Poemas de Al Berto y una nota breve de intenciones; por Antonio Arroyo Silva

Hablar de Al Berto o del poeta portugués Alberto Raposo Pidwell Tavares son palabras mayores. A pesar de haber empezado a publicar en libro en 1977 (Á procura do vento num jardim de agosto- En busca del viento en un jardín de agosto) ya es considerado en Portugal un poeta importante.

UNA NOTA BREVE DE INTENCIONES

Hablar de Al Berto o del poeta portugués Alberto Raposo Pidwell Tavares son palabras mayores. A pesar de haber empezado a publicar en libro en 1977 (Á procura do vento num jardim de agosto- En busca del viento en un jardín de agosto) ya es considerado en Portugal un poeta importante.

Hablar de Al Berto o del poeta portugués Alberto Raposo Pidwell Tavares son palabras mayores. A pesar de haber empezado a publicar en libro en 1977 (Á procura do vento num jardim de agosto- En busca del viento en un jardín de agosto) ya es considerado en Portugal un poeta importante. Tuvo una juventud ambulante y conoció los bajos fondos de Bruselas, París y Barcelona. Su poesía refleja una visión del mundo marginal y manifiesta con lucidez, ternura y pasión la experiencia de la transgresión sexual y la soledad de un vértigo autodestructivo. El crítico Helder Moura Pereira sitúa la poesía de Al Berto «entre la subjetividad romántica y la despersonalización modernista». En su vasta bibliografía sobresale el volumen póstumo O medo (Asiria e Alvim, 1998) que compila toda su obra.

No soy traductor, sino poeta y estudioso del hecho poético. Por otra parte, soy lector (que no hablante) de la bella lengua portuguesa. A lo largo de estas lecturas y consultas al diccionario y a mis colegas brasileños y portugueses he apreciado que, a pesar de la similitud entre ambas lenguas y ambas maneras de poetizar, no ocurre lo mismo con el léxico (y, por extensión, con la semántica) y mucho menos con la sintaxis y la manera de imágenes y metáforas.

Nunca había leído a Al Berto, solo de manera parcial, a través de algunas páginas de Internet o de aportaciones de otros poetas de Canarias que por muchas razones estuvieron cerca del poeta. Sabía que existía una traducción íntegra de O medo que la Universidad de Salamanca encargó a la editorial Pre-Textos; pero no llegó a mis manos hasta hace bien poco. Algunos autores posicionan a Al Berto como el paradigma de la poesía homo-erótica, junto con Kavafis, Cernuda, etc. Yo que creo firmemente que la poesía no debe estar sujeta a limitaciones de este tipo, sitúo a Al Berto (y a los demás poetas mencionados) dentro de la gran Poesía Universal, a pesar de los signos y de las claves que aporta. Precisamente el tema de la rebeldía es la mayor aportación del romanticismo alemán. Rebeldía contra el orden establecido y también contra la palabra que son reflejo de dicho status quo. Rebeldía que supone una acción cambiante contra los nuevos órdenes que se presenten a lo largo de las generaciones. Nuestro poeta recoge con pie firme esta herencia. Sus circunstancias personales saben ir más allá y abordan las circunstancias de la humanidad (la humanidad siempre es marginal) de todos los tiempos. Un quebramiento con la realidad impuesta que impulsó a Alberto Pidwell a romper su propio nombre (de ahí Al Berto y a escribir todo con minúsculas y sin apenas signos de puntuación.

No quiero extenderme ahora demasiado, pues se trata de una breve nota que justifique la traducción de estos poemas que les presento a continuación. ¿Qué fue lo que realmente me impulsó a traducir a Al Berto además de lo ya dicho? El ritmo, el tono y la visión insular. Un poeta que espera como Penélope la llegada de su Ulises, sabiendo que ese Ulises es la muerte. Dice Jorge Rodríguez Padrón que en la visión insular, el río (en Canarias inexistente) no simboliza la vida o la muerte. La muerte viene a la inversa, desde afuera a la orilla del mar. Y ahí estuvo Al Berto esperándola en Sines, tejiendo un tapiz con la mies de lino del cielo, como las bordadoras canarias, como las bordadoras portuguesas transmutadas a la poesía de ambas orillas.

POEMAS DE AL BERTO TRADUCIDOS POR ANTONIO ARROYO SILVA

SALSUGEN

ha de flotar de la vida una ciudad del crepúsculo
pensaba yo…qué felices serían las mujeres
junto al mar inclinadas a la luz silenciosa
remendando el paño de las velas atisbando el mar
y la lejanía del amor que se ha embarcado

a veces
se posaba una gaviota en las aguas
otras era el sol el que confundía
y un dardo de sangre se extendía a la mies de lino de la noche
esos días lentísimos…sin nadie

y nunca me dijeron el nombre de aquel océano
esperé sentada en la puerta…dante escribía cartas
me ponía a mirar la línea del mar al fondo de la calle
así envejecí…creyendo que algún hombre al pasar
se asustaría por mi soledad

(años más tarde, recuerdo ahora, creció una perla en mi corazón; pero estoy solo, muy solo, no tengo a quien dejársela)

hubo un día
que nunca más vi ciudades crepusculares
y los barcos dejaron de hacer escala en mi puerta
me inclino de nuevo al paño de este siglo
recomienzo a bordar o a dormir
qué más da
siempre tuve dudas de si alguna vez me visitó la felicidad



cuerpo

cuerpo
que te sea leve el peso de las estrellas
y de tu boca irrumpa la inocencia desnuda
de un lirio cuyo tallo se extienda y
ramifique más allá de los cimientos de la casa

abre la ventana mírate
deja que el mar inunde los órganos del cuerpo
se propague el fuego en la punta de los dedos y toque
levemente lo que debe ser preservado

miro mis manos y leo
lo que el viento norte escribió sobre las dunas

me levanto del fondo de ti humilde llama
y en un sollozo de la respiración sé que estoy vivo
soy el epicentro del mundo

y al anochecer

y al anochecer adquieres nombre de isla o de volcán
dejas vivir sobre la piel a un niño de fuego
y en la fría lava de la noche preparas el cuerpo
para la paciencia el amor el abandono de las palabras
el silencio
y el difícil arte de la melancolía

falso retrato de andy warhol

no pienso
transcribo conversaciones telefónicas o hablo
con la noche de new york
o no hablo y grabo la voz de los otros filmo
obsesivamente la muerte
o no filmo y multiplico sillas eléctricas
me excito 
soy el centro del mundo de los otros y
no existo
o es que la vida  me atraviesa el sexo
y finjo la muerte o brillo
como el diamante


(LAS MANOS)

Las manos presienten la ligereza roja del fuego
repiten gestos semejantes a corolas de flores
vuelos de pájaro herido en el marullo del alba
o quedan así azules
quemadas por la edad secular de esta luz
encallada como un barco en los confines de la mirada

yergues de nuevo las cansadas y sabias manos
tocas el vacío de muchos días sin deseo y
el amargor húmedo de noches y de tanta ignorancia
tanto oro soñado sobre la piel tanta tiniebla
casi nada.

Nota final: Al Berto dejó establecido en su testamento que sus archivos, notas etc. no se abrieran sino cuando pasaran 20 años tras su muerte. En el 2017 se cumplía ese intervalo. Véase en este enlace

Estas traducciones fueron realizadas a partir de los textos originales tal como los recoge la Biblioteca Nacional de Portugal en versión digital.

Antonio Arroyo Silva

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