Otto René Castillo | Poesía y compromiso en GAFE

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La poesía de Otto René Castillo nace del amor, la esperanza y el compromiso con la dignidad humana. Sus versos, atravesados por la ternura y la conciencia social, recuerdan que la poesía puede ser también una forma de resistencia frente a la injusticia. Leerlo hoy es descubrir una voz que sigue interpelando al presente.

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Ilustración editorial creada con inteligencia artificial para la revista GAFE, inspirada en la obra y el imaginario poético de Otto René Castillo.

Otto René Castillo

Breve semblanza biográfica

Otto René Castillo nació en Quetzaltenango (Guatemala) el 25 de abril de 1936. Tras el derrocamiento del gobierno de Jacobo Árbenz en 1954, se exilió en El Salvador, donde inició una intensa actividad literaria y política.

En 1957 regresó a Guatemala para estudiar Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de San Carlos. Gracias a su brillante expediente obtuvo el premio «Filadelfo Salazar» y una beca para estudiar Letras en Leipzig, en la entonces República Democrática Alemana. Posteriormente se incorporó a la Brigada Joris Ivens, dedicada a la realización de documentales sobre los movimientos de liberación latinoamericanos.

De regreso a Guatemala dirigió el Teatro Experimental de la Municipalidad y mantuvo una activa militancia política. En 1966 regresó clandestinamente al país para integrarse en las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR). En marzo de 1967 fue capturado junto a su compañera Nora Paiz. Ambos fueron torturados y asesinados el 19 de marzo de ese mismo año.

Su obra, reunida póstumamente, ocupa un lugar fundamental en la poesía latinoamericana del siglo XX por la intensidad con que une la experiencia amorosa, la esperanza y el compromiso con la libertad.


POEMAS


Extraídos de «Poesía» Casa de las Américas, 1989

Duele menos estar solo

Creo
que duele menos
estar solo
con tu recuerdo,
bajo este cielo
duro,
bajo este viento
espeso,
bajo miradas
agudas
que preguntan:
«¿Por qué sufren
tus manos
en las tardes’?
«¿Por qué no vienes,
sin la hoguera
de su pecho
lejano,
y te diviertes
con nosotras?»

Poder
asirse el alma
sería eso.
Y renunciar
para siempre
al sitio
donde me espera
el viento
acariciando tus cabellos.

Lo sabes.

Contigo
no me cabe el mundo
en las venas.
Pero sin ti
soy demasiado pequeño,
para esta calle
de labios grises.
Créeme, tu ausencia quema,
alma mía.
Y tu recuerdo duele.
Ahora soy, por ejemplo,
el esqueleto
de una casa incendiada,
que se duele
en el fondo de la ceniza.
Y grito: «Llevadme llamas
con vosotras, a cualquier parte.
No me dejéis ardido
de escombros.
Llevadme, en vuestros lomos,
porque me duele
el calvariento recuerdo
de los pájaros que cantaron
en mi techo, por las tardes.»

Y solo pasa el humo,
frente a mis manos
que claman sin escuchas.

Así todos los días
amante mía.

Créeme, pero me duele
más tu recuerdo,
amor mío,
que mi vencida soledad.


En invierno, una mañana

Juntos
hemos despertado
esta mañana de febrero,
y nos ha sorprendido
tanto el nupcial
andar de las horas,
que ambos exclamamos,
¡está nevando recio!
Y luego sonreím0s
un beso.

Ha nevado
toda la noche,
dices, y seguirá
nevando
en mí
toda la vida.
El invierno
comienza a envejecer
y suavemente bella
es su blancura,
pero ya nunca,
será bella para mí la nieve,
si con ella se acerca
un solo segundo
tu partida.

Tu rostro es, entonces,
más hermoso que nunca
y a él cae, hondamente
mi ternura,
esta mañana de febrero,
en la ciudad nevada
de Berlín.


Encuentro

Estábamos tan lejos el uno del otro.
Mares había entre nosotros.
Montañas y agua.
Fuego y viento.
Largos años
de oscura
desesperación
había entre nosotros.

Pero nos encontramos,
a pesar de todo,
porque la vida lo quería
ciegamente.


Pasa el viento en las calles…

Pasa el viento en las calles
igual que los enamorados
los tranvías y la vida…
Yo sé que la calle
tiene nostalgia de violencia
y que clama intachable en su deseo mi ventana,
pero la lluvia se aleja’ sollozando
como doncella excitada por un hombre desnudo.

Y el viento sigue en la ciudad pasando,
igual que los enamorados,
los tranvías y la vida…

Y yo antorchándome de nuevo el cuerpo
y parlando de frente con mi sombra,
junto a mis libros bohemios de lecturas,
acompañándome una lámpara
enemistada
para siempre con las sombras
y un reloj judicial que dicta
sobriamente
la muerte del diálogo y del tiempo.

Y sigue el viento en la ciudad pasando
igual que los enamorados
los tranvías y la vida,
arrastra un papel, levanta una hoja,
seca una lágrima de amor y asusta un beso
acompaña al triste hasta su casa,
le pone alas a la medianoche,
sopla cruel en las pupilas de la embriaguez
que agranda la sinceridad del hombre y de su anhelo
devuelve su risa al que reencontró su sueño.

Y sigue en la ciudad pasando,
igual que los enamorados,
los tranvías y la vida…


Tulipanes rojos


IV

Pecho adentro,
en los tulipanes rojos,
la primavera se alegra
cuando digo:
«¡Qué gesto más tulipán
has tenido este día,
amor mío!»,
y me quedo besando
hondamente
la bondadosa ternura
de tus manos,
mientras hundes,
de seguro,
lo azul de tu mirada
en el áspero abismo
de mi rostro.


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