Esperanza Ortega: el hilo invisible de la existencia
La poesía de Esperanza Ortega encuentra en los gestos cotidianos una manera de explorar la memoria, la fragilidad y la resistencia. En sus versos, el hilo, el agua y las manos se convierten en imágenes de una existencia que sigue buscando belleza incluso en la incertidumbre.

Esperanza Ortega: la vida, la memoria y el hilo de la palabra. Composición conceptual inspirada en su universo poético. Imagen generada con inteligencia artificial para Revista GAFE.
Hay poéticas que encuentran su intensidad en los grandes acontecimientos y otras que descubren lo extraordinario en los gestos más pequeños. La escritura de Esperanza Ortega pertenece a este segundo territorio: una poesía atenta a la fragilidad, a las pérdidas y a esa persistencia de la vida que se manifiesta incluso cuando todo parece amenazado.
Nacida en Palencia en 1953, Esperanza Ortega es poeta, filóloga y profesora de instituto jubilada. Su trayectoria reúne creación literaria, investigación, crítica y trabajo editorial. Entre sus poemarios destacan Hilo solo, Lo que va a ser de ti y Como si fuera una palabra. También ha desarrollado una importante labor de difusión de la literatura, vinculada a revistas y colecciones poéticas.
En sus poemas, los objetos cotidianos adquieren una dimensión simbólica. El pan, las tazas, el agua o las manos dejan de ser simples elementos de una escena para convertirse en señales de aquello que sostiene nuestra existencia. Ortega observa el mundo desde una sensibilidad que reconoce el desamparo, pero no renuncia a buscar belleza en medio de él.
En Hilo solo, la imagen del tejido sugiere una tarea paciente, quizá interminable: la de construir sentido con materiales frágiles. La voz poética se enfrenta a sus propios límites y, sin embargo, continúa. El hilo puede ser insuficiente para reparar el mundo, pero también representa la posibilidad de seguir creando.
En otros textos, la conciencia de la finitud se expresa mediante imágenes de extraordinaria sencillez. La vida aparece como una oportunidad irrepetible, mientras la belleza se revela en un gesto de apertura, en unas manos vacías o en una voz que todavía reclama ser escuchada.
Hay también una mirada hacia quienes permanecen al margen: criaturas desorientadas, voces sin nombre, presencias que apenas encuentran lugar. Esa atención amplía el horizonte de una poesía que parte de la experiencia individual para interrogar nuestra relación con los demás.
La escritura de Esperanza Ortega no ofrece respuestas tranquilizadoras. Su fuerza reside, precisamente, en sostener las preguntas. Entre la incertidumbre y la esperanza, sus versos nos recuerdan que incluso lo más pequeño puede contener una forma de resistencia.
Esta semana, en Revista GAFE, invitamos a descubrir una voz que convierte la vulnerabilidad en conocimiento y la palabra poética en un ejercicio de atención.
POEMAS
A un lado está la selva de los tigres…
A un lado está la selva de los tigres
al otro
las langostas
debajo te estremece
el foso más cruel
el de los cocodrilos
un montículo triste de palabras
nacidas a deshora
por encima te espera
y en el centro estás tú
-asómate
ésa eres-
detenida en la cámara implacable
la inmóvil
la que busca
-quién sabe si no en vano–
un manantial que brote entre sus muros
De «Hilo solo» 1995
Ahora sólo tienes una vida…
Ahora sólo tienes una vida
bajas las escaleras
agitas tu pregunta como un pañuelo blanco
quedan sobre el tablero
peones poco ágiles y fichas sin valor
has desmigado el pan
has dejado que el agua te escurra entre los dedos
¿te das cuenta?
ahora sólo tienes una vida
vuelves a oír la voz del visitante
no la dejes morir
abre la puertecilla de su jaula
permite que acompañe a la bandada de los estorninos
la belleza
asoma en las rendijas de este gesto imposible
su rastro es tortuoso y su fulgor
alumbra hasta el abismo sin lámpara ni estrella
pero toda ella cabe
en el cielo minúsculo
de tus manos vacías
De «Mudanza» 1994
Con el agua hasta el cuello…
Con el agua hasta el cuello
levantarse
en el agua flotaban los restos de la cena
contener un minuto
el aliento
bajar hasta el cajón
allí duermen las tazas
un sueño blanco y cóncavo
saborear despacio el desayuno
lo ha conseguido
¡qué importa si no tienen compasión las palomas
que picotean sobre el plato!
y por eso sonríe -ella sabe por qué-
en la calle que asciende hacia el cielo de junio
De «Lo que va a ser de ti» 1995
Labor atenta de hilo solo…
Labor atenta de hilo solo
-sigues tejiendo tu tapiz indócil-
ése que no se ve
ni engaña su hermosura
a los reyes sedientos
una puntada aquí
en el quicio oscilante
donde ayer escondías los más frescos racimos
¿qué será de tus manos
que palpan los tesoros
en sus pliegues?
-acaba ya
esa labor de sombras-
reconoce
vencida
que únicamente ofreces hilo solo
y que tu desnudez ha naufragado
sobre un océano
sin límite
pero esta voz
-¿de dónde?-
vuelve cada mañana
con su rama de olivo
De «Hilo solo» 1995
Voces…
Voces
que no dicen su nombre
el mar
absorto
casi moja tus pies
nadie recoge la queja de los pájaros
que mueren en la arena
-ahora no eres tú-
voces
de niños que no encuentran
una mano perdida
les oyes crepitar
¡no abras los ojos!
De «Mudanza» 1994
Primeras luces
Pero hubo un resplandor
y ella alzó los ojos por encima
de la siesta humeante
de improviso
atravesando el tedio
afirmó su certera
verdad
esa súbita espada
!qué triste era volver
mansamente a la suela
del zapato!
imitar el esmero
con que algunos asearon sus cadenas
no preguntar quién golpeaba los cristales
los otros
los dormidos
ajenos a la aguja que enhebraba el temor
en el enjambre desdichado
De «Lo que va a ser de ti» 1995

