Los «Novísimos» y los «Postnovísimos» por Juan Benito Rodríguez Manzanares

La historia de la poesía y de la poética a nivel mundial, al margen de que pueda estar compuesta con métrica y rima o no, o que pueda contener más o menos recursos poéticos, suele parcelarse y encuadrarse en lo que se ha dado en llamar «generaciones» y «corrientes poéticas», y de ambos casos tenemos numerosos ejemplos, aunque en esta ocasión nos centraremos en las generaciones de los «Novísimos» y los «Postnovísimos».

La historia de la poesía y de la poética a nivel mundial, al margen de que pueda estar compuesta con métrica y rima o no, o que pueda contener más o menos recursos poéticos, suele parcelarse y encuadrarse en lo que se ha dado en llamar «generaciones» y «corrientes poéticas», y de ambos casos tenemos numerosos ejemplos, aunque en esta ocasión nos centraremos en las generaciones de los «Novísimos» y los «Postnovísimos».

Antes de continuar, es preciso comentar que las generaciones de poetas o generaciones literarias, suelen ser propias de un país en concreto. Así podemos encontrar la Generación del 20 en Chile, la del 60 en Perú, la del 37 en Argentina, o las del 97, 14, 27, 50 o 68 en España, por citar algunas de ellas.

Y, con respecto a las corrientes poéticas, es preciso comentar que no en todos los países enraízan las mismas y en los que lo hacen, puede o no enraizarse en los mismos años, aunque lo más habitual hasta estos días de la globalización, es que no fuera en los mismos años.

Así, centrándome en España, para hablar de la generación de los «Novísimos», hemos de retrotraernos a la década de 1970. Pero a diferencia de las generaciones citadas, que nacieron por la alta concentración de grandes literatos con una pluma fina e iluminada dentro de una corriente que los envolvía y unía, los Novísimos nacieron de la publicación antológica llamada «Nueve novísimos poetas españoles» (del título de la antología nació el nombre de la generación) que publicó José María Castellet (1926-2014), y que por orden alfabético son:

José María Álvarez (1942), Félix de Azúa (1944, Guillermo Carnero (1947), Pere Gimferrer (1945), Ana María Moix (1947-2014), Vicente Molina Foix (1946), Leopoldo María Panero (1948-2014), Martínez Sarrión (1939) y Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003).

Estos novísimos poetas españoles, se caracterizaron por estar en contacto con las corrientes vanguardistas mundiales del momento; por estar en contacto con poetas franceses e ingleses del siglo XX; y en cierta manera influenciados por algunos poetas hispanoamericanos como César Vallejo (1892-1938), Octavio Paz (1914-1998) o Pablo Neruda (1904-1973).

Como la mayoría de las nuevas generaciones poéticas y literarias, los Novísimos buscaban distanciarse de los preceptos éticos de la poética anterior, buscando nuevas maneras de identificarse poéticamente. Además, defendían que la poesía social, muy cultivada por la «Generación de los 50», era ineficaz para cambiar el mundo, pues tan sólo servía para denunciar hechos y situaciones.

Pero la década de 1980 nos trajo una nueva generación que dejó a los Novísimos en el pasado. De hecho, a los poetas de la nueva generación, el poeta y crítico literario Luis Antonio de Villena (1951) les llamó los «Postnovísimos». Y, según el poeta y crítico literario José Luis García Martín (1950) fueron llamados «Generación de los 80».

Mas, lo cierto es que esta nueva generación de poetas, también viene dada por un poemario antológico que publicó la editorial Visor en 1986 bajo el título de «Postnovísimos», (en esta ocasión el título del poemario también dio nombre a esta generación de poetas) coordinada por el citado poeta Luis Antonio de Villena, la cual reunía a doce de los poetas de la época, que por orden alfabético son:

Leopoldo Alas Mínguez (1962-2008), Blanca Andreu (1959), Felipe Benítez Reyes (1960), Julia Castillo (1956), José Gutiérrez (1955), Julio Llamazares (1955), Miguel Mas (1955), Luis García Montero (1958), Ángel Muñoz Petisme (1961), Illán Paesa (pseudónimo o heterónimo de Villena), Jorge Riechmann (1962) y Rafael Rosado.

Estos poetas Postnovísimos defendieron la libertad absoluta del poeta a la hora de componer sus poesías, haciendo uso del verso libre, el cual a menudo unían a una disposición visual del poema para que este, además, fuera agradable a la vista. En su concepción de la poesía, se sienten atraídos por la poética de la Generación de los 50, apartándose en extremo de la tradición clásica castellana.

En ambas generaciones, además de los poetas citados en las antologías, tan sólo se unieron unos pocos poetas más a cada una de ellas. Esto nos da a entender de manera clara, cómo en ocasiones la publicación de un poemario antológico realizada por una persona con poder de influir en la decisión colectiva, puede marcar una generación poética o bien, una corriente o tendencia reconocida y admitida por todos y estudiada en los centros educativos.

Aunque lo habitual, como he citado al inicio del artículo, es que las generaciones y corrientes poéticas, surjan de manera espontánea.

Sea como fuere, lo cierto es que no nos debemos privar de la poesía de ninguno de los poetas citados y de sus contemporáneos, pues con todas ellas podemos pasar unos buenos momentos.

Para concluir, quiero compartir una poesía de cada uno de los grupos.

Así, de los Novísimos, compartiré un poema de Manuel Vázquez Montalbán.

Título: Inútil escrutar tan alto cielo.

Inútil escrutar tan alto cielo

inútil cosmonauta el que no sabe

el nombre de las cosas que le ignoran

el color del dolor que no le mata

inútil cosmonauta

el que contempla estrellas

para no ver las ratas.

Y de los Postnovísimos, compartiré un poema de Leopoldo Alas Mínguez

Título: El ángel y el vampiro

Pasé la vida entre vampiros y ángeles,

libando con paciencia los unos mi energía,

los otros trasvolando mis días más sentidos.

Todos los trances de luz fueron suyos:

al ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.

Al sol como en la sombra estuve ciego

y en el tránsito hacia el zenit, perdido.

Confundí las alas blancas con las capas negras.

Gusté, besando al ángel, los labios del vampiro.

Siempre acudí a la cita con lo eterno.

Cada vez que llamó, me encontraba.

Unas veces hermoso y otras veces oscuro,

el timbre de su voz me subyugaba,

la miel de su sonrisa me encendía,

y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro

y yo que nunca supe muy bien con quién bailaba.

Convido a todos los lectores a profundizar en estas dos generaciones, pues seguro que encontraremos verdaderas joyas que se afianzarán en nosotros y nos acompañarán para siempre.

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