Selección de poemas del libro «Sofocos, sudores y otros complementos» de Manuela Bodas Puente

Compartimos una selección de poemas de la obra «Sofocos, sudores y otros complementos» de Manuela Bodas Puente

YO SER PECHO CAÍDO

Yo ser pecho caído.
Yo ser desgana.
Yo ser sudores.
Yo ser, ahora,
un poco más de calma.
¿Un poco más de calma?
Cada vez, tengo más dudas,
más preguntas,
pero es cierto que la calma,
ha restituido a la velocidad.
Al fin y al cabo,
corras lo que corras,
¿dónde vas a llegar…?
La luz de las cosas,
es una guía que titila
en mis manos
como ave en vuelo rasante.
Ya no soy de altos vuelos,
soy mucho más de las huellas
que me han precedido,
de las que aún he de ser.


YO SER ARRUGA

Yo ser arruga,
y aún, no se ha inventado
plancha, que alise
las fibras oscuras del cerebro.
Yo ser parte de las cosas.
Yo ser arte y parte de las cosas,
como tú, como él, como todos.
Como todas las voces
Yo ser pecho caído,
por el plomo de los años.
Ser desgana,
energía ya transformada.
Ser sudores, sofocos,
propios de hormonas
desorientadas.
Yo ser la misma, repetida,
pero…, descodificada.
Ser, dejar de ser,
rapsodia, recuerdo, olvido,
signo, muesca.
Yo ser pecho caído, aún lleno de vida y futuros


DESNUDA

Estoy desnuda
como los árboles de otoño.
Cansada como luna decreciente.
Pero aún bulle
la respiración en el camino.

Desnuda, con la piel
como túnica.
Desnuda,
como un alumbramiento.
Sin embargo, siento mejor el aire
que fluye en los acantilados.

Desnuda y serena,
ante el torrente de dudas
sin resolver.
Alas sin traje de cometa.
Desnuda como roca del desierto.
Desvestida de tiempo,
soy roca, cometa, luna, viento…


REFLEJO

Bailan en mis manos risas,
que ya me dejaron,
y aún las sujeto, las quiero retener
para sentir el pulso de aquellos labios.
En las aguas de los acabados días,
veo estancados los ojos
de la que me habitó.
Sin embargo, me adhiero a las rosas
marchitas que deshojaron sus pétalos
en esta piel de espinas.
Hay un séquito de síes
entre lo obvio y lo inasible.
Y otro de noes
en el filo de las cosas olvidadas.
Es el reflejo de otras vidas,
que cupieron en mi.
Reflejo de otras pieles,
que están en el devenir.


A SACO

A saco con la cosa
de mirar para otro lado.
A saco con las bromas
de machitos asesinos.

¿Y… esto qué ha sido?
Digo esto, queriendo decir
qué idea ha hilado
los cuatro versos primeros.

¿Y… esto qué ha sido¿
¿qué me ha dado?
Ya sé, ahora caigo,
esto ha sido un sofoco

Sofoco: Calor espontáneo
producido en ciertos cuerpos
de ciertas féminas
que han llegado al Everest de su tierra.


BRAZOS – TENTÁCULOS

Hay brazos, tentáculos
para abrazar fusiles.

Tenía los brazos atrofiados,
nunca había abrazado.

Brazos sin abrazos son
cadáveres de cariño.

El mar tiene brazos,
que el plástico está cercenando.

Brazos piedra,
son brazos inarticulados.

Existen brazos esclavos,
que no saben a que cuerpo sirven.


