Una licencia necesaria: Fran Picón
Hoy nos permitimos una licencia. En Una semana, un poeta presentamos al poeta que habitualmente selecciona, acompaña y da paso a otras voces. Fran Picón, editor, antólogo y agitador cultural, ocupa esta vez el lugar del poema leído. No como excepción, sino como acto de justicia: también quienes sostienen la palabra merecen ser leídos.

Fran Picón | El poeta que presenta a los poetas en GAFE
Nota de la editora (introducción contextual)
Hay poetas que escriben.
Y hay poetas que, además, leen, seleccionan, acompañan y sostienen la escritura de otros.
Fran Picón es uno de ellos.
Desde hace años, su trabajo como editor, coordinador y antólogo ha sido una forma silenciosa de militancia poética: crear espacios, tender puentes, dar lugar a voces diversas sin borrar la propia. Hoy, en esta sección, invertimos el gesto. El que presenta a los poetas es presentado. El que selecciona poemas es leído.
No es un homenaje ni un paréntesis.
Es una forma de decir: la poesía también se cuida desde dentro.
Breve semblanza
Fran Picón (Madrid, 1964), afincado en Zaragoza desde la infancia, es poeta, editor y gestor cultural. Miembro de la Asociación Aragonesa de Escritores —de la que es vicepresidente—, ha dirigido revistas literarias, colecciones de poesía y programas de radio dedicados a la palabra.
Su obra poética, iniciada en 2003, recorre más de dos décadas de escritura marcada por la intemperie, el cuerpo, la memoria urbana, el deseo y una mirada crítica sobre el mundo contemporáneo. Ha publicado más de una docena de libros y participado en numerosas antologías colectivas, además de ejercer una intensa labor de prólogo, edición y acompañamiento a otros autores.
Sobre los poemas
Los textos seleccionados —procedentes de distintos libros publicados entre 2003 y 2024— permiten leer una trayectoria coherente y en tensión:
una poesía que no embellece la herida, pero tampoco la esquiva;
que nombra el cuerpo, el deseo, la ciudad, la pérdida y el tiempo con un lenguaje reconocible, directo, a veces áspero, siempre consciente de su lugar.
Aquí, la poesía no busca consuelo fácil.
Busca presencia.
SELECCIÓN DE POEMAS DE FRAN PICÓN
ELEGIDOS DE LA ANTOLOGÍA “LADERAS DEL TIEMPO”, PUBLICADA POR NAUTILUS EDICIONES 2025
“Desde mi i…marginación”. Editorial Egido. 2003
ALERTA
El día toca su fin en la ciudad marchita,
la oscuridad se adueña del entorno solitario
inundando de silencios los aullidos de la noche
y las criaturas del otro lado del espejo
despiertan al festín de la locura
que precede al aquelarre.
No cierres los ojos si no estás dormido,
no sueñes despierto sin proteger tus pupilas
ni cantes serenas danzas de gemidos,
tu cuerpo es su meta,
tu luz su destino
y tu paz su guerra.
Un baile de sangre festeja la luna,
los ojos vacíos buscan el momento
de cubrir sus cuencas con otras miradas
y el reino sin luces nubla el firmamento
con nubes de espumas
y olor a lamentos.
Alientos de hielo calientan motores,
bujías de esperma cubren el concierto
de notas de gritos y lenguas cortadas
a seres dormidos,
a mentes cansadas
a cuerpos de actores.
El sol se despierta,
los monstruos se duermen,
el espejo se apaga
ý mis ojos se abren
y mi mirada llora
y yo sigo alerta.
“Con la vida a cuestas”. Editorial Quadrivium. 2009
EL HOMBRE QUE FUI
El hombre rebelde que fui
se aletarga entre las sombras
de las edades cumplidas,
de las historias pasadas,
del silencio de mentir,
de las mentiras del tiempo,
de las arrugas del miedo
de la rutina de vivir.
El hombre valiente que fui
se disipa entre las sábanas
de los sueños sin memoria,
de las cenizas apagadas,
del querer llegar al fin,
de las ruinas del sexo
de las huidas sin retos
del olvido que hay en mí.
El hombre sin dueño que fui
se arrincona en las esquinas
del dinero en la cartera,
del hambre en las miradas,
de las ganas de sentir,
del sabor de tantos besos,
del aroma del deseo,
de las caricias sin ti.
El hombre sencillo que fui
se refugia en las sonrisas
de los labios de verdad,
de las batallas ganadas,
de tu silueta de perfil,
de la muerte entre tus brazos,
de la vida entre tus pechos,
de tenerte junto a mí.
“Alambique de vestigios”. Editorial Quadrivium. 2011.
