Manu Cáncer | Una semana, un poeta cierra 2025 en GAFE
Hoy cerramos el año y también un ciclo de Una semana, un poeta.
Durante 2025, la sección ha sido un espacio de lectura lenta, de memoria, de escucha y de encuentro con voces que nos acompañan más allá del calendario.
La poesía no termina con el año: continúa.
En 2026 seguiremos leyendo, compartiendo y sosteniendo la palabra como lugar de resistencia y de belleza.
Gracias por estar. Seguimos.

Fotografía de Manu Cáncer facilitada por la editorial Olifante. Uso con fines culturales y educativos.
UNA SEMANA, UN POETA
MANU CÁNCER
Biografía
Juan Manuel Cáncer Trincado, Manu Cáncer, nació en Bilbao en 1954 y falleció en Madrid en 2002. Se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Deusto, carrera que nunca ejerció.
Tras desarrollar variopintos oficios y ocupaciones en Bilbao, Barcelona, Ibiza y otras ciudades, residió en Madrid hasta su muerte.
Le apasionaban la historia y los viajes.
Publicó dos libros: ¡Grita! (1980) y Blues de todos los jueves (Ópera Prima, 1998).
Dejó inéditos el poemario Palabras que se mueven y varios textos en prosa.
Fuente: https://www.olifante.com/publicaciones/poes%C3%ADa-completa
POEMAS
Balada de la nota borrosa
Si por causalidad
encuentras
esta nota borrosa,
que alguien
te lea lo que dice.
Hoy
sólo soy un hombre
vencido por la noche,
hoy
sólo soy un hombre
o algo así,
caminando borracho por la carretera.
Soy un extraño para cualquier extraño y eso es todo,
pero, si por casualidad encuentras
esta nota,
quiero que sepas
lo que dice:
no
he sabido
olvidarte.
Dolor en primavera
Tú me miraste
cuando yo era
un mendigo,
tú me miraste así,
cuando estaba sin nadie.
Cuando pensé morir
tú
me miraste,
y eso fue
para mí
volver a casa:
aquella noche
tú me invitaste a entrar
y entonces me miraste.
Flor de barranco
Las flores de barranco
nacen sin más, cada mañana,
como esa flor,
tan terca y silenciosa,
sé que nace
mi amor
por ti
cada mañana.
La canción de todos los días
Yo vengo de un almendro y he venido
a despeinar
a esa muchacha.
A viajar
por los mapas de lluvia
y driblar a la muerte.
Llegaba
de un olivo y he venido
para desocupar la nada,
para vender palabras
con olor a tomillo;
yo vengo a resbalar
entre tus pechos con olor dulce a Oriente.
Vengo desde la vid y por suerte soy feo,
feo como la tierra:
mi corazón tiene una puerta
donde anidan
las lágrimas y cantan los jilgueros.
Sobre tu piel
llena de estrechos y llanuras
he venido. Vengo
desde un naranjo viejo
y camino el camino
de tus sobacos salados por el sol,
y de tu vientre
salto a tu paladar.
Soy como un saltamontes
en la temperatura de tu piel,
me siento como un pez
en el agua lentísima de las mareas de tu cuerpo.
Soy un gorrión que vuela
de los pesebres tiernos de tu boca
con dirección al libro de tus muslos.
Llegaba de un almendro
y ahora
resulta
que he venido.
La canción del viajero
Baila conmigo en esta noche,
salta,
grita,
y abraza,
sé latido
de vida y amor lento, muy lento,
vívelo
casi todo
en esta noche.
Moja mis quemaduras
Amor, amor, amor,
moja mis quemaduras
con una sola frase de esperanza sencilla,
una sola caricia
azul
de madrugada,
con una sola noche más.
Amor, amor, amor,
hazme vivir,
hazme resurrección callada,
amor, dame luz a beber, dame luz, dame luz,
dame coraje apasionado, háblame,
moja mis quemaduras
con una sola sílaba de esperanza,
una sola caricia
azul de madrugada.
Quiero volver del viento
Quiero volver del viento,
escrutar las palabras
y hablarte,
hablarte con mis manos llenas de cicatrices y regueros.
Quiero morir con los olivos,
silbar dentro de un grillo,
quiero morir
con los olivos.
Con el otoño intenso
me marcharé también,
seguramente caminando
por la desolación de grandes avenidas llenas de hojas,
con manos de naranjos encogidos.
Sé que voy a llorar,
llorar como hace tiempo,
llorar con los oídos, llorar con mis diez dedos,
sé que voy a llorar
hasta que me enronquezca el corazón,
hasta que yo -yo mismo-
sea otro.
Tu nombre y la sonrisa
Si últimamente he sido soñador
fue por sentirte,
por hablarte,
por despertar
junto
a tu boca.
Con eso me bastaba.
Por si cambio de nombre en esta noche,
créeme,
esto es todo
lo que puedo escribir
para ti.
Tu nombre (y tu sonrisa)
significan mi elipse
remendada:
créeme,
aquí están
todas las viejas lágrimas, las bromas
y también
las preguntas.
Vino de la mañana, dile que la he querido…
Vino de la mañana, dile que la he querido,
que la he querido con corazón de niño, de fe, de vagabundo,
dile que la he querido y mándale mis labios.
Ábrete paso
por entre sus cabellos,
resbala por su espalda,
hazlo como un susurro, vino de la mañana.

