Snowflake; por Alma Karla Sandoval

A caballo entre el monólogo interior y varias microficciones, la autora de esta columna inventa un paisaje imposible donde los adverbios de lugar son personajes.

La vida se nos cae de golpe. Pierde firmeza igual que la carne. Alguna vez creímos en la salud invencible. En algún sueño hicimos autostop. Llegamos a otro continente. Te contaron historias de geishas, de suicidas elegantes con levita.
Éramos tú y yo compitiendo por ver quién inventaba el mejor diario.
Éramos tú y yo al inicio de una película: “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”.
Ahora imaginas, a las cuatro de la tarde, el día en que mueres.
Aquí ya se va a la luz, manecillas que Dios adelanta.
Allá aún tendrías tiempo, pero nadie dominaría el idioma de la verdad, aunque te duela.
Allá nadie hablaría del autorretrato de una mujer solitaria, su deshielo.

Juan Vicente Piqueras escribió “Adverbios de lugar”:


Allí, donde no estamos,
llueve sobre la vida
que nunca será nuestra y nos aguarda.

Este día vi tres estaciones: el verano a la sombra de un salón de clases, el otoño en la voz que está cambiando y el invierno, producto insalvable de la realidad.
Una de las geishas de las que hablé se quemó el rostro. Misako renunció a los besos fáciles de los hombres a quienes ordeñó como vacas. Se hizo monja de una religión que no existe, pero convence a las mujeres más bellas de la tierra. Las deshace como el ácido a los cuerpos de un país que tú conoces.
Otro de los suicidas descrito por un viajero, dejó como herencia un cuaderno de Emily Dickinson. Fue amante de la sobrina de la autora y en Navidad recibió la poesía más bella jamás escrita, tal vez inédita por siempre. Se cree que el cuaderno aún sigue guardado en un baúl. Nadie lo rescatará.


La vida se nos cae de golpe.
Fui a ver un puerto y un puente con candados rojos, corazones con cerradura.
En algún lugar del mundo está nevando, pensé.
En algún lugar del mundo alguien se servirá, aunque no debe, un trago de whisky. Será en un asilo, esos lugares que los ángeles evitan.
¿Recuerdas la escena de la nieve en el filme de Michel Gondry? Acabo de encontrar un artículo donde se explica esa historia desde el pensamiento de Pascal, Locke y Descartes. Sin embargo, eso tampoco sería útil. La vida que nunca será nuestra es pura sangre de venas saltonas, las que más duelen.


“Ya no hablas en francés”, dirías.
“No sé quién eres ni hacia dónde vas”, es mi respuesta.
Luego un parque. La visión de una bruja.
Luego otra pequeña historia adentro de una cajita de música.
Tu olor preferido es el de las palomitas en el cine.
Te duelen más los huesos cuando llueve.
Hoy aprendiste a odiar un poco a los romanos.
Cerraste los ojos en el autobús y comenzaste a escribir poemas sin control de calidad. Está nevando allí, está nevando.

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