacimiento y otras veces se manifiesta tras algún acontecimiento vivido.

Begoña Abellán Rodes

¿Qué profesor de teatro recuerdas con más cariño?

Adán Rodríguez es mi gran maestro, el que me enseñó muchísimo en dos años que compartí con él. Mi hermana no paraba de insistir en que me apuntara a sus clases de teatro y así lo hice. Es un director que en un momento lo matarías, porque se enfada y es capaz de tirarte una zapatilla a la cabeza si no sale como él pide, pero tiene una energía increíble que sabe transmitir y ese carácter explosivo hace que dudes, que busques respuestas y llegues a sentir la filosofía teatral de manera muy visceral.

¿Recuerdas tu primera vez sobre las tablas?

Empecé haciendo recitales, performances…, pero la primera vez que actué en un teatro de verdad fue en el Gran Teatro de Elche. Estar sobre el escenario es una sensación grandiosa que no se puede definir; te sobrepasa y desapareces como actor, solo está el personaje.

Actualmente, entre tus actividades, estás con #elabrigoverdeteatro. Háblanos sobre este proyecto.

Ahora estamos con una obra que nace de cero, dando vida a personajes reales, codo con codo con la autora del texto. El grupo #elabrigoverdeteatro une a tres mujeres de diferentes generaciones para compartir y vivir esta experiencia creativa de manera muy intensa: todo lo que surge en los ensayos, la pasión que nos empuja y nos hace crecer, transmitir nuestras incertidumbres y luchar por lo que verdaderamente creemos. Y todo eso, cada una a su manera. El montaje actual, “No es falta de cariño”, me permite trasladar con palabras de otra persona lo que quiero transmitir a la sociedad; una toma de conciencia sobre problemas que nos afectan e importan. Además, es una idea muy arriesgada y eso me gusta, porque no sabes nunca la respuesta del público. Me fascina sacar a la luz lo que llevas dentro, esa adrenalina, no saber la reacción del que mira.

La poesía es fundamental en toda tu trayectoria, ya sea desde la escritura, desde la lectura o creando espectáculos relacionados con este género literario…

En mi caso todo se despierta desde la niñez. Yo siempre he soñado que las cosas fueran de una manera y sin ser consciente, sin darme cuenta de la elección, he ido tomando decisiones que me han llevado a donde estoy. A pesar de estar rodeada de mi familia y amigos, la soledad siempre ha estado muy presente en mí, siempre me he sentido “fuera de”.  Mis poemas son como un diario que me ha permitido sobrevivir. No me veo de ningún lugar y escribir y leer poesía me salva. Los poetas y la propia poesía poseen un sentimiento y un lenguaje que me hace sentir que alguien me entiende. Por eso, qué mejor manera, además de a través de un libro, que poder compartir desde un escenario el momento emocional. Mi poesía quiere transmitir aprendizaje, superar ese estado de incomprensión que te aplasta y no te deja respirar en muchas ocasiones. Los montajes hacen que me supere a mí misma, a través del movimiento, del cuerpo… Siento que la poesía me ha buscado a mí, no yo a ella.

Mis poemas son como un diario que me ha permitido sobrevivir. No me veo de ningún lugar y escribir y leer poesía me salva. Los poetas y la propia poesía poseen un sentimiento y un lenguaje que me hace sentir que alguien me entiende.

Begoña Abellán Rodes

El libro “La ventana que dibujo” es un libro que conforma un círculo artístico. Por un lado está la escritura, por otro la ilustración y por otro, el espectáculo teatral que creaste para presentarlo.

El dibujo tiene que estar siempre presente, es como un despertar desde el inicio de la vida. La poesía me da la reflexión, la autoayuda y el crecimiento; el teatro me deja hablar y expresarme; y el dibujo me da la libertad. Pienso dibujar algo y acabo dejándome llevar, hasta el punto de que desaparece el tiempo e incluso, de alguna manera, la conciencia. Sé que me falta técnica porque soy autodidacta, pero es la emoción lo que me mueve. El primer libro que publiqué hizo que venciera muchos miedos, tema muy latente en mi poética. El espectáculo de biodanza que surgió después era una necesidad. Gracias a ese ciclo creativo se rompió mi vida y tuve un nuevo comienzo: una nueva trayectoria con muchísimos proyectos, nuevas visiones… Yo quería en esa propuesta mostrar mi proceso de metamorfosis. La respuesta del público no la olvidaré en la vida. El dibujo, la poesía, el teatro, la música fueron la cuadratura del círculo.

En tu obra es muy importante la Naturaleza…

Sí, siempre la pongo con mayúscula. Creo que es por la importancia que yo le doy a su expansión en el propio ser. Siempre intento encontrar el equilibrio desde el origen. Busco siempre el arraigo para vencer los monstruos y vencer los miedos.

