Manuel Díaz Martínez: “La poesía es un acto de libertad”, por Josefa Molina Rodríguez

Para el poeta cubano, la creatividad es ante todo “independencia, la expresión de uno mismo”

Para el poeta cubano, la creatividad es ante todo “independencia, la expresión de uno mismo”

Cuando tenía diez años y acompañó a su padre hasta una lejana finca donde ‘el americano’, esperaba un manojo de habanos elaborados de forma artesanal, ‘realizados con la hoja más clara y sin vitola’, sin duda, este niño de Santa Clara desconocía que aquel significaría el primer contacto que tendría en su vida con el variopinto mundo de la literatura. Aquella finca era La Vigía y aquel ‘americano’, Ernest Hemingway.

Recién cumplidos los 82 años, quien bucea en la biografía de Manuel Díaz Martínez descubre que, en el transcurso de su vida, las musas de la poesía  siempre le han sido propicias. No en vano, Díaz Martínez es uno de esos poetas que, desde su humildad, te descubre, para tu más absoluto asombro, que compartía trabajo con Lezama Lima en el Instituto cubano de Literatura y Lingüística, que conoció al poeta Pablo Neruda en París, que compartió más de una vez arroz con judías negras con Nicolás Guillén o que mantuvo correspondencia con el mismísimo Julio Cortázar.

Afincando hace 25 años en Gran Canaria, el poeta cubano observa con tranquilidad cómo las olas de la Puntilla, en la playa de Las Canteras, se empeñan en golpear sus ventanas en un intento de eternizar la fiereza de sus huellas saladas. Es precisamente la mar quien le recuerda que ‘nadie se va de su país si en él es feliz’. Y es que la añoranza está siempre presente en el alma del poeta desde que tuvo que abandonar su Cuba natal un día de 1992.

Tan solo un año antes, en mayo de 1991, un grupo de diez intelectuales firmaron lo que se conoció posteriormente como ‘La Carta de los Diez’. La misiva, redactada por la poeta y fundadora de Criterio Alternativo, María Elena Cruz Varela, supuso el mayor desafío por parte de intelectuales que hubiera tenido que enfrentar la dictadura castrista hasta el momento. ‘La Carta de los Diez’ fue contestada con extremada contundencia por el régimen que, desde el periódico Granma, catalogó detraidores a sus firmantes –María Elena Cruz Varela, Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Nancy Estrada, José Lorenzo Fuentes, Bernardo Marquez Ravelo, Manuel Granados, Fernando Velázquez Medina, Roberto Luque Escalona y Víctor Manuel Serpa– sometiéndolos a todo tipo de represalias, incluidos el exilio y la cárcel.

Para Díaz Martínez, su posicionamiento crítico frente a la falta de libertad en Cuba supuso no sólo la expulsión de la Unión de Escritores sino del país. Tenía 56 años, dos hijas y una maleta repleta de incertidumbre. Un año después se afincaba junto a su esposa, Ofelia, en Gran Canaria. Cuba perdió un poeta, y de los grandes, y España, ganó un poeta, y de los grandes.

Me recibe en su casa a ritmo de son cubano y olor a café. La Orquesta de Cachao, leyenda de la música cubana, se encarga de poner banda sonora a los saludos iniciales antes de comenzar a ‘platicar’ sobre literatura, sobre poesía y, si me apuran, sobre la vida misma.

Es comenzar la conversación y descubrir que hablar con este escritor es adentrarse en la historia de la literatura cubana de la segunda mitad del siglo XX desde el testimonio directo de uno de sus protagonistas. Con una memoria prodigiosa y repleta de anécdotas, Díaz Martínez es algo así como la personificación de una parte crucial de la historia de la poesía cubana hecha hombre.

Acallamos a Cachao para dar rienda suelta a la palabra.

Don Manuel, ¿qué significa para usted poesía? Para mí, la poesía es, ante todo, un acto de libertad. Como instrumento, supone un supra lenguaje a través del cual puedo comunicar con precisión mis sentimientos, mis ideas…

En su opinión, ¿de qué tiene que constar la poesía para que se pueda considerarse como ‘buena’ poesía? Lo fundamental es que el poeta que está creando lo haga con honestidad y que se sienta lo suficientemente libre como para expresarse con absoluta libertad. Sin eso, todo lenguaje, poético o no, está mediatizado y, por tanto, carece del primer principio para tener calidad, la libertad. La poesía debe ser un ejercicio de independencia, la máxima expresión de uno mismo.

¿Qué ‘hace’ a un escritor? Sus experiencias vitales e intelectuales.  Quien aspire a ser escritor debe leer a los buenos escritores y trabajar en serio, no buscando el éxito fácil. Lo que debe motivarlo es el afán de comunicarse. Yo nunca he escrito para ganar dinero, lo que quiero es que me lean.

En alguna ocasión le he escuchado decir que hay que leer a los autores en su idioma original, ¿es realmente necesario? ¡Por supuesto! Te cuento una anécdota al respecto que creo que lo explica perfectamente. En mi juventud leí, traducidos al español, poemas de Vladímir Mayakovski y no me pareció que Mayakovski fuera tan bueno como lo consideraban. En una visita a Cuba que realizó el poeta ruso Yevgueni Yevtushenko, tuve la oportunidad de decírselo. Entonces él se ofreció a leer poemas de Mayakovski en su idioma. Aquellos no eran poemas: ¡eran música, auténticas cantatas de Bach! Eso no hizo más que reafirmarme en mi idea de que leer al autor en su idioma es fundamental para captar su auténtica maestría.