DÍAS DE VINO Y SOFOCOS

No sé si tendrá reloj la duda.
La duda que sigue clavada
en este pecho caído de días.
¿Quién soy? ¡Ah, si lo supiera!
Si lo supiera, ¿sería otra?
Posiblemente, ya no beberé
del vino que surja en la viña
de la última encrucijada,
ya boca estará sin ganas,
pero eso tampoco es grave,
ni triste, ni vergonzante,
tan solo es… natural,
como la muerte misma.
Vuelve en cada sofoco,
la sangre a hervir
durante unos minutos,
luego se agazapa
en el nido del presente,
en ese momento un sorbo
del buen vino del cariño,
calma las dudas
que nunca llegarán a buen puerto,
o sí, ¿quién sabe de qué está hecho,
el segundo siguiente?
Me voy a tomar otro sorbo de vino,
a mi salud, y a la de la vida,
que me ha dado todo,
y me ha quitado poco.
La vida me ha dado las células
que se han mezclado con las tuyas,
compañero del alma, compañero.
¡Brindo por estos versos desordenados!
Otro sofoco aprieta gotas de sudor
sobre la conciencia deshidratada.
En el reloj de la piel, solo huellas
de un futuro que ya resbala
por el tallo del recuerdo.
Y sigo aquí, clavada en: ¿Quién soy?
¡Ah, si lo supiera! Si lo supiera,
¿sería ésta? ¿Querría seguir siendo
sangre, encrucijada, sorbo?
Seguramente soy las dos, ésta y la otra.
Ésta y la otra, la misma.


ALAS DE ATURDIMIENTO

Un sofoco, míralo,
ya está aquí, batiendo
sobre mí, sus alas aturdimiento.
Mostrando lo poco que soy,
él manda.
Quítate chaqueta, camisa,
hasta la falda,
hazte un desnudo integral
y…, mírate:
Qué cerca otra vez el túnel uterino,
por el que salí
ya la que volveré con el silencio
absoluto de la nada.
¡Qué gusto!, ya pasó,
el sofoco, me refiero.
Ahora, en el intervalo de calma,
buscaré las alas abatidas,
les daré viento,
les sacudiré el aturdimiento,
hasta el próximo sofoco.
Es la sangre, que no quiere irse,
se revira, me advierte,
el camino se estrecha.
Ahora, que estaba tan a gusto,
otro sofoco rubrica
la gracia de estar viva.
Un sofoco, míralo,
ya está aquí, batiendo
sobre mí, sus alas de aturdimiento.


SOFOCO TRAS SOFOCO

Marcas, pasos, huellas,
muelles que resortan (1) el tiempo.
Un guiño en el aire,
me trae a aquella niña
que soñó entregarse.
Aquella niña que hoy,
sofoco tras sofoco,
va impartiendo gotas de tiempo
en el vértice de un misterio
que quizás, nunca descubriré.
¿Dije misterio?
¡Eso soy yo!
Eso mis huellas,
mis pasos, mis marcas,
y estos sofocos
que me traen y me llevan
como rastrojo de verbo
aliado al poema de la vida.

(1) Resortan Palabra inventada, quiero hacer resaltar que las palabras anteriores, son como resortes, de ahí resortan


EL CEREBRO VA POR SU CUENTA

Piernas, uñas, penes,
sangre, huesos,
venas, pan, uvas
y…, un cerebro
que no pertenece al cuerpo.

Hay huellas, rotos cristales,
circulación, no regla.
¿Regla de norma
o regla de que sale del útero?
La segunda, la que ya no avanza:
menopausia que enseña
y…, un cerebro
que va por su cuenta.

¿Va por su cuenta?
Puede que no se de cuenta.
Que no se de cuenta
de que ya no hay que hacer cuentas.
Ahora, casi todas las cuentas,
ya están echadas, resueltas,
adheridas a los dedos de la nada.

Nada está mucho más cerca.
Y es que la menopausia,
aunque se sea del género masculino,
abre el camino a la nada,
muestra la calma de la sangre
embalsada en el amnios de la vida.

La menopausia desemboca
en el útero desértico,
y ahí, en ese desierto,
volverán las arenas
a resguardar la semilla
de los vientos que borran el tiempo.

Piernas, uñas, sangre,
penes, huesos, venas,
úteros, pan, uvas,
y… un cerebro
que poco a poco vuelve a su desierto.

Directora General Revista Gafe.info

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