Una Semana, Una Poeta: Olvido García Valdés

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En esta entrega de Una Semana, Una Poeta, destacamos la obra de Olvido García Valdés, una de las voces más singulares y profundas de la poesía contemporánea en lengua española. Su poesía, caracterizada por su intensidad lírica y reflexiva, nos invita a explorar la naturaleza, la memoria y la experiencia humana desde una perspectiva única.

De DONOSTIA KULTURA - OLVIDO GARCIA VALDES 005, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=61930833

De DONOSTIA KULTURA - OLVIDO GARCIA VALDES 005, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=61930833

BIOGRAFÍA


Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950). Licenciada en Filología Románica y en Filosofía. Profesionalmente, ha sido Catedrática de Lengua Castellana y Literatura. Fue también Directora del Instituto Cervantes de Toulouse y Directora General del Libro y Fomento de la Lectura. En la actualidad reside en Toledo.

Entre otros, ha recibido el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2021, el Premio de las Letras de Asturias 2016, y el Premio Nacional de Poesía 2007 por su libro Y todos estábamos vivos (Tusquets, Barcelona, 2006, 2007). En Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008) (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2008, 2016) se recoge su obra poética entre esas fechas. Posteriormente ha publicado Lo solo del animal (Tusquets, Barcelona, 2012) y, más recientemente, Confía en la gracia (Tusquets, Barcelona, 2020) y Dentro del animal la voz. Antología 1982-2012 (Editorial Cátedra, colección Letras Hispánicas, Madrid, 2020). Libros suyos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, polaco y sueco; igualmente sus poemas han aparecido en alemán, portugués, rumano, griego, serbio, árabe y chino.

Es asimismo autora del ensayo biográfico Teresa de Jesús, de textos para catálogos de artes plásticas (Zush, Kiefer, Vicente Rojo, Tàpies, Juan Soriano, Bienal de Venecia 2001, Broto…) y de numerosos ensayos de reflexión literaria. Ha traducido La religión de mi tiempo y Larga carretera de arena de Pier Paolo Pasolini, y (en colaboración) la antología de Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva El canto y la ceniza, así como El resto del viaje y otros poemas, de Bernard Noël. Ha codirigido la revista Los Infolios, y fue miembro fundador de El signo del gorrión (1992–2002). Ha dirigido o coordinado diversos cursos, seminarios y ciclos de poesía contemporánea.

Fuente: https://premioreinasofia.usal.es/olvido-garcia-valdes/


POEMAS

Al salir a la calle, sobre los plátanos…

Al salir a la calle, sobre los plátanos,
muy por encima y por detrás de sus hojas
doradas y crujientes, el cielo, muy por encima
azul, intenso y transparente de la helada.
A cuatro bajo cero se respira
el aire como si fuera el cielo
que es el aire lo que se respirara.
Corta y se expande y un instante
rebrota antes de herir. Ritmos
de la respiración y el cielo, uno
lugar del otro, volumen
que quien respira retrajera, puro
estar del mundo en el frío,
de un color azul que nadie viera, intenso,
que nadie desde ningún lugar mirara,
aire o cielo no para respirar.

De «Del ojo al hueso» 2001


Conozco una pareja de cuervos…

Conozco una pareja de cuervos, sé que tienen
un tiempo semejante al de los hombres
para vivir; podría visitarlos,
pasear juntos
hasta los sauces de la orilla.
Hoy he hablado con alguien por quien sentí afecto,
le encontré satisfecho y próspero;
su enemigo murió. La muerte
siempre es de frío.

De «Ella, los pájaros» 1993


El rey Cophetua y la muchacha mendiga

Ella tiene los pies como Marilyn Monroe
y una tierna
indefensión en los hombros.
Están en una sala y la ventana
descorre sus cortinas a un atardecer
boscoso,
pero es como si fuera
una esfera
de cristal. No se miran.
Él la mira a ella. Ella a lo lejos.
Hace ya mucho tiempo que él la había soñado
como un aire
de cigüeñas, una luz,
y ahora estaba allí.
Tantas vidas que no parecen ciertas
en una sola vida.
Campanillas azules en la mano.
Él sabe que se irá. No hablan
y el momento está lleno de voz,
voz acunada, lejana.
El amor es una enfermedad,
campanillas azules. Siempre en ti,
como en el sueño, volviendo
siempre en ti. Tan incierta
la luz. Como en el sueño.

De «Exposición» 1979


Girasol, negro párpado, multiplicada…

Girasol, negro párpado, multiplicada
curva para el deslumbramiento. Somos
sólo cautivos,
presencias dentro de otros
que nos llevan. Allá, muy lejos,
el taxista le dijo: discúlpeme,
la ciudad es muy grande, sólo
manejo por las orillas.

De «Caza nocturna» 1997


Hundir los dedos entre sus cabellos…

Hundir los dedos entre sus cabellos
o pájaros jugando,
muy despacio, a caerse de un cable
de la luz,
muy despacio, abanico
de mirlos.
Cerca hay una charca y un árbol
en el centro.
Reverbera la fiebre,
el amarillo hiere sobre el agua.


De «Exposición» 1979


Te busco por las calles…

te busco por las calles
de casas en ruinas y olor acre,
no hay timbres ni nombres;
te encuentro y me miras
pequeño y envejecido, no eres tú,
te pones un sombrero rayado
de ala vuelta y mínima, te vas

De «Ella, los pájaros» 1993


Tras el cristal

Tras el cristal, se desconoce
el cuerpo, como un hijo
que crece, como si jugara
y de pronto fuera desconocido.
Coloca entonces
tu mano en el estómago,
la palma abierta, y respira
profundo. Al fin somos culpables
de quien muere, y también
de vivir. Barrios
se hacen poblados peligrosos
por la noche, hay humaredas,
rostros cetrinos junto a fuegos.

De «Ella, los pájaros» 1993


Verde

Verde. Las hojas de geranio
en la luz gris de la tormenta
tiemblan, tensión
de nervadura verde oscuro.
Te mirabas las manos,
nervadura de venas; si los dedos
fueran deliciosos, decías.
Al caminar
apoyaba mi sien contra la tuya
y en la noche escuchaba
el ruiseñor y el graznido
del pavo. Indiferencia
de todo, oscuridad.
Me llamabas con voz muy baja.
Sólo un día reíste.

De «Ella, los pájaros», 1994

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