“Pisa en este poema o en todos los del mundo”, breve crónica de un texto inédito de Peri Rossi. Por Alma Karla Sandoval

No llega a su homenaje en Casa América Catalunya. La decepción se amortigua con un poema inédito que Cristina Peri Rossi envía junto con una carta disculpándose. Dice que tose, “el asma y la vejez nada tienen de hermoso”. Pero su escritura sí porque leyéndola dan ganas de hacer el amor, según Elena Poniatowska. Unas ganas feroces como la poesía que también es ficción en palabras de la uruguaya a una de las ponentes, Sara Torres, quien recordó dicha sentencia en otra carta a esa entonces joven escritora.

Cristina Peri Rossi

No llega a su homenaje en Casa América Catalunya. La decepción se amortigua con un poema inédito que Cristina Peri Rossi envía junto con una carta disculpándose. Dice que tose, “el asma y la vejez nada tienen de hermoso”. Pero su escritura sí porque leyéndola dan ganas de hacer el amor, según Elena Poniatowska. Unas ganas feroces como la poesía que también es ficción en palabras de la uruguaya a una de las ponentes, Sara Torres, quien recordó dicha sentencia en otra carta a esa entonces joven escritora.

No llega a su homenaje en Casa América Catalunya. La decepción se amortigua con un poema inédito que Cristina Peri Rossi envía junto con una carta disculpándose. Dice que tose, “el asma y la vejez nada tienen de hermoso”. Pero su escritura sí porque leyéndola dan ganas de hacer el amor, según Elena Poniatowska. Unas ganas feroces como la poesía que también es ficción en palabras de la uruguaya a una de las ponentes, Sara Torres, quien recordó dicha sentencia en otra carta a esa entonces joven escritora.

     Que se pueden decir mentiras piadosas o no en los versos, es algo que también yo habría querido saber antes. Así hubiera evitado la resignación de la correspondencia de Rilke al señorito Kappus. Así habría contado con suficiente oxígeno durante dos décadas escribiendo poemas innecesariamente desnudos. Habría deseado, asimismo, entender que exiliarse no solo significa cambiar de país, sino abrazar la ausencia amorosa. Pero entonces habría tenido que aceptar una cadena innombrable de desarraigos también lingüísticos: “Durante ese año, yo no había tenido conciencia del aislamiento, de la separación, de la extranjeridad. Tu compañía, el amor me habían protegido de esa angustia. Vos eras mi ciudad, mi país, mi lengua, mi pasado, mi familia, mis alumnos, las calles que conocía, el río grande como mar, mis libros, mi música, mis objetos preferidos como aquella pequeña brújula que siempre llevaba en el bolsillo”, escribe Peri Rossi en La insumisa, la más reciente de sus novelas de corte autobiográfico donde la niña, la joven y la adulta narran una épica del deseo de la escritura a la piel y viceversa.

    Las puntadas con las cuales este premio Cervantes 2021 une textos de diferentes etapas son invisibles. Corresponden al expertise de un trabajo sobre el cual se han pensado tesis, así como ejecutado dulces ritos de paso hetero u homosexuales. Quiero decir, lectores que “pierden” la virginidad ganando vida gracias a la letra. Eso, además de una trayectoria con solvencia moral y escritural, es lo que se premia finalmente. Le llamo rumor libre, sexi y apasionado en la temperatura de su palabra: “Y de pronto, todo eso me abandonó. No me había abandonado el veinte de octubre de mil novecientos setenta y dos[1], cuando Cristóforo Colombo rompió amarras; me abandonó el treinta de septiembre del año siguiente, cuando nos separamos para siempre y yo, en una banco de la calle Balmes, comprendí que el exilio no era solo cambiar de espacio, el exilio era separarse de la persona amada, dejar de hablar la misma lengua (los enamorados y las enamoradas tiene su propia lengua, cambiar de amor es cambiar de diccionario y dejar un amor en perder un dialecto)”, lee en voz alta la actriz en el homenaje donde Peri Rossi no está, pero aparece para disparar con todo lo que tiene en un poema inédito que cimbra, sacude al canon desde su aorta exiliada, pero también feminista, combatiente. Un poema con ironía contemporánea. A eso nos referimos, señoras y señores, cuando desde el campo semántico del editopatriarcado, quienes hacemos crítica literaria sostenemos que la poesía ya es otra cosa, por lo mismo debe quebrar los criterios estéticos decimonónicos, machistas, tangenciales y, sobre todo cómplices, que aún persisten hegemónicamente. Ante ello, Peri Rossi saca su fusil. Luego dispara:

Reflejos

Escribo poemas, converso, cuento cuentos, veo películas.

Ah, el poema de León Felipe en Auschwitz,

en la soledad de un niño muerto de frío

rumbo al matadero igual que un pollo pelado se callan todos los violines.

Escribo poemas, converso, veo películas,

¡qué bella y melancólica Mónica Vitti

paseándose en la inmensa soledad de una enorme nave industrial

donde no se escucha más que el ruido de motores, el desierto rojo!, Antonioni.

¡Qué estremecedora belleza la de ese hombre solitario

de espaldas frente a la inmensidad del cielo y del mar!, Caspar David Friedrich.

Cristina Peri Rossi

Poema inédito

Reflejos

Escribo poemas, converso, cuento cuentos, veo películas.

Ah, el poema de León Felipe en Auschwitz,

en la soledad de un niño muerto de frío

rumbo al matadero igual que un pollo pelado se callan todos los violines.

Escribo poemas, converso, veo películas,

¡qué bella y melancólica Mónica Vitti

paseándose en la inmensa soledad de una enorme nave industrial

donde no se escucha más que el ruido de motores, el desierto rojo!, Antonioni.

¡Qué estremecedora belleza la de ese hombre solitario

de espaldas frente a la inmensidad del cielo y del mar!, Caspar David Friedrich.

Pero ayer, un hombre acechó a una niña de trece años

en el rellano de la escalera del edifico donde vivían,

la acechó, la violó y la mató mientras su padre la esperaba abajo

solamente a metros de su casa y su madre, la del asesino,

moría de cáncer en un hospital.

Él también tiene una hija de la misma edad, trece años.

Y aquí que se calle papá Freud, que se calle abuelo Jung

y mamá Kristeva. Aquí, que se callen Borges y Cristina Peri Rossi

que prefieren el reflejo de la vida en el arte que la vida misma

porque en el arte se sufre con belleza y no sé qué belleza pudo percibir

la niña de trece años empalada, crucificada por un matón.

En la vida, en cambio, se sufre con mugre, quebrantahuesos,

trapos sucios, gritos, muros que caen, sangre por los pasillos,

cuerpos desgonzados y miembros rotos.

Eh, ten cuidado, no vayas a pisar un útero descuajado por suelo

ni una cabeza cortada. Pisa este poema o todos los de este mundo,

y se sufrirá menos o nadie sufrirá.

Y si el origen de este poema está en el cromosoma Y,

que hace hombres a los hombres, diferentes a las mujeres,

por favor, fabriquen robots sin cromosoma Y.

Entonces, quizá, podemos amar algo más que el reflejo de la vida.

Cristina Peri Rossi


[1] La autora se refiere al año de su exilio, 1972; no al del supuesto descubrimiento de América, 1492. Se trata de un juego retórico.

Alma Karla Sandoval

Columnista

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