La Presidenta de Georgia contra la “Ley Rusa”

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Salomé Zourabichvili se opone a una normativa que considera una amenaza para la democracia y la integración europea del país.

El sábado, la Presidenta de la República de Georgia, Salomé Zourabichvili, anunció que vetaba la que el país entero conoce como la ley rusa. En una rueda de prensa, con un tono serio y solemne, la Jefa de Estado explicó sus motivos:

“Esta ley, en esencia y espíritu, es fundamentalmente rusa. Contraviene nuestra constitución y todos los estándares europeos. Por ello representa un obstáculo en nuestro camino europeo. Este veto […] será entregado hoy al parlamento. Para esta ley no se proponen cambios o mejoras, haciendo así más fácil el veto. Esta ley debe ser rechazada.”

Cuando habla de un “veto fácil”, Zourabichvili hace referencia al parlamento. Quiere decir que para los diputados este veto será fácil de resolver. Las peculiaridades del veto presidencial en Georgia, reguladas en el art. 68 de su constitución, disponen que, una vez la Presidencia recibe un proyecto de ley aprobado por el parlamento, dispone de 10 días para firmarlo o devolverlo al parlamento con una serie de comentarios o recomendaciones.

La naturaleza de estos comentarios admite muchas modalidades, desde sugerencias técnicas, modificaciones aisladas, a modificaciones sustanciales o, como en este caso, recomendar que el parlamento revoque su decisión y anule la ley. Notificado el veto, con los comentarios de la Jefatura de Estado, la constitución prescribe que los diputados debatan acerca de los mismos y decidan se aprueban de nuevo la versión original de la ley, o bien, introducen algunos o todos los cambios propuestos.

Como dice la Presidenta, cuando la propuesta del veto es: “retirad la ley”, el debate se vuelve mucho más sencillo. No hace falta discutir sobre tecnicismos o modificaciones parciales. La votación parlamentaria se reduce a un todo o nada.

Sin embargo, hay que aclarar que el veto presidencial georgiano es bastante débil, si lo comparamos con el de, por ejemplo, Estados Unidos. Cuando la Casa Blanca veta una ley, las cámaras del Congreso únicamente lo pueden sortear por mayoría cualificada. En Georgia, en cambio, si la ley vuelve aprobarse por mayoría simple, la Jefatura de Estado deberá firmarla y, si aún así se niega, el Presidente del Parlamento podrá firmarla en su lugar.

Esto es coherente con la naturaleza constitucional de Georgia, una república parlamentaria, cuyo Presidente ostenta unos poderes muy limitados, simbólicos en su mayoría, recayendo en el Primer Ministro la gobernanza efectiva del país. Teniendo en cuenta que la coalición de gobierno mantiene una sólida mayoría absoluta en el Parlamento, todo apunta a que la ley se mantendrá, salvo defecciones inesperadas.

¿Pero por qué genera tanto revuelo esta ley? No se trata únicamente del conflicto institucional, sino que las manifestaciones populares contra esta norma siguen incesantes desde que se propuso en el parlamento. Más importante aún, ¿por qué se la llama “ley rusa”?

Las relaciones entre Georgia y Moscú son bastante tensas, después de que, en 2008, Rusia invadiera algo más de un tercio del país, correspondiente a las regiones de Abjasia y Osetia del Sur. Emulando la jugada que repetiría años más tarde en Crimea, Lugansk y Donetsk, reconoció la independencia unilateral de ambas regiones y después las ocupó militarmente.

Esto no ha impedido que, en los últimos años, algunos georgianos sientan simpatías hacia Rusia. ¿Motivos? Casi imposible enumerarlos. Algunos nos remontarían a sentimientos de hermandad anteriores a la mismísima URSS. No obstante, en la vertiente más pragmática, muchos georgianos sienten que sus intentos por acercarse a la UE caen saco roto. La adhesión al club comunitario sigue siendo una realidad lejana.

La UE justifica que no puede dejar entrar a ningún miembro que no controle efectivamente su propio territorio, en referencia a Abjasia y Osetia del Sur. Entre los georgianos esto se percibe como una excusa de poca monta. Después de todo, que Chipre no controle la mitad de su territorio no impidió su entrada en la UE en 2005 ¿verdad? En la misma línea, los georgianos creen que ellos sufrieron una agresión similar a la de los ucranianos, sin que la UE haya movilizado los recursos bélicos, financieros y político-diplomáticos que sí ha empleado en ayudar a Kiev.

No deja de ser contradictorio que, como la UE no te ofrece protección, te eches en brazos de tu agresor. En defensa de Bruselas, no hemos de omitir que Georgia se ha beneficiado de numerosos planes de ayuda económica, cuya eficacia se ha visto torpedeada por la corrupción endémica que asola al país. Tal vez, este sea el principal problema real para avanzar en el proceso de adhesión.

En el caso concreto de la “ley rusa” esta norma pretende obligar a todas las ONG y medios de comunicación independientes que reciban financiación extranjera a inscribirse en un registro. Aquellas que reciban más de un 20% de los ingresos extranjeros, pasarán a ser consideradas como entidades que defienden los intereses de una potencia extranjera.

Nótese que la ley no distingue si los fondos vienen de gobiernos extranjeros, de empresas o particulares. Por daros un ejemplo, si una ONG de ayuda a la infancia que opera en Georgia, tipo Save the children, recibe el 20% de sus ingresos de donativos de socios extranjeros, automáticamente se la pasa a considerar como organización que defiende los intereses de una potencia extranjera. ¿Surrealista no?

Putin aprobó una ley similar hace años para primero controlar y luego justificar la disolución de las ONG y de los medios de comunicación independientes. De ahí que la ley se vea como un efecto de la influencia rusa y un claro intento del gobierno georgiano se aproximarse a la órbita del Kremlin. Aunque sin duda la medida disfruta de algunos partidarios, las calles de Georgia se hayan inflamado contra la aprobación de esta ley.

Todo apunta a que su aprobación será una realidad en las próximas semanas. Sin embargo, aún puede verse tumbada ante el Tribunal Constitucional de Georgia. Además, en el medio y largo plazo puede costarle al gobierno las próximas elecciones…, si es que son unas elecciones libres, otro fantasma del que el país caucásico no acaba de librarse.

Equipo de Redacción

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