Rosa Lentini: la escucha poética del mundo roto

0

Rosa Lentini (Barcelona, 1957) es una de las voces más rigurosas y sensibles de la poesía española contemporánea. Poeta, traductora y editora, su obra explora la fragilidad y la permanencia de la experiencia, con un lenguaje de precisión y belleza inquietante. Entre la vigilia y el sueño, su palabra es una forma de escucha y de revelación frente al mundo roto.

Fotografía de Rosa Lentini publicada en FronteraD. Uso con fines culturales y educativos.

Fotografía de Rosa Lentini publicada en FronteraD. Uso con fines culturales y educativos.

ROSA LENTINI

Rosa Lentini (Barcelona, 1957, España). Poeta, traductora, crítica. Editora y codirectora de Ediciones Igitur junto con el escritor Ricardo Cano Gaviria. Miembro fundador de las revistas Asimetría (1986-88) y Hora de Poesía (1979-95), de la que fue su directora.

Ha reunido toda su poesía hasta 2014 en el volumen Poesía reunida 2014-1994 (2015). Sus últimos libros: El soplo del diablo y otros poemas (antología, 2017), Hermosa nada (2019) y Fuera del día (2022) con el que cierra la trilogía Hablando de objetos rotos, que empezó en 2013 con Tuvimos y Antología inversa (2023). Incluida en numerosas antologías, parte de sus poemas han sido traducidos al italiano, inglés, rumano, francés, catalán y portugués.

Ha traducido a Pierre Reverdy, Yves Bonnefoy, Eugen Dorcescu, Joan Perucho, Rosa Leveroni, Carles Duarte; y, en colaboración, Satán dice de Sharon Olds, Últimos días de Giuseppe Ungaretti, Poesía reunida de Djuna Barnes, Esperando mi vida de Linda Pastan y la antología Siete poetas norteamericanas actuales: Swenson, Levertov, Kumin, Rich, Pastan, Clifton y Forché. Y en revistas, antologías de poetas alemanes, poetas suizos en lengua francesa; y del francés Los Cantos de la Tassaout (poesía del Alto Atlas de Marruecos), y poemas Hain-Teny (poesía de Madagascar), además de antologías de poesía española y colombiana. Como seleccionadora es responsable de antologías de Carlos Edmundo de Ory y de Javier Lentini. Es coautora, junto al académico Francisco Rico, de la antología Mil años de poesía europea (2009).

Finalista del Premio Nacional de Poesía en 2014 por Tuvimos. Recibió en 2019 el premio José Luis Giménez-Frontín en su décima edición, de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña, por contribuir a la labor de Acercamiento entre Culturas.

Fuente:
https://masporconocer.conoceralautor.es/autor/rosa-lentini/


POEMAS

Cuenta el bosque

Corteza de árbol el vestido de novia,

fantasma blanco de resina.

Los días nacen de las noches,

no entre pliegues de luz,

una colina es sólo fango endurecido,

el nacimiento una lejana estrella,

y el poema únicamente voz.

Caza nocturna de sueños,

fisura en la mirada ajena.

De «El sur hacia mí»  Igitur, 2001


Desnudos, asomados…

Desnudos, asomados

a un pasaje colmado de pinturas,

donde, vueltos de espaldas,

las figuras parecen mirar

hacia el interior de cada cuadro

las nubes, un tronco, unas piedras.

Olvidadas de sí, sus miradas

habitan el cuerpo del retrato:

una piedra, esa desvencijada puerta,

aquel sendero que llega,

pasos en la página que elude guarecerlas,

donde la palabra quizás escucha

un viento brusco en las horas

y de golpe el silencio:

solos sus ojos

al mirar de soslayo

un pájaro aleteando,

deseo de percepción;

el frío, su figura en lo azul,

nuestra sola cosecha.

De «El sur hacia mí»  Igitur, 2001


El daño

Del cordón umbilical de las preguntas

sólo tira hacia afuera lo que quema,

una apuesta sostenida,

un color remoto y dócil que se fue.

Perdimos incluso el rastro de la rabia

en mundos insomnes.

La noche y la humedad

llenaron de polvo tu canto,

y ahora acoges el pálido silencio

que acerca el eco a lo sagrado.

