Una semana, un poeta: Wystan Hugh Auden

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W. H. Auden, uno de los poetas más influyentes del siglo XX, es conocido por su aguda crítica social y su participación activa en causas políticas. Auden dejó un legado duradero, obteniendo reconocimientos como el Premio Pulitzer de Poesía.

Fuente: De Carl van Vechten - Van Vechten Collection at Library of Congress, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1523835

Biografía

Nació el 21 de febrero de 1907 en York.

Hijo de un médico.

En el año 1925 entra en el Christ Church College de Oxford, convirtiéndose en el líder de un grupo de intelectuales entre los que figuraban Stephen Spender, Christopher Isherwood, Cecil Day Lewis y Louis MacNeice.

Trabajó como maestro de escuela en Escocia e Inglaterra durante cinco años. En los años 30, formó parte en Londres de un círculo de jóvenes poetas de izquierdas.

Su libro Poemas (1930), que le dio fama, trata del hundimiento de la sociedad capitalista. Posteriormente escribe tres obras de teatro junto a Isherwood: El perro bajo la piel (1935), El ascenso del F-6 (1936) y En la frontera (1938).

En 1935, contrajo matrimonio con Erika Mann para proporcionarle un pasaporte británico y ayudarla a escapar de la Alemania nazi. Su pareja fue sin embargo Chester Kallman, a quien conoció en Estados Unidos. En el año 1937, colaboró con los republicanos en la Guerra Civil española, conduciendo una ambulancia. Ese mismo año recibió la medalla de Oro del Rey a la poesía, máximo galardón en su país. Viaja a Islandia y China.

Escribió Carta desde Islandia 1937) y Viaje a una guerra (1939). En 1939, se radica en Estados Unidos y posteriormente adoptó la nacionalidad estadounidense. Trabajó como crítico, conferenciante y editor. Su Hombre doble (1941) y Por la hora presente (1944) exponen su creciente interés por temas religiosos. La edad de la ansiedad (1947), poema dramático, le hizo merecedor del Premio Pulitzer de Poesía en 1948.

Entre su obra destacan: Poemas completos (1945), El escudo de Aquiles (1955), Poemas extensos completos (1969) y varios libretos de ópera escritos en colaboración con Kallman.

De 1956 a 1961 trabajó como profesor de poesía en Oxford, y en 1972 regresó a Christ Church como escritor residente.

W. H. Auden falleció en Viena el 29 de septiembre de 1973.

Obras

Poesía

El mar y el espejo (The Sea and the Mirror)

Un poema no escrito (Dichtung und Wahrheit)

Gracias, niebla (Thank You, Fog)

Otro tiempo (Another Time)

Canción de cuna y otros poemas

Carta de Año Nuevo

Los señores del límite

Teatro

El perro bajo la piel

El despegue del F6

En la frontera

Crítica

El prolífico y el devorador (The Prolific and the Devourer)

Iconografía romántica del mar (The Enchafed Flood or the Romantic Iconography of the Sea)

El mundo de Shakespeare (The Dyer’s Hand)

La mano del teñidor (The Dyer’s Hand)

Prólogos y epílogos (Forewords and Afterwords)

Trabajos de amor dispersos (Lectures on Shakespeare)

Viaje

Cartas de Islandia

Fuente: https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/6624/Wystan%20Hugh%20Auden

Poemas

Asilo de ancianos

Todos poseen un límite: cada uno

Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite

Es capaz de arreglarse por sí misma,

Caminar apoyada en un bastón,

Leer completo un libro, interpretar

Movimientos de fáciles sonatas.

(Pero acaso la libertad carnal

Es el veneno del espíritu:

Conscientes de lo que ha sucedido y el porqué

Abominan su tristeza sin lágrimas.)

Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio

Que soporta la tele

Y guiado por amables terapeutas

Canta en comunidad.

Después los solitarios que musitan

Palabras en el limbo, y al final

Los que ya son del todo incompetentes

Y como una parodia de las plantas

(Ellas pueden sudar sin ensuciarse).

No obstante, hay algo que los une:

Todos aparecieron cuando el mundo,

A pesar de sus males,

Era más habitable y más vistoso

Y los viejos tenían auditorio

Y un lugar en la tierra.

