Una semana, un poeta: José Ángel Buesa
Esta semana en Una semana, un poeta recordamos a José Ángel Buesa (1910–1982), el “poeta del amor” cubano.
Sus versos, cargados de romanticismo y melancolía, han viajado por el mundo, traducidos, recitados y musicalizados, enamorando a generaciones.

José Ángel Buesa - Por EcuRed - EcuRed, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=93212135
JOSÉ ÁNGEL BUESA
Biografía
José Ángel Buesa nació el 2 de septiembre de 1910 en Cruces, Cienfuegos, Cuba. Murió el 14 de agosto de 1982 en Santo Domingo, República Dominicana.
Empezó a escribir versos a muy temprana edad, luego llegó a convertirse en un notable exponente del neo-romanticismo. Su excelente manejo del lenguaje y exquisita sensibilidad, lo llevaron a obtener una inmensa popularidad en su país natal. Su obra fue musicalizada, también recitada y grabada, y difundida en casi 40 discos de larga duración. Varios de sus poemas fueron traducidos al inglés, portugués, ruso, polaco, japonés y chino.
Fue también novelista y escritor de libretos para la radio y televisión cubanas, y fungió como director de célebres programas radiales en las estaciones RHC-Cadena Azul y CMQ, ya inexistentes.
Estudió en el colegio de los Hermanos Maristas, para después trasladarse a La Habana donde se incorporó a grupos literarios. En los años finales de su vida, se vio obligado a abandonar Cuba para empezar una peregrinación que lo llevó a: España, Islas Canarias, El Salvador, y finalmente a Santo Domingo (República Dominicana), Donde continuó dedicado a la enseñanza.
Sus principales obras son: La fuga de las horas (1932), Misas paganas (1933), Babel (1936), Canto final (1936), Oasis, Hyacinthus, Prometeo, La vejez de Don Juan, Odas por la victoria y Muerte diaria (todas publicadas en 1943), Cantos de Proteo (1944), Lamentaciones de Proteo, Canciones de Adán (ambas de 1947), Poemas en la arena, Alegría de Proteo (ambas de 1948), Nuevo oasis, Poeta enamorado (ambas de 1949) y Poemas prohibidos (1959).
Fuente: http://www.los-poetas.com/e/buesabio.htm
POEMAS
Amor prohibido
Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente
al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.
Solo tú y yo sabemos porqué mi boca miente,
relatando la historia de un fugaz amorío;
y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío…
y aún nos arde en los labios algún beso reciente.
Solo tú y yo sabemos que existe una simiente
germinando en la sombra de este surco vacío,
porque su flor profunda no se ve, ni se siente.
Y así, las dos orillas, tu corazón y el mío,
pues, aunque las separa la corriente de un río,
por debajo del río se unen secretamente.
Arte poética
Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que mas vive, siempre es la mas vivida.
Un mal verso supera la mas perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.
Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.
Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.
Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
Y sobre todo, en arte y vida, se diverso,
pues solo así tu mente revivirá en tu verso.
Canción del amor lejano
Ella no fue entre todas, la más bella,
pero me dio el amor más hondo y largo.
Otras me amaron más, y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.
Acaso fue porque la amé de lejos,
como una estrella desde mi ventana…
Y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene mas reflejos.
Tuve su amor como una cosa ajena
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.
Ella estuvo en mis brazos sin ser mía,
como el agua en un cántaro sediento,
como un perfume que se fue en el viento
y que vuelve en el viento todavía.
Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre la llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.
Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto.
Por eso aún pienso en la mujer aquella,
la que me dio el amor más hondo y largo…
Nunca fue mía. No era la más bella.
Otras me amaron más … Y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.
Elegía lamentable
Desde este mismo instante seremos dos extraños
por estos pocos días, quien sabe cuántos años…
yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
uno de esos que nadie confiesa haber leído.
Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso,
tú bajaras los ojos y apretarás el paso,
y yo, discretamente, me cambiaré de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera…
Seremos dos extraños desde este mismo instante
y pasarán los meses, y tendrás otro amante:
y como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casarás con él.
Y ya, más que un esposo será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar una fecha.
Acaso, cuando llueva, recordarás un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca más te coloques aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.
O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa.
¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
y tras fregar los platos y tras tender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas…
Y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,
y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
Poema de la despedida
Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste… No sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.
Tu collar de perlas
Yo he visto perlas claras de inimitable encanto,
de esas que no se tocan por temor a romperlas.
Pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto
las burbujas de nieve de tu collar de perlas.
Y más, aquella noche del amor satisfecho,
del amor que eterniza lo fugaz de las cosas,
cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho
y el rubor te cubría como un manto de rosas.
Yo acaricié tus perlas, sin desprender su broche,
y las vi, como nadie nunca más podrá verlas,
pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche
vestida solamente ¡con tu collar de perlas!