Más allá las palabras se cosen a la voz,

las lenguas se visten con alientos

que se desvanecen en espejos,

pues la imagen del mundo

espera aún en la zarza,

con un nuevo asombro y un tiempo vacío.

De «El sur hacia mí»  Igitur, 2001


En horas insomnes como rocas…

En horas insomnes como rocas

veo tu frente herida por el aire,

tu espalda que el aire descubre y explora,

tu boca entreabriéndose y tus manos huecas

oreadas en la densidad de la noche.

Te escucho arder en gestos desvelados, largos,

veo tus muslos tensos que guardan para sí

su piel más fina y secreta;

me quedan solos tus ojos cerrados al misterio del aire.

De «La noche es una voz soñada» 1994


La rosa de hielo

La rosa esculpe

sus violentos colores en el frío,

y no es sino quimera de la rosa

en la nieve, rosa de invierno,

agua helada, blanco en lo blanco,

ofreciéndose .

La rosa crepita en la llama,

y en la desolación de la nieve

no hay deshielo demasiado lento.

De «El sur hacia mí»  Igitur, 2001


Lo que dice la arena

Miradas al trasluz tus manos hojas,

sombra enlazada a sombras,

puro hechizo de voces deslizadas.

Lanzaderas, lanzaderas,

edades que van y vienen en sus conchas.

Tu cuerpo fue rama o voz,

resina flexible que unía

la tela del agua a un fondo

leve de desmemoria.

De «El sur hacia mí»  Igitur, 2001


Los dos sueños

Un haz frente a la costa

y un fuego que arde en el espejo,

ambos guardan los recuerdos:

el primero enturbia el viento que encrespa

al mar contra las calles nocturnas,

región de plegarias susurradas

por nuestros ahogados,

sueño de vastedades y caídas

con anhelos de escapar o dolerse,

callado como un buril puliendo la arena.

El otro se nutre de un mar de cera, y arde.

Rápido en borrar huellas,

el mar hubiera envuelto el labio en su frío

si en otra noche, con otra sal en la piel

escociendo furiosa, hubiera suplantado los recuerdos

en una de sus mareas.

Para luego entregarse a ti sobre todos ellos,

al dormir las memorias

en la arena, o aún en la ceniza.

El mar antepasado,

moviéndose en su rutina,

sin gaviotas volviendo a casa,

sin misiones de encendidas preguntas,

la ola en su paso sobre la ola,

llevaría o traería un murmullo de gente,

rostros radiantes dejados atrás,

cuerpos en un mundo oscuro,

sin latidos de ausencia

en lo definitivo del adiós.

Con el tiempo, el suelo seca

voces vírgenes o recónditas

que nos contestan raspando las estrellas

con sus lenguas que la luna platea;

y bajo el palio de este cielo

pasa el viento la página

del centenario libro de registros,

al que acudimos una y otra vez

en busca de nuestros nombres.

De «El sur hacia mí»  Igitur, 2001


Si yo fuera Alejandra la fugaz…

Si yo fuera Alejandra la fugaz,

de bellos ojos enquistados en la fiebre,

ojos que dibujan su forma,

cansados de leer palabras

que nombran y hacen

sombras sin carne,

sabiendo que se trata de eso,

de hacer la ausencia;

si yo fuera su fiebre,

su fruto mordido, su único

pájaro en el viento

o sus brazos, follaje mortecino,

transparencias a la luz del cielo,

amorosos restos de una biografía.

Al cruzar este mundo,

desde la otra orilla,

a través de su retina,

desde la barandilla de la barca

de la laguna Estigia,

toda la noche, diría:

escucho con mis ojos a los muertos.

De «El sur hacia mí»  Igitur, 2001


Todo se dio en el pulso…

Todo se dio en el pulso,

en un forcejeo celoso,

medianoche de agujeros de odio

que ahogan tus dedos de alga,

niños compitiendo como faros;

sin embargo hubiera sido fácil

en esta insaciabilidad

el verano de la risa,

la red tendida ante la ruina,

ceñida tela para exorcizar

la locura, el dopaje,

Todo se dio a medianoche.

De «Despedida del sueño de Venus»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *