Una Semana, Un Poeta: Thomas Bernhard

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Thomas Bernhard es un escritor radicalmente incómodo. Su poesía, al igual que su prosa y teatro, está impregnada de una visión pesimista y desencantada del mundo. Sus versos son oscuros, cíclicos y obsesivos, con una musicalidad propia que refleja la desesperación de la existencia.

El lenguaje de Bernhard es repetitivo, como un eco incesante de ideas que se persiguen a sí mismas. Sus temas recurrentes incluyen la muerte, la enfermedad, la soledad y la imposibilidad del arte. Sus personajes (y su voz poética) están siempre al borde de la locura, atrapados en un monólogo interior que los consume.

En su poesía, como en su teatro y narrativa, la estructura se derrumba en un caos controlado, donde la desesperación es el único orden posible.

De Monozigote - Este archivo deriva de: Thomas Bernhard1.jpg, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=132325712

De Monozigote - Este archivo deriva de: Thomas Bernhard1.jpg, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=132325712


THOMAS BERNHARD

Biografía

Thomas Bernhard (1931-1989) fue un poeta, prosista y dramaturgo austriaco, considerado una de las figuras más destacadas de la literatura en lengua alemana posterior a la Segunda Guerra Mundial. Su obra se caracteriza por un nihilismo feroz, una crítica radical a la sociedad y una ironía implacable.

Nació en Heerlen, Países Bajos, pero creció en Austria. A los 16 años dejó los estudios y comenzó a trabajar como aprendiz en un almacén de comestibles, hasta que una grave pleuresía degeneró en tuberculosis, enfermedad que lo acompañó toda su vida y marcó su obra literaria. Durante su convalecencia en el sanatorio de Grafenhof, comenzó a escribir.

Su formación incluyó estudios de música y teatro en el Mozarteum de Salzburgo, aunque posteriormente se dedicó por completo a la literatura. Su primera novela, Helada (1963), inauguró un universo literario obsesivo, poblado de personajes autodestructivos y desencantados.

Siempre rodeado de polémica, Bernhard desafió a la sociedad austriaca con sus críticas constantes. En 1983, su novela Tala fue prohibida tras una demanda, y su última obra teatral, Plaza de héroes (1988), generó un gran escándalo por su ataque directo a la Austria católica y nacionalsocialista.

Entre sus libros autobiográficos destacan El origen (1975), El sótano (1976), El aliento (1978), El frío (1981) y Un niño (1982). En sus novelas y teatro, transformó los espacios idílicos en escenarios de desesperación, donde la muerte y la locura dominan.

Falleció en 1989 en Gmunden, Austria, dejando tras de sí una obra incómoda, pero imprescindible para entender la literatura del siglo XX.

POEMAS


Poemas de «Ave Virgilio»
Versión de Miguel Sáenz
De «Ave Virgilio» 1959-1960

Los invitados a la boda

Novia:

Nada más que rostros muertos
y detrás
nada más que profesiones muertas
tiempo muerto y morir muerto
prados muertos, campos muertos
granjas muertas, vacas muertas
cerdos muertos, arroyos muertos
y en los arroyos
peces muertos
oraciones muertas, mujeres muertas
ciudades muertas, inviernos muertos
y detrás
saberes muertos y lamentos muertos
otoño muerto y primavera muerta
la locura muerta de mi alma muerta…


Novio:

Qué muertos son ésos sin mar,
qué preguntas, qué respuestas,
qué gentes…

Qué niños son ésos sin primavera,
qué discursos son ésos sin contenido,
qué situaciones sin salida son ésas, dime
qué perros desesperados son ésos…

Qué copos de nieve son ésos sin ojos,
qué tradiciones son ésas,
qué palabras son ésas que no consuelan,
qué frío es ése…

Qué mañanas son ésas sin cielo,
qué hombres son ésos sin mujeres,
qué mujeres son ésas sin hombres,
qué vacas son ésas sin leche,
qué iglesias son ésas sin sacerdotes…

Qué sueños son ésos sin muertos,
qué inviernos son ésos sin blanco,
qué tumbas son ésas, qué son…
qué gritos son ésos sin llantos…

A las tres de la mañana te despiertas…
enganchar de caballos,
rodar de toneles,
barren los restos del
piano destrozado…

Gruñidos de cerdo…

sueño, sueño, sueño,
reírse, toser, vomitar, reírse,
una frase que ya has oído
o leído en un libro… Cierran la puerta del
sótano,
dos caballos, siete u ocho personas,
las voces de la otra orilla…
Zell… Calibán, el posadero… Carcajadas…
Poco sitio, gritos, galopes …
pronto estará el trineo sobre el lago
helado,
pronto será sólo un trazo sobre el lago,
pronto será sólo un trazo negro en la
noche blanca…


Tu muerte no es mi muerte

1
… contemplar cómo cava el topo…

3
antes que la rosa la espina,
antes que la luz la sombra,
antes que la vejez la muerte…

5
Entonces comparecí ante ti y entré en tu sufrimiento
como si fueras una basura
y pudieras soportarme…

8
Mi zapato prueba la tristeza de las canciones
y pocos cantan conmigo, hoy ninguno,
ya no sé por qué todos
callan…

9
Director de mi oración, te exprimo
los ojos incapaces,
con lengua abierta hablo a los jornaleros,
en tu nombre
refreno la discordia
con el sueño… con la copa del árbol…

11
La muerte bajó por fin a la vida,
mató a muchos mientras despertaban,
y se puso al trabajo, cansada, impasible.


Quién en esta ciudad

¿Quién en esta ciudad es la mañana,
con qué derecho
más abierta a otros hombres,
no la experiencia del guerrero,
ni mi invención…

Quién en esta ciudad vivía de mí,
producía sólo un eco,
incapaz de una sola línea de verdad,
y no provocaba más que el sollozar de las
almas de perro
con el calor del mediodía…

Quién en esta ciudad no soporta los golpes,
el jurado de catorce horas,
los interrogatorios sin pausa de la noche…
Quién en esta ciudad no moriría
al borde de las grandes frases,
fuera de los grandes libros
cayendo, como caen los cerdos
en el olvido…?

Tú en el camino de los pensamientos…
campos embrutecidos humean
en medio de la perfección.
Conquistadores del mundo:
Dante, Virgilio, Pascal.


De «El Doctor Glas»

Editorial Seix Barral, S.A. Barcelona, 1967
Título original de la obra: «Doktor Glas»
Traducción de Gabriel Ferrater

Fragmento:

13 de julio

Tengo días grises y momentos negros. No soy feliz.
A pesar de todo, no conozco a nadie con quien quisiera cambiarme;
el corazón se me encoge al imaginar que yo pudiera ser tal o tal otro de mis conocidos.
No, no quisiera ser ninguna otra persona.
En mi primera juventud sufrí mucho por el hecho de ser feo, y en mi abrasador deseo
de ser guapo me tenía por un monstruo de fealdad. Ahora sé que mi aspecto es
más o menos el de todo el mundo. Lo cual tampoco me pone muy contento.
No me hago grandes ilusiones sobre mí mismo, ni en la cáscara ni en las entrañas.
Pero no quisiera ser otra persona.
Queremos ser amados, a falta de esto admirados, a falta de esto temidos, a falta de esto
odiados y despreciados. Queremos suscitar en los demás alguna especie de sentimiento.
El alma aborrece el vacío, y quiere tener contactos a cualquier precio.


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