Una semana, una poeta: Carolina Coronado
Carolina Coronado, una de las voces más destacadas del Romanticismo español, nos dejó una obra poética profunda y comprometida con la libertad y la justicia.

De Federico Madrazo - Galería online, Museo del Prado., Dominio público, httpscommons.wikimedia.orgwindex.phpcurid=44741610
CAROLINA CORONADO
BIOGRAFÍA
Carolina Coronado nació el 12 de diciembre de 1821 en Almendralejo, Badajoz. Falleció en Lisboa el 15 de enero de 1911. Fue una destacada poeta del Romanticismo español, conocida por su sensibilidad lírica y su compromiso con la libertad y los derechos de la mujer. A lo largo de su vida, Carolina escribió numerosas obras que abarcaron desde la poesía hasta la novela y el teatro. Su obra, marcada por un profundo sentido de la justicia y el amor por la naturaleza, continúa siendo valorada como una parte esencial del patrimonio literario español.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Carolina_Coronado
POEMAS
¡Ay! transportad mi corazón al cielo!
¡Ay! transportad mi corazón al cielo!
Ángeles peregrinos que habitáis
las moradas divinas del Oriente
y que mecidos sobre el claro ambiente
por los espacios del mortal vagáis.
A vosotros un alma enamorada
os pide sin cesar en su lamento
alas para cruzar del firmamento
la senda de los aires azulada.
Veladme con la niebla temerosa
que por la noche ciega a los mortales
y en vuestros puros brazos fraternales
llevadme allá donde mi bien reposa.
Conducidme hasta el sol donde se asienta
bajo el dosel de reluciente oro
el bien querido por quien tanto lloro
genio de la pasión que me atormenta.
¡Ay! Transportad mi corazón al cielo
y si os place después darme castigo
destrozadme en los aires y bendigo
vuestra piedad y mi dichoso vuelo.
El amor de los amores
I
¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a Ti dulce amor mío
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?…
A Ti sin nombre para mí en la tierra
¿cómo te llamaré con aquel nombre
tan claro que no pueda ningún hombre
confundirlo al cruzar por esta sierra?
¿Cómo sabrás que enamorada vivo
siempre de Ti que me lamento sola
del Gévora que pasa fugitivo
mirando relucir ola tras ola?
Aquí estoy aguardando en una peña
a que venga el que adora el alma mía;
¿Por qué no ha de venir si es tan risueña
la gruta que formé por si venía?
¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales
todos en flor y acacias olorosas
y cayendo en el agua blancas rosas
y entre la espuma libros virginales?
Y ¿por qué de mi vida has de esconderte?
¿Por qué no has de venir si yo te llamo?
¡Porque quiero mirarte quiero verte
y tengo que decirte que te amo!
¿Quién nos ha de mirar por estas vegas
como vengas al pie de las encinas
si no hay más que palomas campesinas
que están también con sus amores ciegas?
Pero si quieres esperar la luna
escondida estaré en la zarza-rosa
y si vienes con planta cautelosa
no nos podrá seguir paloma alguna.
Y no temas si alguna se despierta
que si te logro ver de gozo muero
y aunque después lo cante al mundo entero
¿qué han de decir los vivos de una muerta?
La luna es una ausencia
Y tú ¿quién eres de la noche errante
aparición que pasas silenciosa
cruzando los espacios ondulantes
tras los vapores de la nube acuosa?
Negra la tierra, triste el firmamento
ciegos mis ojos sin tu luz estaban
y suspirando entre el oscuro viento
tenebrosos espíritus vagaban.
Yo te aguardaba y cuando vi tus rojos
perfiles asomar con lenta calma
como tu rayo descendió a mis ojos
tierna alegría descendió a mi alma.
¿Y a mis ruegos acudes perezosa
cuando amoroso el corazón te ansía?
Ven a mí suave luz nocturna hermosa
hija del cielo ven: ¡por qué tardía!
La rosa blanca
¿Cuál de las hijas del verano ardiente
cándida rosa iguala a tu hermosura
la suavísima tez y la frescura
que brotan de tu faz resplandeciente?
La sonrosada luz de alba naciente
no muestra al desplegarse más dulzura
ni el ala de los cisnes la blancura
que el peregrino cerco de tu frente.
Así gloria del huerto en el pomposo
ramo descuellas desde verde asiento;
cuando llevado sobre el manso viento
a tu argentino cáliz oloroso
roba su aroma insecto licencioso
y el puro esmalte empaña con su aliento.
Nada resta de ti…
Nada resta de ti… te hundió el abismo…
te tragaron los monstruos de los mares…
No quedan en los fúnebres lugares
ni los huesos siquiera de ti mismo.
Fácil de comprender amante Alberto
es que perdieras en el mar la vida
mas no comprende el alma dolorida
cómo yo vivo cuando tú ya has muerto.
Darnos la vida a mí y a ti la muerte;
darnos a ti la paz y a mí la guerra
dejarte a ti en el mar y a mí en la tierra
¡es la maldad más grande de la suerte!…
¡Oh cuál te adoro!
¡Oh cuál te adoro! Con la luz del día
tu nombre invoco apasionada y triste
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.
Tú eres el tiempo que mis horas guía
tú eres la idea que a mi mente asiste
porque en ti se encuentra cuanto existe
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.
No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando mi amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;
tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.

