Una semana, un poeta: Matsuo Bashô

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Esta semana en GAFE exploramos la obra de Matsuo Bashô, el maestro japonés del haiku. Acompáñanos a descubrir su poesía minimalista y profundamente conectada con la naturaleza, que ha influenciado generaciones de poetas.

Matsuo Bashô

Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1216091

Matsuo Bashô

Biografía

Matsuo Kinsaku, conocido como Bashô (Ueno 1644 – Osaka 1694), fue un poeta y prosista japonés del período Edo, célebre por sus haikus y libros de viajes. Dotado de una sensibilidad particular para captar la belleza de lo cotidiano, Bashô es considerado el poeta japonés por excelencia. Ocupa un lugar destacado en la literatura japonesa no solo por su obra, sino también por su personalidad ejemplar, que ha servido de modelo para generaciones de poetas.

Su mayor contribución fue transformar el haiku, un género que hasta entonces era artificioso, en una forma directa y sutil que conecta el mundo natural con el alma del poeta. Con una estructura de 5-7-5 sílabas, el haiku de Bashô logra captar la esencia de la naturaleza y los sentimientos más profundos. Inspirado por el filósofo Chuang Tzu, Bashô abandonó la frivolidad literaria de la época para dedicarse a lo sencillo y lo natural.

Bashô falleció en Osaka en 1694, y fue enterrado en el jardín del templo de Yoshinakadera, donde sus discípulos plantaron un banano en su tumba.

Poemas

Las sendas de Oku

No hablaron una palabra
el anfitrión y el huésped,
y el blanco crisantemo.

Ah, este camino
que nadie recorre
excepto el crepúsculo.

El camino de la muerte
a pesar del sol de otoño,
¿quién querría emprenderlo?

Primavera

Ved bajo la lluvia de primavera
la entrevista de ese abrigo
y ese paraguas.

El escenario de la primavera
¡Está casi preparado:
la luna y las flores del ciruelo.

Se oscurece el mar:
gritos de gaviotas
apenas blancos.

Verano

Preso en la cascada
un instante:
ya comienza el verano.

¡Ay, perlas de verano!
Eso es todo lo que queda
del sueño de los héroes.

Las lluvias de mayo
no te atacan ya,
templo de oro.

Otoño

Tal y como me parece
El País de los Muertos es así:
una noche de otoño.

Este otoño
qué viejo me hago:
¡Ah, las nubes, los pájaros!

Riguroso otoño;
mi vecino
¿cómo vive?

Invierno

¡Qué cortesía!
Hasta la nieve es fragante
en Minamidani.

Una helada noche de lágrimas:
el sonido del remo
golpeando la ola.

El año toca a su fin:
aún llevo
mi kasa y mis sandalias de paja.

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