Robar libros, por Maurizio Bagatin

¿Alguna vez pensaste en entrar en una librería y robar todos los libros que querías? Maurizio Bagatin en su columna «El morbo de Gutenberg» nos habla de «Robar libros».

Robar libros, por Maurizio Bagatin


No me parece inverosímil que el algún anaquel del universo haya un libro total” – J.L. Borges –


Parece que fue el editor Vanni Scheiwiller en inventar el neologismo en lengua italiana libridine: deseo desmesurado de leer y poseer libros. No encontré traducción al castellano y aunque pronto la tendremos, la palabra tal vez será la misma, como también su significado. Oí decir que el editor atribuyó esta palabra a los ladrones de libros, sobre todo a los de libros antiguos. Y de esa profesión hay mucho que contar. Quién no robó nunca un libro que mire atentamente su biblioteca antes de contestar.
El primer refrán es lo más conocido, sonso aquel que presta un libro y aún más sonso aquel que lo devuelve, claro no se trata de un robo sino de una detención fríamente calculada, muchos otros refranes surgieron después de la acción. Recuerdo haber leído esta historia en el juguete rabioso, una revista que a principio de este siglo se publicaba en Bolivia, y que se robó el nombre de una novela de Roberto Arlt. “Un escritor desconocido entra en una librería de Lima, creo que en San Isidro o tal vez fue en Barranco y ve Mario Vargas Llosa que está saliendo con un montón de libros entre los brazos; mas por la curiosidad de saber cuáles libros son, que por conocer el entonces pluri candidato al Nobel de Literatura, se le acerca y le pregunta que novelas se estaba llevando y entonces, entre la notoria fama narcisista del Mario y la oportunidad del momento -el carpe diem nunca hay que desaprovecharlo- y mostrándole y explicándole el porque de estos autores y no de otros, el lector Mario Vargas Llosa se sale de la librería sin pagar. Y sin retornar para pagar los libros que, gracias al curioso escritor desconocido, logró llevarse sin pagar. Los libros fueron a su biblioteca de la casa en Miraflores. Y ahí seguirán”.
Este, tal vez, no habrá sido un hurto explicito. Luego Mario ganará el Nobel y, tal vez, habrá perdido la costumbre de ir a las librerías y de salirse sin pagar.
“Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad” – J.L. Borges –
Guglielmo Libri Carucci dalla Sommaja (1803 -1869), matemático italiano, fue probablemente el más grande ladrón de libros de todos los tiempos. Libri – nomen omen – y con mucho refinamiento. Las aventuras del voleur des livres Conde Libri Carucci dejaron boquiabierta a todos los bibliófilos del mundo por su arte del robar libros, desde su entrada en el ambiente académico francés, siempre se los vio activo y efectivo. El resultar ser elegido miembro del Institut de France y recibir la Legion de Honor Francesa, le permitió frecuentar ambientes más cónsonos a su verdadera pasión: los libros. Intentó en vano, y por dos veces, obtener un cargo en la Biblioteca Real, pero al fin fue nombrado secretario de una comisión a la cual fue encargada la compilación de un “Catálogo general de todos los manuscritos, en lenguas antiguas y modernas, existentes en todas las bibliotecas publicas departamentales”. Las puertas al paraíso borgeano se les abrieron. La amistad con Sir Frederic Madden, responsable de la Sección Manuscritos del British Museum, le permitió entrar y salir de los paraísos de los cuales siempre aspiró poseer las llaves. Fue así que de las bibliotecas de Carpentras, Dijon, Grenoble, Lyon, Montpellier, Orleans, Poitiers y Tours logró sustraer miles de libros antiguos y crear su biblioteca personal…lo que según Tallemant des Réaux, el más grande chismoso del siglo XVII, no era un delito, a menos que el libro luego no venga vendido…hasta que su libridine desbordó sin control, en remates y en ventas de los tesoros sustraídos y solo la intervención de su padrino de matrimonio, Guizot el Presidente del Consejo de Ministros, le permitió evadir varias denuncias y luego escaparse al Reino Unido. Con 18 cajones llenos de libros antiguos del valor de 25000 francos franceses, en una época en la cual un trabajador ganaba 4 francos al día, y con muchos cómplices de compras y ventas que salieron a la calle en su defensa.
“También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo” – J.L. Borges –
Antes del martirio, como Peter Kien en el Auto de fe de Elias Canetti, del heroísmo de Guy Montag en el Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, encontramos una guía Como robar libros de David Horvitz, en la cual el autor aconseja como efectivo, entrar en una librería y liberar a un perro salvaje y salirse con el libro que deseas…
La noche del 30 de enero del 2017 en un depósito cerca del aeropuerto de Heathrow, en Londres, algunos ladrones de libros se hicieron de 260 volúmenes antiguos por un valor aproximado de 2 millones de euro. Eran propiedad de unos collecionistas italianos y alemanes y viajaban destino a una feria en San Francisco, California. Entre el patrimonio había manuscritos ilustrados persianos del ‘700, el primer libro impreso sobre las mujeres, el De claris mulieribus de Giacomo Foresti del 1497, l’Isolario de Benedetto Bordone del 1540, antiquísimas ediciones de Petrarca, Dante, Boccaccio, Pico della Mirandola, las Obras Completas de Galilei del 1656 y muchas obras dispersas de Copérnico, Newton y Spinoza.
Durante el medioevo la maldición en contra de los ladrones de la biblioteca del Monasterio de San Pedro de las Puellas de Barcelona era: “Que sus manos se conviertan en serpiente y lo muelen en sus espirales. Que sea víctima de parálisis y que le estallen todos sus miembros. Que su agonía no cese hasta que su cuerpo se disuelva. Que los gusanos le roen las entrañas y las llamas del infierno lo consuman para siempre”. Los libros, decía Paul Valéry, tienen los mismos enemigos del hombre: el fuego, la humedad, el tiempo y su propio contenido. A los cuales habría que añadirle los bibliocleptomanes.
Que sea el libro robado un deseo cumplido, como sostuvo Giulio Einaudi, un libro robado es un libro leído y, como imaginaba Hegel, el libro leído una “cáscara sin vida”, porque ya se introdujo en el cuerpo del lector. Mientras imaginamos al voleur de livres William Jacques que, una vez pagada la pena, transcurre sus días hojeando la Nouvelle Iconographie des Camelias, la enciclopedia que logró robar y que jamás se encontró.

Maurizio Bagatin, diciembre 2021

Columnista Revista Gafe

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