Una semana, una poeta dedicada a Aurora Luque
La poesía de Aurora Luque dialoga con el mundo clásico desde una conciencia plenamente contemporánea. Cuerpo, deseo, lenguaje y pensamiento se entrelazan en una obra luminosa y crítica, donde la tradición no es refugio sino impulso. Leerla es habitar un espacio donde el placer, la ironía y la lucidez conviven sin concesiones.

Fotografía de Aurora Luque difundida en medios culturales. Uso con fines culturales y educativos.
Breve semblanza biográfica
Aurora Luque nació en Almería el 20 de septiembre de 1962. Es licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Granada y profesora de griego antiguo desde 1988 en Málaga. Su trayectoria combina la escritura poética con una intensa labor editorial, traductora y de gestión cultural.
Ha colaborado en el diario Sur de Málaga entre 1999 y 2008; esos textos se recopilaron en Los talleres de Cronos (Ateneo de Málaga, 2006). En 2007 recibió el Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer por su labor de rescate de escritoras olvidadas. Entre 2008 y 2011 fue directora del Centro Cultural Generación del 27 de la Diputación de Málaga y en 2012 disfrutó de una residencia en la Villa Marguerite Yourcenar, en Flandes (Bélgica).
Ha fundado y dirigido la colección de poesía Cuadernos de Trinacria y codirigió, junto a Jesús Aguado, la colección maRemoto, dedicada a la poesía de otras culturas. En 2005 fundó la editorial Narila y ha formado parte de diversos consejos editoriales e institucionales vinculados a la cultura y la universidad.
En 1989 obtuvo un accésit al Premio Adonais con Problemas de doblaje. En 1999 recibió el Premio Andalucía de la Crítica por Transitoria. En 2007 ganó el Premio de Poesía Generación del 27 por La siesta de Epicuro. En 2015 publicó Personal & político, un libro que dialoga con la crisis social española desde una poesía lúcida y comprometida.
Poemas
Acuarela
Hay viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual? ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos.
La piel es vertedero de memoria
lo mismo que el poema. Pero acaso unos ojos
extrañamente verdes de repente dibujen
empapados de luz
un boscoso archipiélago perdido.
De «Carpe mare» 1996
Carpe noctem
Carpe noctem, amor. Coge el brusco deseo
ciego como adivino,
los racimos del pubis y las constelaciones,
el romper y romper
de besos con dibujos de olas y espirales.
Miles de arterias fluyen
mecidas como algas. Carpe mare.
Seducción de la luz,
de los sexos abiertos como tersas actinias,
de la espuma en las ingles y las olas
y el vello en las orillas, salpicado de sed.
Desear es llevar
el destino del mar dentro del cuerpo.
De «Poemas para la siesta de Epicuro»
Ciudad
Una ciudad del sur con su mitología
urbana vagamente, subrayada de mar,
desgarrada de instintos,
con toda la belleza luchando por asirse
con dignidad a un resto de materia.
Tanta, tanta es la luz sin asidero…
De «Carpe Noctem»
De la publicidad
Reportaje de moda en Marrakech.
Tres loin de l’innocence este perfume.
Una fotografía retocada
con acuarelas suaves. Si desea
reparamos su piel. Esta revista cuenta
familiares parábolas al fin:
de cómo maquillar los sueños agresivos
o cómo estilizar la derrota y el tedio.
Perfumada de Armani
la nada es altamente soportable.
De «Problemas de doblaje»
Definición del abrazo
-No temerás los odres destapados de Eolo.
Los vientos se entrecruzan tras los mares,
viajan en las borrascas, pulsan olas turgentes,
despeinan deportistas y palmeras.
Los abrazos son vientos concentrados y sabios
-mi noto tú mi céfiro mi bóreas.
No temerás las calles arrasadas,
los bosques descuajados, los altos oleajes.
No temerás los odres destapados de Eolo.
De «Transitoria»
Eau de parfum
De la infancia, el olor
del musgo en las acequias, del barro, de las moras
y la extrema violencia de aprenderse.
Del mar, la última nota
de la última ola desplegada
antes de regresar y convencernos
de que no habrá sirenas.
De la noche, las leves veladuras
de un perfume italiano
todavía de moda.
De tu cuerpo, el aroma
de libro de aventuras
vuelto a leer; pero también de adelfas
desoladas y ardiendo.
Huele a vida quemada.
De «Problemas de doblaje»
El último titán
Un titán ya cansado, mas hermoso:
esa naturaleza titánica y adusta
que sólo sobrevive en el lenguaje.
Pero nunca en su vida cotidiana:
unas frases copulan, otras se subordinan
y a veces se marchita un sustantivo
como un rostro recién amado y frágil.
Diré que he preferido
la función de adversarias de ciertas conjunciones
y de ciertas elípticas maneras de no estar.
Quién pudiera heredar una lengua de nuevo
tan clara como el brillo directo de una luna,
como un brillo que dance y que penetre.
De «Carpe Noctem»
La calle Altamirano
Fue después de San Juan:
el Sueño de una noche madrileña
tan estival que el aire parecía quebrarse
por el placer de ser la Fruta Seductora.
Al fondo de la calle, el saxo, impertinente,
removía los grumos del fracaso,
la desazón, el nudo en el futuro
y el ayer tan inútil como un miembro amputado.
Mas la traición del cuerpo y el desvelo,
la ironía del pubis rompiendo su triángulo,
las ingles que musitan: Carpe noctem
y hacen manar el filtro venenoso
para los labios lentos que comparten
el noble simulacro de la muerte.
-Carpe noctem, amor. Pero los astros eran
(antes no lo supimos)
fosforescencias sobre los armarios.
De «Problemas de doblaje»
La deconstrucción o el amor
Amar es destruir: es construir
el hueco del no-amor,
amueblar con milagros la pira trabajosa
echando al fuego lenguas, carne de ojos vencidos,
piel jubilosa, dulce, nucas saladas, hombros temblorosos,
incinerar silencios y comprobar la altísima
calidad combustible del lenguaje.
Hay estadios del cuerpo a cuerpo a cuerpo
que no alcanzaron nombre en el origen.
Y quién inventa hoy
vocablos para el quicio
fragante de una piel, nombres para los grados de tersura,
acidez o tibieza de un abrazo, quién justificaría
las palabras-tatuaje, las palabras tenaces como un piercing,
las palabras anfibias e ilegítimas.
El poeta ha dejado junto a cada palabra
lo que cada palabra le pidiera al oído:
derramarse indecible en otro cuerpo
o estallar en un verso como válvula.
El poeta, desnudo,
cuelga una percha en un árbol perdido
y las palabras van
al poema a vestirse.
De «Camaradas del Ícaro

