Espejo de todas. Breve comentario sobre la Antología «Lo que ellas nombran»; por Miriam Ponce Ruiz

Miriam Ponce, escritora mexicana autora del poemario Otro mundo posible, ganador de la convocatoria del Concurso de Obra Inédita de la Secretaría de Cultura de Morelos. Ha recibido becas institucionales, así como otros reconocimientos por su obra poética y ensayística.

Una red de estrofas es este libro donde la poesía sostiene, como un nido, la historia de mujeres creadoras que describen la verdad de sus días y se transfiguran en mosaico que ilumina heridas con perspicacia. Lo que ellas nombran, antología acierto de Alma Karla Sandoval, da visibilidad a la literatura femenina desde, como ella propone en el prólogo, una “sororidad transfronteriza” que rebasa los límites del espacio-tiempo formando, poema tras poema, nuestra memoria: la del silencio como herencia familiar, la violencia e injusticia ante nuestro ser femenino, dolores y despertares que nos hermanan.

Asumir la realidad para transformarla es la premisa de esta reunión de voces que expresan desgarramientos diarios y sanan al paso de sus páginas. Desde las cicatrices de la infancia o los golpes secos del machismo, así como la crueldad que ejercemos ante nosotras mismas: sangramientos de los que ninguna se salva mientras crece, son denunciados entre versos llenos de inteligencia y diferentes cadencias. La poética se presenta como si “fuese un pasamanos donde sostenerme” ─tal cual dicta Zel Cabrera─, y en forma de grito rompe el clásico estereotipo de las calladas para transgredir, en eco, el estilo (único) de cada autora.

Ellas se observan en el lenguaje para llamar a la empatía. Usan cada metáfora como instrumento para reconocerse en las otras, aparecen como cristales de generosidad al exponer su pensamiento, vivencias, visiones y se vuelven compañía de sus lectoras. “Aceptar que soy esa que desconozco” proclama Lauren Mendinueta, en un ejercicio de autoconocimiento necesario, para limpiar los empañamientos de la mudez que ha sometido a tantos reflejos llenos de talentos y bondades. Espejos que frente a otros replican la belleza de sus imágenes e inspiran a las demás a alzar con fuerza su escritura entre angustias que las compenetran en un sólo destello.

Un prisma refracta la tristeza mientras cantan sin piedad ni permiso. Crecen ante prejuicios aunque “afuera hay ojos que miran / con sus bocas abiertas hacia el cielo”, citando a Luz Mary Giraldo; avanzan juntas cuestionando y resurgen en suspicacia con las páginas de esta antología que se vuelve una grieta que permite el paso de la esperanza, una lección necesaria de cómo señalar lo que lastima para que nunca más vuelva a hacer daño y reconocer las lesiones para curarlas: no renunciando a ellas sino adaptándolas para crear desde ellas ─parafraseando a María Gómez Lara─. Y sobrevivir.

Así, Lo que ellas nombran, es una invitación al amor propio tras el camino de la lectura, a la valoración del tiempo que tardamos en desdoblarnos del mutismo,  a desplegar el razonamiento y sabernos un mundo, como al final del poema de Andrea Ortiz. Porque nunca más quedará encapsulada nuestra voz, nunca más volveremos a quedarnos en omisión,  jamás nuestros versos volverán a ser invisibles, en este libro son el comienzo de distintas formas de enunciar, porque las poetas ya  reflejan otra vida en otro cielo.

Miriam Ponce Ruiz

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