Una Semana, Una Poeta: Esther Giménez

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Esther Giménez combina una sensibilidad única con un dominio técnico impecable. Sus poemas abordan temas universales como el amor, el tiempo y la luz, pero desde un enfoque íntimo y contemporáneo que cautiva tanto por su profundidad como por su frescura. Su poemario Mar de Pafos es un ejemplo claro de cómo revitaliza las formas clásicas para adaptarlas al mundo actual.

Esther Giménez

Fotografía de Esther Giménez tomada de la web: https://vadeversos.com/esther-gimenez-fin-de-curso/

BIOGRAFÍA

ESTHER GIMÉNEZ

Esther Giménez, poeta española nacida en la Villa de Vallecas, Madrid, en 1979, ha destacado desde temprana edad por su dominio sorprendente de las formas poéticas. Aunque inició estudios en Biología, su pasión por la Filología se refleja en su obra literaria. En el año 2000, recibió el prestigioso XV Premio de la poesía Hiperión por su poemario Mar de Pafos, donde explora el amor y la sensualidad desde una perspectiva irónica y contemporánea.

Fuente: https://mundopoetico.es/2961-esther-gimenez.html

POEMAS

Albada

Alguna vez he visto amanecer.
Todos sabéis cómo es: de la negrura
resurge un débil brote sin querer

de luz que el ojo apenas asegura
-si de un color, si de otro, siempre cálido-
que duele, que molesta, que depura

su recién vida, crítico y crisálido,
a punto de quebrársele la pata
al tembloroso cervatillo escuálido.

Se pone en pie, se estira, se dilata…
Mientras, el ojo, ya desperezado,
comienza a reinventar su flor y nata

-color, tono, matiz, significado-
como si no supiera que la luz
nunca ha atendido a Adán ni a su legado.

El Sol confuso alarga la testuz,
se asoma a ver quién mira y nos conoce
aún tras la Tierra-costra-tragaluz

y en confianza nos brinda el primer roce.
¿Quién es padre de quién? Se dice El Hombre
-obtiene de Natura tanto goce

que no queda camino que no alfombre-.
¿Qué sirve de la luz, tautología,
si no tiene perrito que la nombre?

Y el Sol siguió saliendo cada día,
incombustible siempre a nuestros símbolos,
motor casi inmortal de poesía.

Pasando por el forro de los nimbos
cada cantar, si alondra o ruiseñor,
si hacemos desayunos con Pan Bimbo,

si tú, si yo, si bien o mal de amor…
Sin embargo, la ciencia y la costumbre
me obligan a encontrarle al esplendor

un estatismo impropio de su lumbre,
un apagarse lento y sostenido
que no podemos ver desde la cumbre,

que no queremos ver pero es sabido,
se sabe ya seguro, se presiente,
se acabará. Sabéis ya cómo ha sido:

viajante del Oriente al Occidente
mientras captas de él fulgor de vela,
de toda su reacción la suficiente

aletargada luz que nos revela.
Alguna vez he visto algún ocaso.
Sabéis cómo será: deja su estela

la luz; después se va, poeta acaso.


Chagrin d’amour

No hay estrellas fugaces ni horizontes.
La tierra inmóvil ve cómo el Sol muere
olvidando marcar días y noches.
La Luna es una cara oscura. Duerme.

Después de primaveras no hay veranos.
Mayo es glacial y abate la turgencia
tallando un verde intrínseco y ajado.
Los aromas, antígenos de alergia.

Todo es lo que parece. Nada existe.


Haces de luz

Recuerdo que una vez te di un poema
con los ojitos prietos y asordado,
que aún no llegaba a ser, que era un poema
en estado embrionario.

Se haría de mayor un buen soneto.
Qué habría sido de él si a cada paso
torpe y atropellado, si al boceto
de cada simple hallazgo

no lo esperara un molde de sorpresa,
de asombro rescatado, tu crisol
tallando calabazas en calesa
como quien ve algo nuevo bajo el Sol.

Y al fin creció y se alzó de entre el tumulto;
se irguió luciendo altivo el capirote
de las maneras propias del adulto:
a ser sin ser y a hacer sin que se note.

Pero cuando la luz de la mesilla
-tu lámpara genial, tu falsa luna-
se apaga a largo trecho de la orilla
y vuelve El Coco raudo hacia la cuna,

le apremian veinte toques en el hombro:
¿por qué no das la luz de un nuevo asombro?


In the lap of the Gods

Fluyen desde tu cuello arpados vórtices,
rizos de aire se escapan por tus besos
entre blancas paredes que del eco
debieron contener secretos códices.

De tus arañas tela la que enclava
innüendos en magias amatorias;
enrockados por arte de rapsodia,
mitad Hendrix, mitad María Callas.

Excitan tus caderas el Olimpo,
reina del corazón descapuchado.
Cambias por vodka el líquido de Baco
ungiendo de milagros el sonido.

Rebel of gods, although you spread the wings,
your messages won’t tell why love can kill.


Mar de pafos

Aquí me tienes, félido y esfinge.
Como el guardián tricéfalo ladrando
cadáveres de ti. No sé decirte.
Recuerdo otras palabras, otros partos

de otro primer dolor, reciente aún.
No se hace la pupila a la sorpresa,
a los claros celestes, a ese azul
valiente de entre nubes que te acecha

para esculpir siluetas conocidas.
Me da miedo buscarte, me das miedo
con tus fantasmas cárnicos, sofistas.
Tranquilos: yo nací para querernos.

Hay ganas de quererla entre las nubes;
hay claridad, azul, respuesta etérea
al corazón que sobra y que descubre
la pulsación sutil, la luz, la espera.


Y volará contigo mi dolor

A Miguel G. M.

Miré en tus ojos
y ya no estabas.
Sólo las briznas
de la espadaña.

Miré tus ojos
que se volaban.
Los perseguían
palomas pardas.

Y en los dos fosos
de la ventana,
miré a la niña
probar las alas.

Miré tus ojos
y no lloraban.
¡Ay de la herida
de luz temprana!

Que el haz nuboso
que atrás dejabas
yo lo querría
cordel de plata.


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