Marco Antonio Campos: poesía, memoria y lucidez

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Marco Antonio Campos (Ciudad de México, 1949) es poeta, ensayista, narrador y traductor. Su obra transita entre la melancolía y la memoria, la ironía y el desencanto, con una mirada lúcida sobre el amor, la historia y la pérdida. Entre los poetas contemporáneos mexicanos, su voz destaca por su claridad, su sentido narrativo y su hondura emocional, donde el poema es siempre diálogo entre vida y palabra.

Marco Antonio Campos - Por Francisco Campos Álvarez T - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42811692

Marco Antonio Campos - Por Francisco Campos Álvarez T - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42811692


MARCO ANTONIO CAMPOS

Biografía


Nació en la Ciudad de México, el 23 de febrero de 1949.
Cronista, ensayista, narrador, poeta y traductor. Ha sido profesor de Literatura en la UIA (1976-1983); lector huésped de las universidades de Salzburgo y Viena (1988-1991); profesor invitado de Brigham Young University (1991) en las universidades de Buenos Aires y La Plata (1992) y la Universidad de Jerusalén (2003); jefe de redacción de Punto de Partida; director de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural; director en dos épocas de Periódico de Poesía, investigador del Centro de Estudios Literarios del IIFL de la UNAM y coordinador del Programa Editorial de la Coordinación de Humanidades de la UNAM.
Colaborador en distintas épocas de Confabulario (suplemento literario del diario El Universal), La Jornada Semanal (suplemento literario del diario La Jornada), La Semana de Bellas Artes, Periódico de Poesía, Proceso, Punto de Partida, Revista Universidad de México, Sábado (suplemento literario de Unomásuno) y Vuelta.
Premio Diana Moreno Toscano 1972, a la promesa literaria. Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 1992 por Antología personal. Medalla Presidencial Pablo Neruda otorgada por el Gobierno de Chile en 2004. Premio Casa de América 2005 por Viernes de Jerusalén. Premio del Tren Antonio Machado 2008 por su poemario Aquellas cartas. XXXI Premio Internacional de Poesía Ciudad Melilla 2099, por su obra Díme dónde, en qué país. Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2010, por el conjunto de su obra poética. Premio Nacional de Letras Sinaloa 2013. Premio Lèvres Urbaines 2014, otorgado por el Festival de Poesía de Montreal, en Canadá. Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Nuevo León en 2014. Premio Anton Pan 2019, otorgado por el Festival Internacional de Poesía de Bucarest. Premio Juan José Arreola 2019, otorgado por la Fundación Cultural Puertabierta A.C.
Ha traducido la obra de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, André Guide, Roger Munier, entre otros.

Fuente: https://www.elem.mx/autor/datos/179


POEMAS

Cine ermita

Claro y caro era el mundo para él.
Claro e insólito el filme con la figura del héroe.
Combatiente o artesano, trapecista o estudiante,
da lo mismo, y no importa.
La primera película inicia
a las cuatro veintiocho de la tarde,
y los rasgos del niño se transfiguran en héroe,
y da lo mismo, y qué importa, bailar a lo
Astaire 0 lo Kelly, ser vaquero a lo Wayne,
el gran chulo a lo Gassman.
Relatos e historias (no lo ignora el niño)
se han hecho para él,
y en qué forma, y formidablemente, claro.
Ríelo y llóralo en el melodrama nacional,
extravíalo de frente y de perfil en el perfil
italiano de Gina Lollobrigida o en la alba
desnudez de Carrol Baker,
abúrrelo con Disney o con filmes
donde el protagonista es elefante o perro,
diviértelo, en fin, del todo, distráelo, en fin
-mientras afuera, sobre Revolución,
se lee en enormes letras: CINE ERMITA,
y el tren eléctrico color pajizo enfila hacia
el sur,
y llueve,
y la larga lluvia de agosto
se alarga y cae desde las goteras, y el agua
se mezcla en el pavimento oscuro
con el lodo o con aceite blando o espeso,
y en el asiento trasero del tren eléctrico
despierta el niño, se despereza, y mete
el dinero en el bolsillo roto del pantalón.

De «Poesía reunida» 1970-199


1.Cuando niños somos todos los niños que fantasean y sueñan.
Cuando adultos somos un adulto pero con escasas fantasías y escasos sueños.

