Serafina Núñez: poeta cubana

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La poesía de Serafina Núñez habita el territorio de la contemplación y el misterio. Redescubierta tras décadas de silencio, su obra constituye una de las cimas de la lírica cubana del siglo XX, donde la palabra busca iluminar lo invisible y convertir la experiencia interior en revelación.

Ilustración editorial creada con inteligencia artificial para la sección Una semana, una poeta de la revista GAFE. Inspirada en el universo poético de Serafina Núñez. No representa un retrato documental de la autora.

Ilustración editorial creada con inteligencia artificial para la sección Una semana, una poeta de la revista GAFE. Inspirada en el universo poético de Serafina Núñez. No representa un retrato documental de la autora.

Una semana, una poeta | Serafina Núñez

Hay voces que necesitan tiempo para ser plenamente escuchadas. La de Serafina Núñez (La Habana, 1913-2006) es una de ellas.

Reconocida desde muy joven por Juan Ramón Jiménez, quien impulsó la publicación de su primer libro y la incluyó en una antología fundamental de la poesía cubana, desarrolló una obra de extraordinaria profundidad que permaneció durante décadas en un discreto segundo plano. Solo a partir de los años noventa comenzó el reconocimiento que la situó en el lugar que siempre le correspondió dentro de la literatura hispanoamericana.

Su poesía se mueve entre la contemplación, la espiritualidad y la memoria. En sus versos conviven el paisaje, el silencio, el tiempo y la búsqueda interior, construyendo una voz serena que transforma lo cotidiano en una experiencia de revelación. Lejos de cualquier estridencia, Serafina Núñez escribe desde la intimidad, convencida de que la palabra posee la capacidad de iluminar aquello que permanece oculto.

Los poemas reunidos esta semana permiten recorrer algunas de las constantes de su universo creativo: la naturaleza como espacio simbólico, el amor entendido como conocimiento, la vigilia de la escritura y una profunda reflexión sobre el paso del tiempo. Leerla hoy es descubrir una poesía de gran belleza formal y de una vigencia sorprendente, capaz de dialogar con el lector contemporáneo desde la delicadeza y la profundidad.

En GAFE seguimos acercándonos a aquellas voces que enriquecen el patrimonio de la poesía en español. Serafina Núñez ocupa, sin duda, un lugar imprescindible entre ellas.


POEMAS

A un ruiseñor amaneciendo
Dulce señor del reino que enamora
inventando la estatua del desvelo
por el agua sin fin donde ya es vuelo
la partida granada de su aurora.

¿Para la alcoba de qué dios implora
el herido diamante de ese cielo
goteando en tu garganta?…¿Qué alto
tu canto muda en brasa, y fluye y dora,

alba perfecta en música inaudita,
y sostiene las ideas del rocío
y detiene la muerte a su albedrío?

Un ángel en tu voz alza su coro
y en las serenas márgenes habita,
en pura nieve derramado oro.


Contemplación
Desde el balcón donde anochezco miro,
devorado por oros y por llamas
de suaves rojos, al poniente esclavo
del exacto vivir, que le sentencia
en preludio de vuelos fatigados,
al eterno escapar en lumbre y lumbre,
abriendo la mansión de la lechuza
de socrático elixir poseída,
cortejado de pinos y responsos.
Hacia donde la noche alza su trono
de profecía y rosas extasiadas
en perenne rocío, sombra en la sombra
de sus soledades.
Tomando cuerpo y liberando el alma.


Estancia de lo eterno
Amor de ti mi alma desdoblada
jadeando tu presencia a hez de hombres,
angustia de tu rostro la ganaba
en rara geometría y rudos cobres.

Polvo cansado por mi sien pasaba
-fechas, palomas, universos, nombres-
y el terrestre cuidado iluminaba
clima a tu reino en soledades pobres.

Amor de ti era sollozo ardiente
mordiendo el fruto de mi triste tarde.
Ahora te sello: ¡Oh huésped diferente!

