Una semana, una poeta: Meira Delmar

0

Esta semana en GAFE destacamos a Meira Delmar, una de las poetas más importantes de Colombia. Nacida en Barranquilla en 1922, comenzó a escribir a los 11 años, influenciada por grandes poetas como Gabriela Mistral y Alfonsina Storni. Sus temas recurrentes—amor, muerte, olvido—se abordaron desde una perspectiva feminista. Entre sus obras destacan Alba de olvido, Verdad del sueño y Viaje al ayer. Acompáñanos a descubrir algunos de sus poemas más memorables como Alguien pasa, Este amor y Todavía.

meira del mar

Foto de Meira Delmar. De 123demonio123 - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, httpscommons.wikimedia.orgwindex.phpcurid=20547644

Meira Delmar

Biografía

Su nombre real es Olga Chams Eljach. Meira Delmar nació en Barranquilla (Colombia) el 21 de abril de 1922 y falleció en ese mismo lugar el 18 de marzo de 2009. Es una de las poetas más destacadas de Colombia del siglo XX y ha sido miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

Comenzó a escribir poemas cuando tenía 11 años; entre sus maestras de la rima se encuentran las poetas latinoamericanas Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Alfonsina Storni. Como sus padres no estaban de acuerdo con que publicara sus obras, decidió usar el seudónimo por el que se la conoce y comenzó enviando sus poemas a periódicos. Rápidamente ganó popularidad, y varias editoriales se interesaron por su poesía.

Los temas fundamentales de su lírica son el amor, la tristeza, la muerte y el olvido, tocados desde una clara perspectiva feminista. Fue galardonada con varios premios, entre ellos el Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad del Atlántico y el Premio Nacional de Poesía por Reconocimiento de la Universidad de Antioquia. Entre sus obras destacan «Alba de olvido», «Verdad del sueño» y «Viaje al Ayer».

Poemas


Alguien pasa

Alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.

Y yo guardo silencio.

Las palabras no acuden
en mi ayuda, se esconden
en el fondo del pecho por no subir vestidas
de luto hasta mi boca
y derramarse luego
en un río de lágrimas.

No sé si tú recuerdas
los días aún tempranos
en que ibas como un ángel
por el jardín y dabas
a los lirios y rosas
su regalo de agua
y las hojas marchitas
recogías en esa
tu manera tan suave
de tratar a las plantas
y a los que se acercaban
a tu amistad perfecta.

Yo sí recuerdo, madre,
tu oficio de ser tierna
y fina como el aire.

Una tarde un poeta
recibió de tus manos
un jazmín que cortaste
para él. Con asombro
te miró largamente
y se llevó a los labios
reverente la flor.

Se me quedó en la frente
aquel momento, digo
la frente cuando debo
decir el corazón.

Y se me va llenando
de nostalgia la vida
como un vaso colmado
de un lento vino pálido
si alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.


Breve

Llegas cuando menos
te recuerdo, cuando
más lejano pareces
de mi vida.
Inesperado como
esas tormentas que se inventa
el viento
un día inmensamente azul.

Luego la lluvia
arrastra sus despojos
y me borra tus huellas.


De paso

No es el tiempo
el que pasa.
Eres tú
que te alejas
apresuradamente
hacia la sombra
y vas dejando caer
como el que se despoja
de sus bienes
todo aquello que amaste:

las horas
que te hicieron la dicha,
amigos
en quienes hubo un día
refugio tu tristeza,
sueños
inacabados.

Al final, casi
vacías las manos
te preguntas
en qué momento
se te fue la vida,
se te sigue yendo
como un hilo de agua
entre los dedos.


Este amor

Como ir casi juntos
pero no juntos,
como
caminar paso a paso
y entre los dos un muro
de cristal,
como el viento
del Sur que si se nombra
¡Viento del Sur! parece
que se va con su nombre,
este amor.

Como el río que une
con sus manos de agua
las orillas que aparta,
como el tiempo también,
como la vida
que nos huyen viviéndonos,
dejándonos
cada vez menos nuestros
y más suyos,
este amor.

Como decir mañana
y estar pensando nunca,
como saber que vamos
hacia ninguna parte
y, sin embargo, nada
podría detenernos,
como la mansedumbre
del mar que es el anverso
de ocultas tempestades,
este amor.

Este
desesperado amor.


Instante

Ven a mirar conmigo
el final de la lluvia.
Caen las últimas gotas como
diamantes desprendidos
de la corona del invierno
y nuevamente queda
desnudo el aire.

Pronto un rayo de sol
encenderá los verdes
del patio
y saltarán al césped
una vez más los pájaros.

Ven conmigo y fijemos el instante
-mariposa de vidrio-
en esta página.


Todavía

Amor de amor aquel que nos uniera
una vez en el tiempo ya distante.
Amor en que tú fuiste amado amante
y yo amante y amada también fuera.

Otro amor sin igual no conociera
nunca el haz de la tierra. Fulgurante
más que el sol del verano delirante
toda sombra su lumbre destruyera.

Amor de amor. Tan alto y extremado
que el mismo cielo al serle comparado
cosa fútil y vana parecía.

La vida canceló su encendimiento…
Y sin embargo en el recuerdo siento
que me quema la sangre todavía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *