Una semana, una poeta: Carmen Jodra Davó

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Esta semana, en Una semana, una poeta, presentamos a Carmen Jodra Davó (Madrid, 1980–2019), poeta que con apenas 19 años ganó el Premio Hiperión con Las moras agraces. Su poesía, marcada por el desenfado, la erudición y una mirada irónica sobre el mundo, se consolidó con Rincones sucios (2004). Su voz, intensa y singular, dejó una huella imborrable en la poesía española contemporánea.

Carmen Jodra Davó

Carmen Jodra Davó (Madrid, 1980–2019). Fotografía tomada de La Bella Varsovia (www.labellavarsovia.com ), con fines culturales y de difusión literaria.


CARMEN JODRA DAVÓ

Carmen Jodra Davó nació en Madrid en 1980. Es licenciada en Filología Clásica por la Universidad Autónoma de Madrid. Su primer poemario Las moras agraces, obtuvo en 1999 el XIV Premio Hiperión. Rincones sucios, su segundo poemario, fue publicado en 2004, y fue distinguido con el accésit del XIX Premio Joaquín Benito de Lucas.

Ha sido incluida en las antologías: La generación del 99 (1999); Antología de las mejores poesías de amor en lengua española (2000); Aldea Poética II (2000); Un siglo de sonetos en español (2000); La voz y la escritura. 80 propuestas poéticas desde los Viernes de la Cacharrería (2001); Mujeres de carne y verso (2002); Ni Ariadnas ni Penélopes. Quince escritoras españolas para el siglo veintiuno (2002) y Orfeo XXI. Poesía española contemporánea y tradición clásica (2005).
Obtuvo una beca de creación otorgada por el Ayuntamiento de Madrid para residir en 2004-2005 y 2005-2006 de la Residencia de Estudiantes.

BIBLIOGRAFÍA

Poesía:
Las moras agraces 1999
Rincones sucios 2004

PREMIOS

XIV Premio Hiperión de Poesía 1999

Fuente: https://www.escritores.org/biografias/17505-jodra-davo-carmen

POEMAS

De «Concupiscencia»:

Será un centauro, un ser hermafrodita…

Será un centauro, un ser hermafrodita,
el toro violador y la paloma,
con las mórbidas formas de una poma
y el escudo anguloso de un escita.

Será otro yo, y así, será exquisita
la unión. No dejaremos ni una coma
en donde estaba antes, y aun la Roma
de Nerón aparecerá marchita.

¿ «Noverat iam luxuriam…»? Las bacantes
serán vestales, y piadosas preces
sus gritos: ¡nadie gana a dos estetas!

Danzando sobre él con pies sangrantes,
quebraremos mil veces y mil veces
el cristal que cantaron los poetas.

No comprendo. La sed del agua fría…

No comprendo. La sed del agua fría
se calma al tercer trago; la del vino,
otro tanto, y el paladar más fino
se cansa del manjar que requería.

El sueño acaba al empezar el día,
y la pereza al verse en el camino;
todo anhelo se va tal como vino
apenas toma lo que pretendía.

Y sin embargo hay una sed extraña
que mantiene sin fin toda su saña…
Quizá sean cosas de la adolescencia,

pero devoré anoche la manzana
y de nuevo me hallaba esta mañana
trémula toda de concupiscencia.

De «El ciclo satánico»:

Me mira. Pero no desde la altura…

Me mira. Pero no desde la altura,
como el Otro miraba,
sino asentado en la terrena grava,
sobre la roca dura.

Sonríe con sonrisa tan impura,
que la reina de Saba
no era más seductora que Él; me alaba,
como a fruta madura.

Yo rehuyo sus ojos en el suave
espejo de la alberca,
pero estoy deseando, y Él lo sabe,

ceder. Me olvidaré de Buda y Cristo
por verle más de cerca.
¡Mi Señor, Lucifer, Satán, Mefisto!

Hoy viene a verme. Él, Él en persona…

Hoy viene a verme. Él, Él en persona.
No intento resistirme, por supuesto.
Irónico y burlón, llega dispuesto
a «salvarme de lo que me obsesiona»:

tal dice. Su belleza desentona
con el eterno universal denuesto
de que le han hecho objeto; aparte de esto,
me ofrece lo que nunca se perdona.

Tendiendo, en fin, el ominoso pliego,
me ha mirado con ansia tan humana
que chispean sus ojos como el fuego.

¡Un alto precio por una manzana!
Temblando igual que Él, respiro y niego,
pero no sé lo que diré mañana.

Cuando una tiene sangre de ramera…

Cuando una tiene sangre de ramera,
brutal desprecio hacia la mayoría,
tendencia a decir no a todo consejo
e inclinación al mal por el mal mismo,

no podría ser casta aunque quisiera,
integrarse en la masa no podría,
y sin conseguir nada se hará viejo
quien intente apartarla del abismo.

      Pero además ocurre

que ella no pondrá nada de su parte.
Ya tiene, y hace, y es, lo que prefiere;

pensar siquiera en la virtud aburre
a quien ha hecho del vicio todo un arte,
y ni encuentra salida, ni la quiere.

Nada

Sobre las altas bóvedas del cielo,
yo habité los palacios donde el hielo
brilla en azul, y en busca de consuelo
me embriagué de licores celestiales.

Y en las cámaras bajas del subsuelo,
los antros llameantes del desvelo
y del vicio, y en busca de consuelo
me emborraché con vinos infernales.

Ahora quieren que elija: o uno u otro.
No saben que, una vez la elección hecha,
seguiría buscando, insatisfecha

criatura a medio hacer, sobre la cresta
de la duda hasta el fin, y no hay respuesta
posible, nada, nunca…

                                        Ni Uno ni Otro.                                                                                                                                        

Otros poemas:

Divertimento erótico

Un gemido doliente entre la alheña,
un rítmico suspiro en el helecho,
musgo y pluma por sábana del lecho,
por dosel hoja, por almohada peña,

y la lujuria tiene como seña
violar mujeres y violar derecho
y ley y norma, y un hermoso pecho
sabe el pecado y el pecado enseña.

Trasciende de la fonda un olor suave
a sagrados ungüentos, y una queda
música, contenida y cadenciosa,

y el blanco cuerpo de la bella ave
y el blanco cuerpo de la bella Leda,
bajo el peso del cisne temblorosa.

Fatiga

Hay demasiadas cosas
de las que preocuparse,
siempre distintas, siempre imprescindibles,
y nunca se termina,
y apenas se respira… Y además
está el muchacho que jamás nos mira,
la chica que no sabe que la amamos
Y Platón predicando represiones…
Y a esto le llaman vida…

Femmes damnées

Muchacha, si te entregas a los cerdos,
merecerás morir en la matanza.
No sería en todo caso más horrible que la horrible,
cínica contradanza.

Pregúntate por qué has de estar debajo
si eres mejor que ellos.
Créeme, muchacha, la heteropatía
nunca fue un buen invento.

Señores, yo sé bien de los venenos…

Señores, yo sé bien de los venenos
de la literatura:
la tiranía impúdica y terrible
de una Belleza impura
que nos mancha los labios de palabra,
los ojos de figura
y el cerebro de sueños o pecados,
en flagrante, diabólica impostura.
No la deseo a nadie, y nadie
debe desearla nunca,
pero benditos los que se someten
a su mirada oscura.


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