Puerto sin mar, de Esther Abellán

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Puerto sin mar, de Esther Abellán, es un poemario que da voz a la violencia silenciada, al desarraigo y a la resistencia íntima. A través de una potente metáfora del mar ausente, la autora construye un viaje poético desde el dolor hacia la esperanza y la reconstrucción.

Esther Abellán Foto cedida por la autora para esta publicación.

Esther Abellán Foto cedida por la autora para esta publicación.

Reseña literaria para Revista GAFE
Por Octavio Jover Rubio

Título: Puerto sin mar

Autora: Esther Abellán

Editorial: Chamán Ediciones

Colección: Chamán ante el fuego

Género: Poesía

Puerto sin mar es un poemario que nace de la urgencia de nombrar lo que durante demasiado tiempo ha permanecido oculto. Un libro que no busca embellecer el dolor, sino darle voz; que convierte la poesía en refugio, pero también en herramienta de resistencia. Desde sus primeras páginas, la escritura de Esther Abellán interpela al lector con una verdad incómoda y necesaria: la de quienes han sufrido violencia, desarraigo y pérdida, y han tenido que aprender a sobrevivir en territorios áridos, interiores y exteriores.

Publicado por Chamán Ediciones, dentro de la colección Chamán ante el fuego, el volumen está compuesto por cincuenta poemas que pueden leerse como un solo cuerpo lírico. Un poema largo que avanza desde las fronteras hacia el interior, desde el naufragio hacia la reconstrucción. El paisaje que propone Abellán es el de un puerto sin agua, un lugar de espera estéril donde el anhelo no puede zarpar. La metáfora del mar ausente —que remite a espacios devastados como el mar de Aral— se convierte en símbolo de la desaparición de la vida, de la belleza transformada en amenaza, de la imposibilidad de huida ante la barbarie social.

El libro nace del dolor, pero no se instala en él. En sus versos conviven la desolación, la tristeza y el sufrimiento con una esperanza frágil, casi temblorosa, que se abre paso entre las grietas. Cada poema es un eco contra el maltrato, una denuncia que no necesita alzar la voz para ser contundente. Aquí se llora, se grita, se calla y se resiste. Y, sobre todo, se sobrevive.

El recorrido emocional del poemario no es lineal ni complaciente, porque la sanación nunca lo es. Abellán traza un camino íntimo que va desde la pérdida de identidad hasta el lento proceso de reconstrucción. No hay épica, sino verdad; no hay consuelo fácil, sino reconocimiento. Puerto sin mar es un libro que acompaña, que tiende la mano al lector y le recuerda que no está solo, que cada palabra puede ser un paso más hacia la libertad.

Uno de los ejes fundamentales del poemario es la migración, entendida tanto en su dimensión física como simbólica. La salida voluntaria o forzada, el exilio, las fronteras, la xenofobia, la precariedad y la ruptura de los vínculos aparecen como heridas abiertas que atraviesan los cuerpos y la memoria. Sin embargo, también se vislumbra la semilla de lo que vendrá: la descendencia, el futuro, la posibilidad de un nuevo arraigo. En ese tránsito, el cuerpo poético se convierte en territorio de resistencia y de esperanza.

La voz de Esther Abellán —pulida a lo largo de una trayectoria sólida y coherente— se muestra aquí madura, consciente de su potencia expresiva. Una voz que no calla, que desnuda el sufrimiento y la impotencia, pero que no renuncia a la luz. El desierto que recorre el libro es el del maltrato y la violencia, la tierra calcinada donde nada parece reverdecer. Y, sin embargo, incluso en ese paisaje extremo, la poesía abre una grieta por la que entra el aire.

Puerto sin mar es un poemario necesario. Un libro que invita a la reflexión y a no mirar hacia otro lado; que utiliza la metáfora con precisión y belleza para generar empatía y conciencia. Un viaje por territorios difíciles y, por ello mismo, imprescindibles. Porque, a veces, solo atravesando el desierto es posible encontrar —o construir— un nuevo horizonte.


Octavio Jover Rubio

(Elda, Alicante, 1974)

es poeta y gestor cultural. Autor de varios poemarios, entre ellos Mis estaciones de ti, La memoria del agua y Erótika, ha participado también en proyectos de narrativa experimental con el colectivo Gramática Parda. Su escritura se caracteriza por una fuerte carga emocional y una mirada comprometida con la experiencia humana.

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