Poesía en GAFE: Alma Karla Sandoval
Lee “Intraphylum”, un poema feroz y revelador de Alma Karla Sandoval. Desde la intimidad, la crítica y la poesía del cuerpo, la autora mexicana nos entrega un texto implacable y conmovedor.

Intraphylum por Alma Karla Sandoval
Introducción editorial
La voz de Alma Karla Sandoval irrumpe con una intensidad feroz, lúcida y profundamente humana. En el poema “Intraphylum”, la poeta mexicana no enumera hombres: los disecciona con ironía, rabia, ternura, memoria y un poder de observación que no da tregua. Aquí, el amor y la violencia se entrelazan, así como el deseo, el cuerpo y la decepción.
Sandoval, reconocida por su trayectoria poética y su mirada feminista, construye un poema-catalogación que va más allá del inventario sentimental: es una genealogía de vínculos, una crítica íntima al poder, al género, al abandono y al sobrevivir. Cada verso es una trinchera de sentido.
Beatriz Giovanna Ramírez
Poema completo
Intraphylum
por Alma Karla Sandoval
Hay quienes te callan antes del coito.
Quienes no resisten el alcohol ni la verdad.
Quienes te sueñan en un paisaje de Machado.
Quienes exigen que hagas las paces con el mundo.
Hay los que lloran por un juguete y por su madre.
Quienes matan serpientes con otro verso de Salinas.
Los que cuidas, pero es más dulce un amor imposible
que el amargo placer de tu talento.
Los que embarazan a otra pensando en ti.
Quienes mienten viajando a jardines ficticios.
Los que prefieren que no grites cuando tienes un orgasmo.
Los que hablan de libros que no lees.
Los que nunca van al punto.
Los que leen los libros que quemaste.
Los que aman a dios violando al diablo.
Los que viven para impresionar al universo.
Los que saben cuánto falta para adormecerte,
de esos nunca escapas, se van con su tic tac.
Los que sienten asco por tu clítoris.
Los que extrañas como a un manzano.
Los que huyen, te saben terremoto.
Los que necesitas en diciembre.
Los que compran buen vino granate y muelen el café con niebla.
Los que sí saben bailar y escribir una carta que no envían.
Hay quienes abren su maleta y te regalan la aurora boreal.
Los que no quieres compartir, pero eres compartida.
Los de un poema sin después.
Los que empujan.
Los que ya no sabes cómo se apellidan.
Hay quienes te rompen poco a poco
y pasan la voz de lo celestial de hacerte daño.
Hay quienes no se rinden hasta que te rindas
y eres tú quien los destruye.
Hay quienes no deseas volver a ver, pero los sigues esperando.
Pocos limpian la casa o lavan la copa
donde servían una falsa comprensión.
Hay quienes compran un gato y un perro para que los recuerdes.
Hay quienes se quitan la máscara y son su padre.
Hay los tristes, los crueles, los lisiados, los ladrones,
los que cultivan rosas azules o insisten en llevarte a su país.
Los que te dejan el condón adentro.
Los que duermen en pijama.
Los que se quitan el reloj.
Los que se afeitan sin máquina.
Los que te infectan también la mente.
Los que evitan los espejos.
Los que no quieren decir que son muy pobres.
Los que abren un melón para encontrar una semilla negra.
Hay los extranjeros que no duran, serán extranjeros para siempre.
Los que regresan.
Los que persigues.
Los que van contigo hasta la orilla y no se suben al barco.
Los que te dejan sola en los velorios.
Los que se levantan del sillón en la terapia.
Los que te defienden a lo lejos.
Los que te transforman en lobo.
Los que quieren saber cómo sobreviviste.
Los que sufren porque no te aniquilaron.
Los que no te soportan.
Los que desean que encuentres el tesoro.
Hay uno o dos que sí te escuchan.
Quienes acarician el cadáver de un ciervo blanco.
Quienes rescatan.
Quienes te llaman a costa de sí mismos.
Quienes perdonan.
Hay hombres que fueron ese capullo que rompiste.

