Esther Abellán y Puerto sin mar: la poesía como travesía, pérdida y permanencia
En esta presentación de Puerto sin mar, María Meilán Castro se acerca a la poesía de Esther Abellán desde la pérdida, la memoria y la búsqueda. Una lectura que encuentra en el mar una metáfora de aquello que desaparece, pero también de la capacidad de continuar el viaje cuando el horizonte parece haberse borrado.

Imagen: composición editorial de Revista GAFE.
Nota de la edición
El siguiente texto corresponde a la presentación de la poeta Esther Abellán Rodes y de Espejismo secreto, propuesta de poesía escénica inspirada en su libro Puerto sin mar. El encuentro reúne la palabra y la presencia escénica de Esther Abellán con los paisajes sonoros del músico Nello Chiuminatto.

Hoy tenemos el privilegio de compartir este encuentro con dos creadores que han hecho del arte un espacio de exploración, de búsqueda y de diálogo entre disciplinas: la palabra, la música, la escena y la emoción.
Nos acompaña Esther Abellán Rodes, escritora, poeta, actriz, directora escénica y gestora cultural. A lo largo de su trayectoria ha desarrollado una intensa labor de creación y difusión cultural, con ocho poemarios publicados, ensayos, una novela, propuestas de poesía escénica y proyectos que la han convertido en una voz singular dentro del panorama literario contemporáneo.
Junto a ella se encuentra Nello Chiuminatto, músico, investigador sonoro, luthier y docente. Su profundo conocimiento de los instrumentos tradicionales, su búsqueda constante de nuevos lenguajes sonoros y su capacidad para tender puentes entre culturas convierten su trabajo en una experiencia artística única.
Esta tarde nos presentan Espejismo secreto, una propuesta de poesía escénica inspirada en Puerto sin mar, donde la palabra, la música y la presencia se entrelazan para crear una experiencia que trasciende la lectura y se convierte en acontecimiento.
Mientras leía Puerto sin mar tuve la sensación de que Esther Abellán no había escrito simplemente un libro de poemas, sino una travesía.
Una travesía que comienza en la pérdida. En ese territorio devastado donde el mar se ha secado, donde las palabras parecen insuficientes y donde el dolor deja embarcaciones varadas sobre la tierra.
Sin embargo, a medida que avanzamos por sus páginas descubrimos que la autora no permanece inmóvil frente a la herida. Avanza.
Avanza entre recuerdos, paisajes, cuerpos, silencios y preguntas. Entre lluvias que todavía traen vida, montañas que conservan la memoria de la felicidad y horizontes que continúan dibujándose incluso cuando parecen haberse borrado.
El mar de este libro es mucho más que una imagen. Es una metáfora de aquello que nos sostiene, de aquello que perdemos y de aquello que seguimos buscando.
Quizá por eso aparece también la figura de Ulises, el viajero incansable. Porque estos poemas parecen recordarnos que vivir consiste, muchas veces, en continuar el viaje cuando ya no sabemos con certeza dónde está el puerto.
Y, sin embargo, seguimos avanzando.
Porque incluso en los momentos más oscuros hay algo que permanece: una palabra, una memoria, un encuentro, una esperanza.
Por eso creo que Puerto sin mar no es un libro sobre lo que se pierde, sino sobre lo que permanece después de la pérdida. Una cartografía de las ausencias, sí, pero también un libro sobre la extraordinaria capacidad humana de seguir buscando agua incluso cuando el paisaje parece definitivamente seco.
Y es precisamente ese viaje el que hoy toma cuerpo sobre el escenario gracias a la voz de Esther Abellán y a los paisajes sonoros creados por Nello Chiuminatto, invitándonos a habitar, durante un instante, ese territorio donde la poesía deja de ser únicamente palabra para convertirse en experiencia compartida.
Con todos vosotros Esther Abellán y Nello Chiuminatto.
María Meilán Castro es escritora y miembro del colectivo Escritores Independientes Marina Baixa, grupo que promueve la expansión y difusión de la literatura mediante actividades culturales y literarias.

Selección de poemas de Puerto sin mar
(CHAMAN EDICIONES)
EL mar crujió bajo los pies
como una madera seca
que rompe los silencios
como gritos acunados
en el balcón del alma.
Los símbolos rozaron
el lenguaje del agua
y se quedaron dormidos
para serenar los cuerpos.
Fue un encuentro frío
como una ola invernal
que llega a la orilla
y desaparece en soledad
que renace en el vacío
sin darnos cuenta;
una clepsidra que agota
la inmensidad
para dar fe del infinito.
RODEADA de piedras
dormía bajo una manta verde acurrucada
entre cientos de pájaros y estériles luciérnagas.
Nadie vio nada.
Nadie escuchó el llanto de los niños
ni el laberinto que habitaba en todas las camas
ni los lirios explotando en la obsesión del jardín.
La guerra fue silenciosa.
Nadie se dio cuenta.
Los amaneceres seguían llevando mi nombre
mientras las noches giraban más allá de los besos.
EL abismo siempre estuvo bajo mis pies
temblor de anaqueles y conchas marinas
sal sólida de sabor dulce entre mis dedos.
Un espacio virgen donde descubrirme
resolver mis contradicciones
bajo la influencia del sol
y amar el hambre.
Una casa donde guarecerme de la tormenta
sin miedo
sin perder la identidad.
LLUEVE la vida.
Recogemos el agua en redes de oro
como una justificación de supervivencia
un eclipse fiel a la derrota.
El ruido ambiental es coherente
mientras se extinguen las entrañas
el alimento la salud el ecosistema lago
peces en descomposición y desechos.
Las voces de pescadores-fuente nos unen
por una fisura que desestructura la luz
y nos hace visibles ante el exilio.
Amanece el olvido para seguir
Celebración, intento, dolor…
HEMOS vuelto a encontrarnos
en la esperanza salvaje
hábitat tolerable fosforescente
morada de serenidad y ternura.
Libres en un fanal de honestidad y fortalezas
sepultura de pleamares y flujos
un retorno al sigilo sagrado de la aurora
a las manos defensoras de anfibios-milagro.
Oxígeno igualdad y adrenalina que despunta
para formar un hogar con puertas de fuego
de esperanza inmune de mar en recuperación.
Sobrevivimos a todos los hundimientos.
ESTHER ABELLÁN