Tu lluvia me desciende olor temprano,
tierno misterio entre mis venas arde
y es ya tu sombra el único verano.


Madrigal de una antigua voz

A Ramón Gainza, amigo

Cuando tu voz se pierda en las veloces
veleidades del aire,
y forme torbellinos de crepúsculos o de quemantes oros,
si todavía escucho,
si todavía al alma le impresionan los sonidos,
recordaré tus tiernas servidumbres,
tus estériles soledades
y el destino de las palabras pronunciadas.
Como si mirara un relicario
donde viviera escondido tu retrato.


Meditación
En la cierta penumbra mi tiempo se diluye
las olas de la vida con su ir y venir
fingen tumultos de espuma;
criaturas opacas me destruyen
el espejo feliz de la esperanza.
Lo más triste encarcela los presagios del tiempo
que arde como un cirio al compás de la sangre.


Poema
Te converso en el claustro de mi sangre,
tú respondes, eres el eco de mi propio ser,
el inaudito, el de las verdes costas infinitas,
el que no anota el tiempo de los otros.
Dibujas parabanes y leyendas,
te mueres por la paz de mis recintos
cuando la noche abre sus penumbras,
sus delicados reinos de fragancia
al destino tenaz de mis asombros.
Yo soy esa mujer que pasa incierta
entre nieblas, palomas y memorias.


Poema de vigilia

Escribo en la noche susurrante y ajena,
en esta calle mía agresiva y ruidosa
como plaza de Roma colmada de peregrinos espectaculares
y comerciantes pregoneros.
-El sueño es un ciervo que huye en lentos espirales-
Escribo en esta noche incitante y extraña;
a mi lado el color feliz de la quimera,
besa mis párpados,
araña las paredes,
penetra los poros,
se pierde en altos cielos…

Escribo en esta noche de inesperados laberintos:
en su penumbra,
como ascuas, espejos vigilándonos,
los rostros de los amados muertos,
los rostros de los vivos,
los innumerables rostros de la vida
y sus variados universos.
Escribo en esta noche lenta, envolvente como una profecía,
en la infinita vigilia de sus astros…
Mis palabras habitan la soledad.


Soneto diferente

Verano para qué, si ya las sienes
altiva sombra ciñe fatigada
y el alma su soñar entregó en bienes
por el gran pordiosero reclamada.

Verano para qué, si sólo vienes
con tu fragua de oros y alborada
al holocausto que en mi pecho tienes
de rosa y hombre, lumbres y algarada…

No quiero el manantial, sino huidiza
agua que corre ahondando sus caudales;
criatura de espejos y fanales,

su cielo en mi paloma se eterniza.
Crece en mis ojos, gasta mi ternura.
Mi vida su alimento le procura.


Tú, el testimonio
Poesía;
vienes a soliviantar mis huesos,
a cavarme,
a darme este vestido desusado
de habitante
de los cuatro puntos cardinales.

Aérea giras
mirando siempre al norte de ti misma.

Tú, el testimonio.
La brisa que escribe en la hierba
el testamento de las flores;
el trébol que dibuja el cristal del universo;
el ciervo que moja de ternura los bosques.
La espuma y la ola, la ceniza y el rocío.
El hombre y sus dominios
levantando montañas de sal por las esquinas de la tierra
El hombre, que come impasible su manjar de inocentes.
El que besa, el que trabaja, el que sonríe,
el de la orquestal pesadumbre,
el del secreto preludio en su pan de sollozos,
y el que muere
de la muerte de todos cada día.
Toma mi mordedura, el signo, el eco,
no somos yo sino nosotros.
Te entregamos a ciegas
nuestro fondo azaroso.


Versos al tiempo

El tiempo es un esquivo dromedario
que busca sus oasis en las almas.
Es el dios inflexible y desvelado,
habla un idioma siempre diferente.
Su majestad nos viste de cenizas.
Devora posesiones, embelesos, presencias;
apaga el esplendor de los augurios,
y nos ofrece como frutos secos
a la muerte.


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