Una Semana, Un Poeta: Jorge Boccanera

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La poesía de Jorge Boccanera se caracteriza por su fuerza emocional, su juego con los contrastes y su capacidad de construir imágenes que vibran entre lo onírico y lo real. En sus versos se cruzan el amor, el exilio, el humor, la melancolía y la crítica social, pero siempre desde una voz íntima que interpela al lector.

Boccanera es un poeta del cuerpo y la memoria, del deseo y la política, con un lenguaje dúctil que sabe ser afilado o tierno, directo o simbólico. Sus textos están habitados por seres en fuga, por silencios ruidosos y por emociones que tiemblan con sutileza.

En sus poemas hay un exilio interno y externo, un vaivén entre la pérdida y la persistencia. Su poesía no se explica: se respira.

De JeannetteUP - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30687690

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JORGE BOCCANERA

Biografía

Jorge Boccanera nació el 18 de abril de 1952 en Bahía Blanca, Argentina. Poeta, periodista, editor y letrista, ha tejido una obra que cruza fronteras y disciplinas, con una voz comprometida, sensible y profundamente lírica.

Vivió en México entre 1976 y 1983, exiliado por la dictadura argentina. Allí profundizó su vínculo con la literatura y el periodismo, colaborando en medios culturales como Plural, Entre Todos, Crisis y Aportes. A partir de 1983 se estableció en Buenos Aires, alternando temporadas en Costa Rica.

Su primer libro, Los espantapájaros suicidas (1974), ya marcaba una poética personalísima. Desde entonces ha publicado numerosos libros, ha sido jurado de concursos internacionales, editor de revistas como Lezama y Dulce Equis Negra, y ha dirigido colecciones de poesía.

Boccanera también ha trabajado con músicos como Raúl Carnota, Litto Nebbia y Silvio Rodríguez, y ha sido interpretado por Mercedes Sosa. Su voz poética combina lo íntimo y lo político, la memoria y el cuerpo, lo onírico y lo cotidiano.

POEMAS

Alejandra Pizarnic abre su cuaderno de apuntes

                                                                                         A Jorge Arturo

El hombre que saca la cabeza del agua,

                     es un pez y se asfixia.

El pez que mete la cabeza en el agua,

                     es un hombre y se ahoga.

El poeta escribe en la línea del agua,

                     y se asfixia,

                     y se ahoga.


Autoplagio

Latigazos de sombra desordenan tu cuerpo,

en la fotografía donde te estoy pensando,

y soy el extranjero que descubrió tu rostro

y se animó a escribirlo, que era como besarlo.


El ángel de la muerte

Oigo pasos ¿será la boca de tiznar y el navajazo

             en pleno rostro?

Así te acechan como ¿será la antorcha de otra voz

             que va sobre la tuya?

Escucho pasos y ¿será el escupitajo en la tela de

             araña de tu infancia?

Así te azuzan como ¿será la cruz al rojo en tu

             mejilla?

Oigo pasos cerca de ¿será como esos guantes

             rozando tu estación?

En la memoria hay una puerta rota.

Los sueños son distintos y el final es el mismo:

            el asesino que te besa.


Envíos

Todo lo que se da llega a destiempo.

           No existe otra manera.

Entre el ojo y la mano hay un abismo.

Entre el quiero y el puedo hay un ahogado.

Un país que asoma su cabeza deforme en una

           carta,

y va a darse a destiempo, nada es lo que

           esperabas.

Y lo que llega envuelto en papel de regalo se irá

           sucio de odio.

Bailamos entre los escombros de una cita.

Dibujamos una taza de café en el desierto.

Vivimos de sumar y de restar:

lo que te da el amor, lo que te quita el miedo.

Al final nos entregan los huesos de un perfume.

Aún así persistimos.

En alguna montaña vive un pez resbaloso.

Entre números rotos se desliza una estrella.


Historieta

La niña abre el baúl y una mano le echa tierra

                en los ojos.

Ella dice: ¡qué hermoso paisaje!

Ahora mezcla pinturas,

revuelve los vestidos de tías adornadas con juegos

                de palabras.

Se amorata, se luce angelical, gira mangosta,

                novia de esparadrapo,

se mira en los espejos que trabajan sin que nadie

                los mire.

En este último cuadro la niña se pinta y se

               despinta, aparece y se borra.

Yo cierro el libro de cuentos infantiles pensando

               que mi lengua es esa niña Sordomuda,

probándose vestidos a la hora en que los demás

               duermen.


Noticias de una mujer cualquiera

entramos a la pieza casi sin reconocernos

sus ojos eran pactos de ternura y violencia

yo la miraba todo el tiempo

      habrá pensado en mi cansancio

      habrá pensado -está borracho-

      habrá pensado en irse pronto

      habrá pensado tantas cosas

me acerqué a sus dos manos

sin dejar de mirarla

desde mi soledad hasta su boca

      habrá pensado en enojarse

      habrá pensado -no es un hombre-

      habrá pensado ¿en qué quedamos?

      habrá pensado tantas cosas

cuando entró el sol cuando se fue

desde mi boca hasta su adiós

y aún en el viaje de regreso

      habrá pensado tantas cosas

      habrá pensado tantas cosas.


Olas

Tu corazón es una taza diminuta,

y es la única taza que precisa dos bocas,

y es la única boca que no se vuelca nunca.

             Enormes olas,

locomotoras de agua se desploman cerca de tus

             labios de Grecia.

Pero esto es Isla Negra y enfundada que vas en

             un abrigo hecho para otro cuerpo,

             hecho para otro clima.

Pero siempre en tus ojos brillando una tacita.

Entonces,

hay un hombre encerrado en los papeles de la

             noche.

Sus vagabundos quieren levantar esa taza,

             como los deportistas a sus copas doradas.


Telenovela

Sordomuda

yo cargo las valijas, yo compro los boletos,

y soy tu catador, el señor de las flores,

tu pareja de baile en el salón Colonia de México D.F.

Yo soy tu lazarillo y te compro historietas y soy

               tu guitarrista, el chofer de tu almohada,

               a veces el jinete, a veces el caballo.

Mudita de mi alma yo te elijo perfumes y te

               exhibo como el Príncipe Orsini al luchador

               Jacob, «La Bestia», en un cine mugriento.

Y soy el del retrato, tu instructor, tu pupilo, el

               cara de payaso, un pasajero en tu sudor

               apenas, Sordomuda, el que reza en tu

               cuerpo.

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