Hacer libros; por Maurizio Bagatin

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Hacer libros es un acto de amor y devoción que une lectura y escritura, transformando el poder de las palabras en una experiencia sublime.

El morbo de Gutenberg


La lectura es “la clave” de la complicidad con la escritura. Una no puede vivir sin la otra.

He conocido algunos que hacen libros, algunos los he solamente mirado de lejos, de otros he leído sus biografías. Conocer, ver, leer. Fases constructivas de la escritura. Debilidad para algunos, fuerza para otros, riqueza para todos, sí, “dentro de la fuerza de las cosas está escondida la debilidad de las cosas”. En la lectura la fuerza de la escritura, y viceversa.

Podríamos ahora hacer un listado de quienes se lanzaron en esta aventura, y seguramente nos olvidaríamos de algunos. Algo para no olvidar entonces, Luciano Foá que se encuentra con el “chamán de la editorial”, alias Roberto Bazlen (algún día nos iremos a leer la joya de Daniele Del Giudice, El estadio de Wimbledon) y van fundando la Editorial Adelphi, o de las controversiales historias que siguen acompañando Carlos Barral, el Gabo y Cien años de soledad.

“Esta noche despertaré a mi memoria. Estoy queriendo hacer un inventario, el inventario imposible de todos los libros que hasta hoy leí. ¿Por qué imposible? Pirandello que retorna de Alemania extrañando el cuero de sus mil libros, yo que estoy destilando uno a uno todos los personajes que me han acompañado en mis lecturas, tarea divina según Jonathan Franzen. Son ellos que me siguen persiguiendo. Sybil, enamorada locamente de Dorian Gray. A muchos nos pareció ser culpables de su destino. En una esquina de la capital parisina La Maga fuma su interminable cigarrillo. Buscando inspiración, camina Nietzsche, contempla, sentado, Flaubert”.

En la escritura hay siempre dos itinerarios. Heinrich Mann y Thomas Mann, por ejemplo. Una es el don, escribir es donar -Mauss habló de este inmenso e importante mecanismo liberador- y la otra que es leer, si es en voz alta y en presencia de un público, donde la voz se hace vehículo de entrega del don. La escritura es liberadora, interlocutora y oyente. Extraño don la palabra, extraño como el lenguaje y sus repercusiones, parientes del silencio.

He visto hacer libros por verdaderos libreros, amaban la belleza como la amó Bodoni: “La idea de lo hermoso no debe por cierto confundirse con las de lo bueno y de lo útil. Estas tres ideas son como tres aspectos de una misma cosa, vista desde tres lados diferentes. Tanto más útil será la impresión de un buen libro cuanta más gente lo lean, más a menudo, más a gusto y más aprisa, pues multiplicándose las lecturas se multiplica también el placer y el provecho para el espíritu del lector, suponiendo que se trate de un buen libro”.

La función nuclear de la tipografía es lograr siempre un mejor entendimiento de la lectura. Un placer epicúreo, un paseo por el Olimpo, una caricia de un viento africano, el más profundo de los silencios. Hablaremos también de amor por el arte, la misma ejecución de una obra de arte, pensada como obra de arte, el hacer libros como una devoción, entregándose como un espíritu sin cuerpo, que flota libre hacia la creación de una “máquina de leer”.

“Vislumbro en el último estante de la biblioteca el libro que nunca leí. Es él como objeto lo que me atrae, años que lo buscaba, como El libro tibetano de los muertos, él que me libera finalmente. Sueño y consciencia del último consejo, de la última acción, finalmente”.

Hacer libros es tener el poder y compartir el placer. Poder, potis, que significa capaz de y sum ser o existir. En consecuencia, la acepción original de poder es «quien es capaz en sí», y Placer, de placere, gustar, agradar, así volveremos al don. Liberarnos, comunicarnos, compartir.

Don del libro y del texto, que son acción y contemplación, poiesis, antiguo dran, en fin, poesía.

Maurizio Bagatin

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