En su poesía, ¿hay alguna temática preferente? Sí, claro: el olvido como una forma de la muerte, y, por contra, los recuerdos. Yel amor como contrapartida de la crueldad, del desprecio. He abordado muchos temas, pero estos, digamos, son mis obsesiones.

¿Qué autores han influido más en su producción poética? Entre los españoles los que más me han interesado han sido Lope de Vega y Quevedo. Ahora bien, como poeta siento que les debo mucho a Gustavo Adolfo Bécquer, a Antonio Machado y a León Felipe. Sin duda, estos dos últimos han sido decisivos en la consolidación de mi propio estilo.

Usted trabajó en el periódico ‘Noticias de hoy’, del partido comunista cubano, y fue jefe de la sección cultural de ese periódico. Así es y eso me permitió conocer a muchos escritores y artistas, tanto de dentro como de fuera de la isla. Antes de la revolución, Cuba llegó a tener trece periódicos de tirada nacional, algunos de una calidad que nada tenían que envidiar a otros extranjeros, y todos vivían. En largos períodos de su historia, Cuba gozó de libertad de expresión. Fue así, pero… bueno, ya saben lo que pasó después de 1959.

Pero Cuba vivió una época de auténtico esplendor literario... Julio Cortázar, a quien he admirado y admiro mucho, decía ‘si quieres encontrarte con alguien que hace tiempo que no ves, ve a La Habana’; eso refleja la tremenda importancia cultural que tuvo Cuba en un momento concreto de su historia.

Conoció a Cortázar, a André Breton,… Así es. Con Julio Cortázar contacté cuando hice un ensayo sobre la obra de Lezama, que le envié por correo con la intención de que lo leyera y me diera su opinión. Él me respondió por carta con diversos comentarios al respecto. Hoy en día, esta carta forma parte de la correspondencia publicada del escritor argentino. Desde luego, mi paso por París me permitió conocer a André Breton, en cuya casa lo visité; también a Pablo Neruda y, de refilón, a Picasso,… Además, he mantenido amistad con diversos autores como el ruso Yevtushenko, el mexicano Efraín Huerta, con Saramago con quien tuve una buena amistad, ensombrecida posteriormente por su posicionamiento a favor del régimen de Castro, así como con muchos autores de mi generación, entre ellos, Guillermo Cabrera Infante.

Si tuviera que elegir a un escritor para compartir un café y conversar sobre literatura, ¿a quién elegiría? A Albert Camus. Llegué a París el 6 de enero de 1960 y en la agenda de cosas que quería realizar durante mi estancia en Francia, estaba entrevistar a Camus. Cuando me bajé del tren vi que todos los diarios se hacían eco de su entierro. ¡Llegué a París justo el día en que lo estaban enterrando! Siempre me quedó esa pena… Otros personajes para charlar, sin duda, serían Jorge Luis Borges y, entre los cubanos, Agustín Acosta, Manuel Navarro Luna, Jorge Mañach…

Para terminar, ¿qué libro o qué autor, en su opinión, es imprescindible para cualquier biblioteca que se precie? Uf, tremenda pregunta… Si tengo que elegir, serían ‘Campos de Castilla’, de Antonio Machado, y ‘Versos libres’, de José Martí.

Tras una hora de conversación, damos por concluida la charla para adentrarnos un poco más en la memoria del poeta a través de la visualización de un álbum de fotos. Desde sus rígidas hojas plastificadas, me saludan un pequeño Manuel Díaz Martínez de tan solo un año de edad; unos padres jóvenes que pasean felices a su infante por un parque de La Habana; un canoso Nicolás Guillén que posa junto a un veinteañero Díaz Martínez mientras esperan la llamada a la mesa, un mediodía de 1960 en Camagüey; y los semblantes serios del citado Nicolás Guillén, de Onelio Jorge Cardoso y de Alejo Carpentier, entre otros asistentes a un encuentro sobre literatura cubana.

Manuel Díaz Martínez junto a sus padres.

Al cerrar la puerta de su apartamento, me paro un segundo y pienso. Desde mi más puro, digamos ‘egoísmo’, motivado por mi personal interés por la literatura y la cultura, no tengo más que agradecer a Fidel Castro por obligar un día a Díaz Martínez a salir de su Cuba natal para no volver nunca más.

La isla caribeña perdió un referente nacional e internacional de la poesía contemporánea, mientras que nosotros, los habitantes de estas islas afortunadas damos más que nunca razón de ser al calificativo de ‘afortunada’ al contar entre nuestros vecinos no solo a un escritor de gran calibre y valía, a un excelente poeta y a un verdadero maestro de la palabra, sino también a un amigo entrañable, a un conversador divertido e inteligente y, sobre todo, a un buen hombre. Un hombre excepcional.

(Publicada en infonortedigital en 2018)

Manuel Díaz Martínez

Cuba, 1936. Poeta y periodista. Ha publicado quince libros de poemas, entre los que figuran Vivir es eso (1967), Premio “Julián del Casal”, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y Memorias para el invierno (1994), Premio Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. El Centro Cultural Cubano de New York le otorgó la medalla «La Avellaneda», en el 2006, por su aporte a la cultura cubana. Su poesía completa fue publicada en 2011 con el título de Objetos personales (1961-2011). Es autor de la antología Poemas cubanos del siglo XX (Hiperión, 2002). Su último poemario es ‘En La Isleta’ (Mercurio, colección Faro de La Puntilla, 2017).

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