Quien se sienta a la orilla de las cosas resplandece de cosas sin orillas; por Antonio Arroyo Silva

Tomando como excusa el poema «Verano» de Ida Vitale, Antonio Arroyo hace un repaso de los objetivos de la revista GAFE, de su historia de un año y de la evolución del mundo a lo largo de este periodo de tiempo.

Dice la poeta uruguaya Ida Vitale, premio Cervantes de Literatura 2018, en el célebre poema «Verano» que quien se sienta en la orilla de las cosas resplandece de cosas sin orillas. Dos versos breves, un rotundo retruécano que mueve conciencias e incita a la reflexión. Michèlle Ramond dice, al respecto, en un trabajo sobre la poesía de Ida que titula «La noche alquímica de Ida Vitale»: «Para aquel que llegue a ponerse al margen de las cosas habrá frutos porque resplandecerá de cosas sin límite. Pasar al margen de los prestigios y de las ventajas solares por la prueba de la negra y triste congelación de la materia, es darse a sí mismo, a la materia del poema y a la materia histórica del mundo: las únicas posibilidades de salvación».

Y eso es justo lo que hacemos y ya van dos veranos con la revista Gafe. «Éramos pocos y parió la abuela». Crecemos porque nos damos a nosotros mismos, al margen de prestigios y ventajas solares. Nosotros los gafes pretendemos llegar a todas las orillas y, sin ánimo de resplandecer, pretendemos ser puro movimiento, siempre cambiante, porque nunca nadie podrá beber dos veces el agua del mismo río, a no ser que a este lo pongan en una urna de cristal para que contemplemos su muerte y, de paso, la nuestra. Queremos destruir las urnas y agriar el lagar de la conformidad. Por algo somos gafes. Volviendo a Michélle Ramond: «El trabajo de la palabra no ha de ser ni una profecía ni una metamorfosis, operaciones que carecen ambas de una acción directa sobre la materia y sobre la historia. El trabajo de la palabra debe ser un reactivo de toda la materia».

Después de un crudo invierno, de un otoño grisáceo de volcanes y pandemias. Después de una primavera que trajo a una Proserpina malhadada y malherida, porque su cosecha se quedó en medio de una guerra injusta y fratricida y el mundo tiene hambre y está enfermo, ahora nos llega la estación veraniega y pensamos con Ida Vitale que la palabra debe ser un reactivo de la materia poema y la materia historia como único medio de salvación.
Un mundo redondo: a este lado el verano; al otro el invierno. Pero el corazón, que también es redondo como el mundo, late al unísono por el entendimiento. No busquemos las cosas en su superficie, el imán de la palabra las traerá a nosotros, a nuestros interiores y seremos luciérnagas resplandecientes en la noche.

Antonio Arroyo Silva.

Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1957, es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de la Laguna. Colaborador, redactor y columnista de la revista Digital Gafe.

Ha sido colaborador de revistas nacionales e internacionales. Ha publicado libros de poemas: Las metamorfosis, Esquina Paradise, Caballo de la luz, Symphonia, No dejes que el arquero, Sísifo Sol, Subirse a la luz. Antología esencial, 2014, (español-rumano), 2014, Poética de Esther Hughes, Mis íntimas enemistades, Ardentía, Fila cero, Bahía borinquen, Música para un arjé y Los círculos dorados. Las plaquettes Material de nube, Un paseo bajo los flamboyanes y La nada de arena. En ensayo, La palabra devagar (Idea-Aguere 2012). Está incluido en varias antologías. Ha participado en el Festival Internacional de Poesía Encuentro 3 Orillas, en el Homenaje de Poetas del Mundo a Miguel Hernández, en un encuentro de escritores alemanes e hispanohablantes en Berlín, «XX Cita en Berlín 2016», en el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico, etc. Ganador del “Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2018” por Las horas muertas. También ganador del premio Victorina Bridoux en 2021. Dirige la colección de plaquettes digitales Poesía Móvil, 100 poetas.

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