(El niño reprendido por su madre

Podía refugiarse con la abuela para ser consolado

Y escuchar algún cuento.)

Hoy ya todos sabemos qué esperar,

Mas su generación es la primera

Que se ha desvanecido de este modo:

No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada

Como se arrumban fardos indeseables.

Mientras voy en el Metro para estar

Media hora con una del asilo,

Recuerdo quién fue ella en su esplendor.

Entonces visitarla era un orgullo

Y no una caridad.

¿Seré tan frío como para esperar

Un somnífero rápido, indoloro;

O bien para rogar, como ella ruega,

Que Dios o la naturaleza precipiten

Su función terrenal?

Versión de José Emilio Pacheco

Canción de cuna

El estrépito del trabajo queda mitigado,

otro día ha llegado a su ocaso

y se ha cernido el manto de la oscuridad.

¡Paz! ¡Paz! Desprovee tu retrato

de sus vejaciones y descansa.

Tu ronda diaria ha concluido,

has sacado la basura,

respondido algunas cartas aburridas

y pagado una factura a vuelta de correo,

todo ello frettolosamente.

Ahora tienes permiso para yacer,

desnudo, aovillado cual quisquilla,

recostado en la cama, y disfrutar

de su acogedor microclima:

canta, Grandullón, canta arrorró.

Los antiguos griegos se equivocaban:

Narciso es un vejete,

domado por el tiempo, liberado al fin

de la lujuria de otros cuerpos,

racional y reconciliado.

Durante muchos años envidiaste

al hirsuto, el tipo machote.

Ya no: ahora acaricias

tu carne casi femenina

con enorgullecida satisfacción,

imaginando que eres

inmaculado e independiente,

calentito en la madriguera de ti mismo,

madonna y bambino:

canta, Grandullón, canta arrorró.

Deja que tus últimos pensamientos sean todo agradecimiento:

ensalza a tus padres que te dieron

un Super Ego de fuerza

que te ahorra tantas molestias,

llama a amigos y seres queridos por doquier,

luego rinde justo tributo

a tu edad, a haber

nacido cuando naciste. En la adolescencia

se te permitió conocer

hermosas antiguallas

que pronto desaparecerían de la faz de la tierra,

locomotoras de caldera venical, motores de balancín

y ruedas hidráulicas de admisión superior.

Sí, amor mío, has tenido suene:

canta, Grandullón, canta arrorró.

Ahora a caer en el olvido: que

la mente del vientre se apropie

por debajo del diafragma,

del dominio de las Madres,

quienes vigilan las Puertas Sagradas,

sin cuyas mudas advertencias

el yo verbalizador pronto

se conviene en un déspota despiadado,

lascivo, incapaz de amar,

desdeñoso, hambriento de estatus.

Si te acecharan los sueños, no les hagas caso,

pues todos ellos, tanto los dulces como los horrendos,

Son bromas de dudoso buen gusto,

demasiado insípidas para hacerles caso.

canta, Grandullón, canta arrorró.

Versión de Eduardo Iriarte.

Canción de cuna y otros poemas

No habrá paz

Aunque el tiempo suave y despejado

sonríe de nuevo sobre el condado de tu estima

y sus colores regresan, la tormenta te ha cambiado:

   no olvidarás, nunca,

la oscuridad que borra la esperanza, la tempestad

   que profetiza tu perdición.

   Debes vivir con tu conocimiento.

Muy atrás, más allá, fuera de ti hay otros,

en ausencias sin luna de los que nunca supiste,

   quienes desde luego supieron de ti,

seres de género y número desconocidos:

   y no les gustas.

   ¿Qué les has hecho?

¿Nada? Nada no es una respuesta:

llegarás a creer -¿cómo vas a evitarlo?-

   que se lo hiciste, que les hiciste algo;

te encontrarás deseando poder hacerles reír,

   ansiarás su amistad.

   No habrá paz.

Contraataca, pues, con todo el valor que tengas

y todos los amagos canallas que conozcas,

   con la tranquilidad de conciencia de que

su causa, si la tuvieron, no les importa ahora en absoluto;

   odian simplemente por odiar.

Versión de Eduardo Iriarte

Canción de cuna y otros poemas.

Equipo de Redacción

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