Gloria Fuertes: Poesía y Vida de una Autora Icónica

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Gloria Fuertes: la voz de la poesía española que cautiva con su sencillez y profundidad.

Gloria Fuertes GAfe

De Maitane Azurmendi - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=149761359

UNA SEMANA, UNA POETA

GLORIA FUERTES

BIOGRAFÍA

Gloria Fuertes (Madrid, 28 de julio de 1917 – Madrid, 27 de noviembre de 1998). Publica su primer poema con tan sólo catorce años en 1932, bajo el nombre de Niñez, juventud, vejez…, persiguiendo desde joven la edición de sus escritos. A los quince ya recita sus versos en Radio España de Madrid y a los diecisiete da forma a su primer libro de poemas, Isla ignorada.

La década de los 40 supone su incursión en el mundo literario profesional. Durante este período, trabaja como redactora en la revista infantil Maravillas y se integra en el movimiento poético Postismo junto a otros poetas como Carlos Edmundo de Ory. Funda el grupo Versos con faldas, dedicado a recitales en bares y cafés de Madrid.

En las décadas posteriores, publica títulos como Pirulí, Antología Poética, Poemas del suburbio, Ni tiro, ni veneno, ni navaja, Poeta de Guardia, y Cómo atar los bigotes al tigre, entre otros. En los años 70 y 80, su obra para niños la consolida como una de las grandes autoras de literatura infantil, participando en programas de TVE como Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca.


POEMAS

Soy extraño ciego

Soy extraño ciego
—no sé caminar
sin el lazarillo del recuerdo—.
Soy extraño ciego,
porque siento a la luna por mi pelo.
Y el perfume de tu voz siento,
y no te veo a ti —y sí a tu eco—.
Por la vida, no tengo ojos y tengo
—a veces con llanto,
a veces con celos—.
… Y equivoqué el camino
por otro más inquieto.
Y amé a quien no me ama
por a quien me ama no verlo.
Como soy ciega y loca,
equivoqué mis besos.


Nota autobiográfica

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
a los quince se murió mi madre,
se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
—no digo nombres—,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
—pero Dios y el botones saben que no lo soy—.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.


No sé por qué me quejo

No sé por qué me quejo porque al fin estoy sola.
Y el placer de tirar la ceniza en el suelo,
sin que nadie te riña,
y untar pan en la salsa
y beberse los posos,
y limpiarse la boca con el dorso de la mano,
cantar al vagabundo porque al fin fue valiente,
ir matando los besos como si fueran piojos,
beber blanco,
pronunciar ciertas frases,
decir ciertas palabras,
exponerte a que un día te borren de la nómina…
No debiera estar seria
pues vivo como quiero,
solo que a veces tengo,
un leve sarpullido.


¡Hago versos, señores!

Hago versos señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa,
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas señores que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.
Sigue habiendo solteras con su perro,
sigue habiendo casados con querida,
a los déspotas duros nadie les dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta,
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!
Esto pasa señores y yo debo decirlo.


Una de la madrugada en Madrid

… Y no hay dónde llamar —como en América—,
que llamas y te atiende un sacerdote
—doctor en psiquiatría—;
… Y no hay dónde llamar —que no hay tu tía—;
… que se inunda la casa,
a chorros mueres…
… Por la mañana azul ya es otra cosa,
te afeitas o te pegas maquillaje,
te pones el vestido o tú el traje,
coges el autobús y eres un muerto.


Interior con mariposa muerta

Interior con mariposa muerta en el sofá.
Oxidadas tengo las bisagras de mis ojos
de tanto llanto llano:
se van empequeñeciendo estas niñas,
que ayer me miraban alegres
desde el fondo del espejo;
desde el fondo de la botella
me miran taciturnas
las pasadas horas felices.
¡No me basta el pasado!
¡No quiero que se pase!
Y el pasado me pisa y me posa
y al final me posee, como una amante religiosa.
También había un ángel inocente
saltando a la comba con una culebra.
Todo esto acabo de verlo
en el fondo del fondo
de la botella.


Nací para poeta o para muerto

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.


Poseo la poesía

Poseo la poesía
—lo único que poseo—.
Hoy mando todo a paseo
poseo la poesía.
Yo paseo mi hidalguía
por calles de Lavapiés
—donde nací con quinqué
y crecí en madrileñía.
Siempre paseé al revés
y di la espalda al dinero,
poseo lo que yo quiero
no lo que quiere quererme.
Yo detesto la mentira
y ante el mierda quedo inerme,
amar es lo que me pierde,
me encuentro en la poesía.


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