EL INFINITO CABE EN UNA HOJA DE PAPEL
Un cuaderno vacío,
huérfano de letras e ideas,
reclama la atención
de un poeta que lo adopte
en un rincón de la memoria.
El duende, tutelador
de musas sin dueño,
agoniza en la trastienda
de las prisas,
arropado por telarañas
de vergüenza y estrés.
Un lápiz diminuto,
abandonado en el asilo
de la rutina,
pide un minuto de gloria
en busca de la suerte
en el carboncillo del tiempo.
El aprendiz de poeta,
abrigado de dudas y miserias,
inicia la aventura
de las hojas en blanco,
alumbrando un verso neonato
en el paritorio de los sueños.
Y el cuaderno,
otrora vacío y triste,
abandona el umbral
de la soledad,
acompañado de rimas,
misterios y métrica…
“Frunces en la rima”. Editorial Sabara. 2012
DESUBICADO
Tal vez,
es una sensación,
pero, quizá,
no deba escribir hoy
la tarde de invierno
escarcha mi certidumbre
junto al Cardhú
en copa ancha
que custodia mi hastío
o, puede,
y es otra impresión,
que no exista
un cubito de hielo
en la alforja de mi ayer
el tamiz
que ciñe mi perfil
se adueña de mi naturaleza,
incoherente y distraída,
obcecando mi razón
(ya sé que apenas la uso
y, por ello, se atrofia
lo que es indudable,
salvo que sea
otra alucinación,
es que me siento
desubicado
(sí, lo sé, soy un extraño).
“Improntas a dos voces”. Editorial Quadrivium. 2014
ABU, EL ELEFANTE Y UN PEQUEÑO PRÍNCIPE
Se asoma una brizna de sorpresa
en la mirada despreocupada
del elefante al cruzarse con los ojos
de ese, osado en su inocencia,
niño que se acerca.
Barrita un bostezo insolente
en su magnánima silueta
que recuerda los trazos
de un pequeño príncipe
en los Mundos de Saint-Exupéry.
Se arrodillan, frente a frente,
en duelo sin tabúes ni fronteras,
sopesando silencios
destilando sudores
de intrigas e ilusiones perdidas.
La infancia,
ausente de prejuicios,
ve más allá del aleteo de unas orejas,
derrotando sabores de intemperie,
y descubre la soledad del gigante,
mientras sus pupilas susurran
complicidad y ternura.
Quizá la serpiente
que imaginaba ese pequeño príncipe
devorando un elefante
nunca fue un sombrero sino soledad.
“Instantáneas entre penumbras”. Olifante Ediciones de Poesía. 2016
NO ERAS EL POETA que versificaba la banda sonora
de los jardines de Boboli,
ni tenías la sonrisa de Matt Damon
burlando las miserias en las calles de Philadelphia
mientras, en la gran pantalla, sonaba el último tango
al ritmo de ese bandoneón desprovisto de Gardel.
Nunca tuviste la mirada perdida entre diamantes
ni paseaste tu ausencia por bulevares furtivos,
tampoco cincelaste la venus sin brazos,
ni un David impoluto, ni bosquejaste sonrisas
en los labios del ayer.
Tal vez nunca sea una palabra sin dueño,
o tal vez mañana sea ese humo desperdigado en tu lengua;
puede que mueras en cada aliento que se pierde
y acaso reverdezcas en la piel de los miedos,
o, simplemente,
sea la poesía la que de sentido al poeta.
“69 poemas”. Editorial Quadrivium. 2019
Te ahogas en mí
cada vez que traspasas la frontera
de mi piel,
transitas el Trópico de Cáncer
sin pararte en sus detalles más imperceptibles,
mientras diluyes tu esmalte de uñas
en los intersticios de mi última fortaleza.
Paladeas la calidez de mi excitación
a golpes de versos en las papilas de tu cintura
y descubres, sosegadamente, sin más prisa que tu lengua,
las cicatrices del deseo entre tus labios.
Siempre quise ser el Atlas que orientase tus manos
hacia la geografía más recóndita de mi intimidad,
ese compás que traza círculos excéntricos
en cada centímetro de tu espalda,
el trazo certero en el lienzo de tus piernas
que culmina en el volcán de tu sexo expectante.
Y es ahora, que nos hemos aprendido,
cuando sofocamos el incendio en nuestros cuerpos
con la humedad mestizada del clímax compartido.
Ya no hay trópico de cáncer en las fronteras consumadas.
“Poemas de la espera”. Editorial La Herradura Oxidada. 2020
DESNUDO,
sin más abrigo que una duda en la planta de los pies descalzos,
sin más amparo que una bufanda de hielo circunvalando mi cintura,
sin más compañía que una sombra que se pierde en los rincones.