Estás desde hace varios años con el montaje de un espectáculo sobre Federico García Lorca, ¿qué significa para ti?

Considero que “Poeta en Nueva York” es como un poemario maldito, que casi nadie se atreve a recitar o a poner en escena.  Me veo muy vinculada con lo que transmite: la soledad, la incomprensión… Cualquier poeta vive observando lo que tiene a su alrededor. Comenzamos a leer en profundidad, a elegir versos, y sorprendentemente nos dimos cuenta que desestructurando los poemas podíamos contar nuestra historia, nuestro sentimiento como poetas, pero con sus palabras. Al organizar el texto, comienza a tomar forma un espectáculo con crítica social, que aboga por el amor como elemento que nos salva a todos, que nos permite explicarnos como seres humanos sin tener en cuenta el género. La puesta en escena evoluciona sin parar y nunca estás conforme. Al representarlo coge fuerza cualquier elemento introducido en el escenario. Además, desapareces como actriz y todo es Lorca. Sabemos que es difícil de que nos lo contraten, pero para mí es imprescindible que vea la luz. Soy yo, en cierta manera, y me siento comprometida por mostrar que “Poeta en Nueva York” no es solo un poemario. Es mucho más. Teníamos el estreno antes de la pandemia y, al final, no pudo ser. Se estrenará muy pronto. Puede que a los puristas de Lorca no les guste, pero queremos seguir adelante. A los poetas nos une la necesidad de sobrevivir a través de los versos, y eso es lo importante.

Otro proyecto que tienes entre manos es “Metamorfosis” …

Sí, lo comencé en 2017 y sigo con él. He vuelto a ser madre y todo lo artístico se desestructura de alguna manera, pero sigo en la brecha. Es un proyecto que aúna dibujos y poemas que surgen de las propias ilustraciones. Va enlazado con “La ventana que dibujo” y habla de la fuerza interior de la mujer. Estoy, a día de hoy, trabajando en la propuesta de la exposición.

Has dicho en ocasiones que te sientes muy cómoda representando en teatro papeles masculinos, pero has cofundado con dos actrices más #elabrigoverdeteatro, un grupo en el que estáis tres actrices y que se centra en argumentos protagonizados por mujeres…

No es una contradicción. Yo siempre defiendo la identidad sexual, desde la voz de mujer. Quizá mis inseguridades se reflejen cuando me escudo sobre el escenario en un rol masculino. El teatro me reafirma como mujer porque en papeles comprometidos necesito estar segura de mi misma, saltar barreras. Este nuevo proyecto de #elabrigoverdeteatro estoy segura que nos permitirá a cada una de nosotras mostrar lo que llevamos dentro como actrices y como autoras. Ver textos propios convertidos en personajes reales y crear, desde cero, tu historia a través de otros ojos.

Otra de tus facetas es el mundo infantil, los cuentacuentos y la animación lectora.

A mí me encanta Gloria Fuertes y cuando abrimos con la asociación cultural “El Mundo de Calíope” nuestro sueño teatral, el objetivo era llegar con la poesía a sitios donde normalmente no llega; despertar y comunicar lo que sentíamos. En ese proyecto aparecieron Maruja y Martín, nuestros personajes. Recuerdo muy gratamente la primera actuación con ellos. Fue en un colegio donde el nivel lector del alumnado era buenísimo. Sabían de memoria poemas y eran tan especiales que nos llegaron a poner en un aprieto. Los niños nos enseñan muchísimo y obligan a la improvisación. Esto te hace tener mucho respeto al público infantil. Maruja y Martín motivan a los niños a leer, a ir a las bibliotecas, a amar los libros. Es increíble cómo conectan con nuestros personajes. Como actrices, en nuestra mano está motivarlos y que piensen por sí mismos, transmitir y defender ideales. Maruja y Martín están en contra de los “fantasmas”. Como anécdota te contaré que hay niños que a Martín (mi personaje) le preguntan por qué tiene el pelo morado, o quieren llevarse de recuerdo una pluma. Cuando nos dibujan no nos dibujan a las actrices, dibujan al hada o al pájaro.

¿Hacia dónde quieres ir? ¿Qué te gustaría hacer o representar?

Mi vida, en estos momentos, se está moviendo hacia el teatro. Lo que más quiero es actuar. Esto lleva mucho trabajo e implica mucho crecimiento. La obra de teatro “No es falta de cariño”, que se estrena el 6 de noviembre en la sala de El Taller Tumbao de Alicante, es una gran satisfacción. Me demuestra mi continuidad y mi avance encima del escenario. Quiero seguir en el camino del teatro y hacer el papel que me den, ser capaz de hacer cualquier personaje, cambios de registro fuera de lo cómodo. Ojalá el destino me ofrezca la posibilidad de poder mostrarme como soy encima del escenario.

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