  1. En la juventud se sueña que se puede soñar,
    pero en la madurez sólo enfrentamos nuestra realidad marchita
    repitiendo para engañarnos la palabra utopía.
  2. En la madurez caminamos sobre las sombras
    de nuestros grandes sueños.
  3. En las familias acomodadas hay ascendientes -abuelos o tíos- que aman
    con más naturalidad a aquellos miembros e hijos de esos miembros que tienen poder y dinero.
    Los parientes pobres suelen ser pegotes molestos a los que se tolera con dificultad
    y con quienes se debe simular algún afecto.
  4. El pasado es el país de las imágenes rotas y las sombras despedazadas.
  5. Si en la niñez son los sueños puros y los juegos imaginativos;
    si en la juventud construimos castillos de ilusiones y palacios de utopías,
    ya adultos sólo aspiramos a conservar, desarrollar y recordar
    lo poco bueno que nos dio la vida.

De «Árboles» 2006



La muchacha y el Danubio

Como rama al romperse en el invierno blanco,
corazón lloró a la estrella; triste era el olmo,
y hace muchos años; cuánta fuerza y fiereza
en la adolescencia sin dirección, quién se atrevería
a decir: «Por aquí pasó el vendaval»; Dios creció
las ramas y cortó las hojas para que supiéramos
de la felicidad, si la luz pasa. ¡Ah el Danubio!
Estrella lloraba el corazón. Ella era agua
que sabía a vino; donde llegaba se oía
la luz. Era la estrella en el invierno blanco.
Era blanca y hermosa como el pueblo donde nació.
Ella me queda, me vive en mí, me llama
como un remordimiento.

De «Los adioses del forastero» 2002


Se escribe

                                                 a Michael Rossner

Se escribe contra toda inocencia
del clavel o el lirio, contra el aire
inane del jardín, contra palabras
que hacen juegos vacíos, contra una estética
de vals vienés o parnasianas nubes.
Se escribe abriéndose las venas
hasta que el grito calla, con llanto ácido
que nace de pronto pues imposible
nos era contenerlo, con luz dura
como rabia azul, quemado el rostro,
destrozada el alma, desde una rama
frágil al borde del precipicio,
Se escribe.

De «Los adioses del forastero» 2002


Una farsa sin mensaje

Delgada y tenue como hierba y ola
sus ojos de noche guardaban el misterio,
ya la verdad creía que todos, por su linda cara,
debían aguantarle todo por su linda cara.
Creía ser la reina, pedía ser la reina
-a veces lo logró entre bastidores-,
pero en el teatro o fuera de él
sólo admitía cumplidos
si lo decidía ella misma.
Trasfogaba su cuerpo una tierna dulzura,
solía encender la hoguera al llegar la noche,
pero al vislumbrar los pretendientes
sofocaba el fuego, y apenas si dejaba brasas
para el rey más tarde.
Bella como luna cortada en ferragosto,
bella como luna cortada a media luna,
su mirada guardaba misterios e ímpetu excitante
y anhelaba un reino más vasto que la noche.
Pero la noche más perfecta acaba.
Pero en la comedia más perfecta
hay de pronto contraluz, desliz palmario,
inadvertencia súbita. Una noche azul,
una noche de estrellas veraniega, una noche
de adiós sin golondrinas -sin frío, sin telón firme,
parada la tramoya, el entreacto a ciegas-,
un sandio inoportuno, un memo de esos
que asiste al espectáculo sólo
para aguar fiestas o dárselas de listo,
se levantó de la platea, marchó hacia el escenario,
y se dirigió a la reina sólo para decirle
que ya los pretendientes se habían ido,
y el rey era minúsculo.

De «Poesía reunida» 1970-1996


1968

Hay fechas que vuelven
como iluminación o niebla repentina.
Tú no sabías entonces que esa fecha
sería como cuña de plata en pleno oro.
Como una canción que niega hasta las lágrimas,
como una emoción que niega hasta las lágrimas,
te vuelven -se graban- dos imágenes,
se vuelven sagradas dos imágenes:
cuando entras al atardecer por 5 de Mayo
frente a Bellas Artes y la sensación
de la multitud en plaza del Zócalo
picoteada por miles de puntas de alfileres en luz.
Eso que no sabían definir los diecinueve años
la entiendes ahora en dos palabras:
Libertad y Sueño.
Pero la historia son momentos, dices,
y aquel adolescente no sabía, ¿cómo lo iba
a saber?, que México, en vez de engrandecerse
se precipitaría en un pozo ciego:
guerrillas, crímenes, desempleo,
una sociedad en grito, la esperanza,
la furia en la calle, la amarga decepción
por los traidores y los claudicantes,
repentinas luces, sueños que se volvieron
como trigo emponzoñado, el río revuelto
donde todo era la pérdida.
La historia echó a andar por las calles,
y muchos creyeron, viéndola tan cerca,
que podía cortejársele. Pero la historia no se hace
con buenas intenciones ni con halagos falsos,
menos con las manos sucias o llenas de sangre.
Pero te quedan de entonces dos imágenes
como rítmica plata en doble olivo,
como alondra cortada por la luna.

De «Los adioses del forastero» 2002


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