La materia que refulge: una invocación poética en Casa Figueretes
La materia que refulge, de Marta Blanco Fernández (Uma), es un poemario que explora la memoria ancestral y la espiritualidad femenina. Su presentación en Casa Figueretes se convirtió en un rito poético que destacó la fuerza simbólica y emocional de la obra.

Reseña de la presentación de Marta Blanco Fernández (Uma)
Por Revista GAFE — 6 de diciembre de 2025
El pasado 28 de septiembre de 2025, Casa Figueretes (Finestrat) se convirtió en un espacio de intimidad y resonancia poética durante la presentación de La materia que refulge, la obra más reciente de Marta Blanco Fernández, Uma, en el marco del ciclo Escritores Independientes Marina Baixa.
El acto, cálido y profundamente simbólico, reunió a lectoras, autores y amantes de la palabra que buscaban más que una lectura: un encuentro con una poética que bordea lo espiritual, lo mítico y lo corporal desde una sensibilidad exquisita.
Una obra que es rito, memoria y cuerpo
La materia que refulge no es un poemario que se limite a nombrar el mundo: lo convoca.
Desde la primera página, la autora crea un territorio donde la figura de la Gran Madre —la divinidad femenina, plural y ancestral— se despliega como origen, refugio y vértice simbólico de la experiencia humana.
Blanco Fernández escribe desde un lugar en el que la espiritualidad y la investigación se abrazan. Su voz, más que narrar, abre un umbral: un espacio donde la mujer, el cuerpo, la herida y la memoria son capaces de transformarse en materia luminosa.
La lectura de María Meilán: una llave hacia el corazón del libro
La presentación estuvo marcada por la lectura de un texto especialmente preparado por María Meilán, cuya sensibilidad dialogó de manera impecable con el imaginario del libro.
Meilán no presentó la obra: la encendió.
Su lectura destacó la densidad simbólica del poemario, sus raíces en las genealogías femeninas y la manera en que la autora recupera voces silenciadas por la tradición, las religiones hegemónicas o el propio olvido cultural. En su voz, los poemas se escucharon como un ritual de reparación: una invitación a mirar la sombra sin miedo y a reconocer en ella una forma de luz.
Un evento que reafirma el valor de la poesía como acto comunitario

Casa Figueretes vibró con una atmósfera particular: cercana, acogedora, abierta al diálogo.
La conversación posterior entre el público y la autora permitió profundizar en temas como:
- la simbología de la divinidad femenina,
- la memoria como herramienta política y espiritual,
- la relación entre el cuerpo y la palabra,
- y los caminos que llevan a una escritora-investigadora a convertir el conocimiento en canto.
El ciclo Escritores Independientes Marina Baixa demostró, una vez más, que la poesía sigue siendo un espacio vivo, comunitario, capaz de convocar a personas diversas en torno a una emoción compartida.
La materia que refulge: un libro imprescindible
Para la Revista GAFE, La materia que refulge se presenta como una obra necesaria en el panorama poético actual:
- por su complejidad simbólica,
- por su belleza formal,
- por su valentía estética y espiritual,
- y por su capacidad para recordarnos que la poesía no es solo literatura, sino experiencia transformadora.
Marta Blanco Fernández confirma con este libro una voz madura, sólida y profundamente original dentro de la poesía contemporánea escrita por mujeres.
Conclusión
El evento del 28 de septiembre no fue únicamente una presentación literaria: fue una ceremonia poética, un acto de memoria y una celebración de la palabra como lugar de reencuentro.
Desde GAFE, celebramos la potencia de este libro, la entrega de su autora y la delicada lectura que María Meilán regaló al público.
La materia refulge… y seguirá refulgiendo.
Beatriz Giovanna Ramírez
ENCUENTRO CON UMA

Marta Blanco Fernández, Uma, es poeta, investigadora, catedrática de Lengua y Literatura y doctora en Estudios Interdisciplinares de Género por la Universidad de Alicante. Autora de múltiples artículos académicos y de los ensayos «De la Gran Madre a la Tealogía. Espiritualidades feministas» (Dykinson, 2021) y «Divina ancestra. Una historia sobre lo femenino y lo sagrado» (Mandala, 2022), dedica parte de su labor investigadora a la historia, las leyendas y los mitos relacionados con la divinidad femenina.
En su vertiente filológica, se dedica a recuperar la obra de las mujeres. Ha editado «Canto porque existo y siento. Antología de cinco poetas románticas» (Clásicos Hispánicos, 2024), y su libro «La materia que refulge» ha sido publicado este año por la editorial Olé Libros.
Eterno retorno
Como una hoja en invierno
temblaba mi corazón,
con la triste conciencia ·
de que un soplo,
una ráfaga de viento,
un aullido en la noche
eran suficientes
para desprenderme
de todo lo que había conocido,
mi amado tronco,
mi rama hermosa,
la seguridad de mis raíces.
Entonces,
cuando a punto estaba
de quebrarse mi valor,
lo supe.
Ella me lo mostró.
No soy solo la hoja,
soy la savia que riega
los verdes tejidos,
soy la flor que se abre
al amor de las aves
y después recorre los cielos
prendida en sus picos,
soy corteza rugosa
compostando la tierra,
vida constante
y eterna.
Cuando leí «La materia que refulge», sentí que no estaba solo ante un libro de poemas, sino frente a un ritual.
Un ritual íntimo y a la vez ancestral, donde una voz poética femenina se alza para hablarle a esa figura poderosa, ambigua y olvidada: la Señora de la Vida y la Muerte. Esa diosa que no solo habita en los mitos o en las piedras antiguas, sino también en la experiencia cotidiana, en los silencios, en los cuerpos, en la tierra que pisamos sin mirar.
En cada poema sentí que esa diosa no era una figura lejana, sino una presencia que se activa cuando alguien, como Marta, la nombra, evocando lo que ha sido enterrado en nombre del olvido.
Para mí, este libro es una invocación que nos devuelve una memoria antigua, que nos recuerda que, en los escombros, en los restos, en las ruinas, también hay lenguaje. Que el dolor y el deseo, si se escuchan con atención, pueden ser ofrenda.
Marta Blanco Fernández ha escrito una obra profundamente simbólica, pero también profundamente encarnada. Su poesía no es evasiva: se hunde en lo más denso de la experiencia, lo remueve y lo transforma en canto.
«La materia que refulge» es una conversación con el pasado, sí, pero también con lo invisible, con lo que nos excede, con aquello que nos susurra, aunque no sepamos siempre cómo escucharlo.
Leer este libro me conmovió. Me dio palabras para una espiritualidad que no necesita templos ni dogmas, sino atención, escucha y una relación más sincera con lo que somos: materia que vive, que duele, que refulge.
Gracias, Marta, por recordarnos que la poesía sigue siendo un acto sagrado: una forma de encender una llama en medio de tanta oscuridad.
María Meilán






