Una semana Un poeta: Javier de Bengoechea
Javier de Bengoechea, poeta bilbaíno del siglo XX, destacó por su maestría en el verso clásico y su profunda sensibilidad poética. Descubre su obra en GAFE.

Foto de Javier de Bengoechea https://www.epdlp.com/escritor.php?id=20109
JAVIER DE BENGOECHEA
Biografía
Poeta y abogado vizcaíno. Bilbao, 20-08-1919; Neguri, Getxo, 12-04-2009.
Desde muy joven se aficionó a la lectura, pues su padre, José de Bengoechea Uríbarri, funcionario de la Diputación de Vizcaya, era un bibliófilo y culto lector, que logró componer una de las más selectas bibliotecas de la ciudad.
Estudió Derecho, licenciándose en la Universidad de Deusto en 1940. Ejerció la abogacía durante toda su vida, jubilando la toga a los ochenta y cinco años. Desde muy joven le tentó la poesía, escribiendo diversos libros. En 1950 recibió un accésit en el prestigioso premio Adonais de poesía, por su libro Habitada realidad. Pocos años después recibió el primer premio Adonais, por su poemario Hombre en forma de elegía (1955).
En esos primeros años de la década de los cincuenta del siglo XX tuvo una relación especial de amistad y complicidad poética con Blas de Otero. En 1959 publicó un nuevo libro de poemas, de corte clásico, Fiesta nacional, en la editorial Ágora dirigida por Concha Lagos. Con dicho libro fue finalista en el Premio Boscán de Poesía, en Barcelona. Posteriormente publicó otro poemario, Poemas a cuenta, separata de la revista Cuadernos Hispanoamericanos.
En 1994, tras largos años sin publicar nada, dio a conocer su último libro de poemas, Pinturas y escrituras.
Fue crítico de arte, literario y taurino de «La Gaceta del Norte» y cronista taurino de «El Correo Español-El Pueblo Vasco».
Fue director del Museo de Bellas Artes de Bilbao entre 1975 y 1984, un periodo muy importante en la vida de la pinacoteca.
En 2006 se publicó su obra completa bajo el título A lo largo del viaje, recopilación que le reconoce como la gran voz de la poesía vasca escrita en castellano.
Fuente: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/bengoechea-niebla-javier-de/ar-380/#
POEMAS
A una mejilla blanca
( Madrigal póstumo )
Lento el carmín, cayó de su mejilla.
Ya se apagó ese pétalo de fuego.
Ya no es la sangre más desasosiego
que el de saberse quieta y amarilla.
Aquella de antes, ágil y sencilla,
es esta dura realidad de luego.
Jugó la rosa a terminar. Yo juego
a lamentar su lenta maravilla.
Ahora todo es igual de diferente:
la llamarán como antes la llamaban,
la olvidarán inolvidablemente…
En un principio fue lo que se acaba.
Sigue siendo lo mismo. Solamente
que ya no está una rosa donde estaba.
Beso
Aquel clavel que abrió tu llamarada…
Aquella inolvidable quemadura…
Aquella doble y única locura,
¡ay!, maravilla fue, mas será nada.
Recordaré el clamor de tu mirada.
Recordará tu voz mi mordedura,
mas se deshojará mi dentadura
sobre el otoño de mi boca helada.
Ese beso me pesa gravemente.
Ha de caer a tierra por mi peso,
pero puedo y te amo todavía.
Y en los alrededores de mi frente
tendrá la maravilla de aquel beso
su consulado de melancolía.
Epitafio
Dos perfiles, son dos, en el inerte
yacer del afilado caballero,
pero un solo perfil, el verdadero,
haciendo la moneda de su muerte.
Moneda del vivir -azar y suerte-
ya jugó su caer triste y austero,
y ahí está el amante más sincero
esperando un amor que lo despierte.
Ya en línea y trazos fieles se resume
su enérgico morir tan delicado,
de amante que en olvidos se consume.
Qué fragancia de besos que no ha dado.
Oh valeroso y único perfume.
Oh, el morir en olor de enamorado.
M. E.
Queridísima y diestra profesora
de mi difícil corazón inquieto,
¿podrías restaurarme este soneto
que, amarillento, tu atención implora?
Mira cómo mi voz se decolora,
cómo se ha oscurecido este cuarteto.
Un tratamiento mágico y discreto
recompondría su esbeltez sonora.
Discretísima, docta criatura,
pasas como una tenue veladura
sobre mi corazón y sus pesares…
Pasas tus manos sabias, cuidadosas.
Imperceptibles, diminutas rosas,
yo beso en mí tus huellas dactilares.
Mi edad media
Esos rostros románicos inmóviles, iguales
en sus ojos redondos, ¿sabemos lo que vieron?
Telarañas de siglos hasta que aparecieron
los rostros delicados de cejas ojivales.
Considero mi vida, repaso sus anales.
Pregunté a los tomistas y no me respondieron.
¿Cuál fue el aquel de aquellas matanzas que se hicieron
hasta que se inventaron las muertes naturales?
Piadosamente olvido mis siglos infantiles,
aquel cumplir diciembres pero jamás abriles,
aquel ir a la guerra tan triste de Mambrú.
Amor cortés, el mío, aunque en mis escrituras
se me hayan prolongado las edades oscuras:
hasta mi siglo veinte, no apareciste
Nada
También en los supuestos de la nada,
el amor se presiente en la querella
de una futura creación: doncella
sabiéndose fecunda, recreada.
Antes de ser mi vida inaugurada,
fui barro enamorado de una huella,
de un talle vegetal, de alguna estrella…
Yo estoy hecho de tierra enamorada.
Y enamorado estoy de ti, y sustento
este amor enraizado y presentido
más allá de la vida y el momento.
Enamorado sin haber nacido,
y ahora tan muerto y nada, que presiento
la tierra enamorada que ya he sido.
Seguro otoño
¿Qué será del amor, cuando estas manos
que acariciaron, vivas, la belleza,
no sean más que hierba en la maleza
de la muerte y la nada?… Gestos vanos
con que mi muerte avise a los humanos
que la vida termina cuando empieza…
Oh aquella breve y cálida pereza
con que toqué sus frutos más lozanos.
Esas caricias son pecado grave.
Pero hombre impertinente soy, lo sabe
el corazón, notario de mis besos.
La carne en flor aún, y en esperanza…
Y la tormenta de la muerte avanza
a punto ya de deshojar mis huesos.
Vida
Yo no sé ya si soy, ni sé si era
el hombre que no amaba, ni si he sido
sin amor, como un muerto que ha vivido
esperando nacer cuando se muera.
No sé si estaba en mí, si estaba fuera,
ni de dónde ni cómo me ha venido,
pero sé que está aquí, que me ha nacido
la muerte de vivir porque te quiera.
Oh muerte en el amor, oh vida nueva,
oh moribunda flor definitiva
que el ritmo de mi pulso me comprueba.
Oh vida de esta muerte decisiva
que yo sé que me arrastra, que me lleva,
que llevaré esta muerte mientras viva.