Es, ahora, cuando compruebo las ausencias en los armarios
con el silencio tamborileando inoportuno en las habitaciones vacías,
es ahora, digo, y repito para cincelarlo en mi piel,
cuando el desarraigo habita las aceras de mi intimidad
y una nube de lágrimas derramadas se hace fuerte en el cielo de mis derrotas.
Y ese frío, feroz y punzante, acomete las arrugas de mi pecho
escarchando los latidos sin dueño de un corazón hecho herida;
un aliento de cierzo desbocado anega mis palabras de fiascos
en el mismo instante en que acentúo ese verbo que me sustantivaba.
Desnudo, sí, abrigado de soledades e intemperie,
transito los renglones de tu cuerpo en mi memoria
sin más compañía que una sombra que se pierde en los rincones.
“Pellem. In deversorium sensuum”. Editorial Lastura. 2021
Habita entre las sábanas
un destierro de cuerpos,
el almizcle del fuego
y esa levedad en la memoria.
Existe una oquedad
entre las manos
y la última caricia
olvidada en un rincón
del tiempo.
No hay más vacío
que el de tu nombre.
“Es tiempo de mojarse”. Editora BGR. 2022
Llueven hojas como lágrimas de viento,
el desnudo del árbol a la intemperie,
el desabrigo de un tiempo que ya no ampara;
hay un barbecho de nieve
en las casas deshabitadas,
en la ausencia de acordes bajo los tejados.
Es el vacío un nudo en la garganta,
el grito callado de quien agoniza orfandades
y respira anonimatos y un anhídrido de memoria.
Los pájaros del otoño trinan pesadumbre
en las cornisas decomisadas a lo cotidiano,
recorren las aceras escarabajos y hormigas
conquistando vestigios de un ayer ya decrépito.
Las arrugas de la soledad habitan los rostros
de los herederos del abismo,
gentes que fueron piel y son jirones
en el alambique de un progreso altivo y feroz.
Y siguen lloviendo hojas,
lágrimas de un viento ajeno y distante,
y hace frío en las telarañas del abandono
y el desabrigo abanica las pupilas del silencio.
“La estructura vertical de tu recuerdo”. Editorial Quadrivium. 2023
No hables,
ya sé lo que estás diciendo…
(Marta Garcés)
Podría decirte te amo,
pero elijo la cobardía;
sí, lo sé, esos versos son de otra historia
pero sigo siendo medroso.
La memoria de tus labios
es el único argumento de mi voz
y, sin embargo, hago de la mudez
una forma de afrontar el miedo.
La tristeza de mi piel
no abarca solamente cada una de mis noches,
el dolor de mis dedos
es un eco interminable en la oquedad del tiempo,
la afonía de mis ojos
se nutre con la humedad de tu indiferencia.
Podría decirte te amo…
Y no estaría profanando el templo de la verdad.
“Termópilas del barrio viejo”. Editorial La Herradura Oxidada. 2023
VI
En los cines, Coppola, mostraba “La ley de la calle”,
esas calles de Hollywood en las que
Matt Dillon quiso ser “el chico de la moto”,
y los fotogramas en blanco y negro
asemejaban las aceras a alfombras rojas
en las que la realidad es una parte más de la ficción.
Pero en las calles siempre hay huellas
de un anonimato que es cicatriz,
de un polvo que nunca fue de hadas
y sí de niños perdidos en la profundidad del asfalto.
En las esquinas de un barrio antiguo
el deseo jamás vino en tren,
tal vez en una vieja motocicleta enferma de gasolina.
En aquellas enormes pantallas de cine,
The warriors, eran los amos de la noche,
pero en los arrabales de un casco histórico
la esclavitud tenía forma de botella de vodka
y los grilletes se fabricaban con papelinas.
En aquellos antiguos salones de barrio
no había historias con final feliz,
el humo del tabaco era la cortina de encaje
de un tiempo robado a la adolescencia.
En las ciudades cualquiera
los Perros callejeros no eran Vaquilla ni Torete,
ni las chicas Almodóvar
vivían al borde de un ataque de nervios;
en esas calles vacías de humanidad
los colegios agonizaban de orfandades
y las miradas hacia otro lugar
eran receta expendida en las farmacias.
“En la bóveda de tu mirada”. Olifante Ediciones de Poesía. 2024
(ÉL)
El sauce llorón secó sus lágrimas
la tarde en la que tus palabras fueron silencio,
el musgo no fue tapiz, salvo en el ocaso de la memoria;
tal vez el aroma a naturaleza se apague
en el artificio inconmovible de lo fugaz.
Mírame otra vez
y permite que al séptimo día nazca el grito
que de sentido al poema.
