Elitismo, cultura, educación y barbarie. Por Iván Cabrera Cartaya

Iván Cabrera Cartaya reflexiona en su columna «Matapolillas» sobre el actual menosprecio hacia los intelectuales y busca sus causas en la educación, los medios de comunicación y el mundo editorial.

Es un hecho más que interesante e ilustrativo de nuestro tiempo cómo muchas personas, con poder e influencia social en los medios de comunicación o no (gente de la calle), dicen auténticas barbaridades y echan pestes contra los llamados «intelectuales» empuñando la ya tópica y socorrida, no creadora, consigna del «elitismo» aplicado a la rica información literaria, artística, científica, antropológica, etc., que éstos manejan y a un campo de la sociedad, el cultural, que hasta hace bien poco no había estado tan desprotegido e inhábil como en estos últimos años.

En un país donde muchos de sus canales de TV y medios de comunicación rebosan basura, analfabetismo, ordinariez, debates políticos de bajo o de ningún fuste intelectual, además de periodistas, presentadores, cantantes, políticos, toreros o viejas glorias de la copla y la farándula que no saben hablar su propio idioma ni conocen el mundo en el que viven ni tienen preocupación humanística alguna, no es raro que sigamos siendo aquel furgón de cola en Europa del que hablaba don Antonio Machado ni que estemos los últimos en cálculo matemático y comprensión lectora.

Lo que no se puede hacer, si algo nos importan estos asuntos, es promover el entretenimiento vacío, la banalidad, la frivolidad y la falta de esfuerzo, la divulgación sin estudio o el miedo a pensar sin miedo. Lo que no se puede es pedir rebajar la complejidad de los textos literarios porque ya no serán tales textos literarios ni pedirle a alguien que trata de enseñarnos algo que rebaje el alcance o las aspiraciones de su discurso en función de nuestra estupidez, nuestra indiferencia o nuestro desdén…

No es posible, a menos que alguien, imitando a Millán Astray en su diálogo con Unamuno y, tras asaltar la Universidad de Salamanca, grite sólo «¡Muera la inteligencia!» A falta de otros argumentos y sin advertir siquiera el primitivismo y la ridiculez del gesto. Eso ha ocurrido no hace tanto en este país y no dudo que vuelva a pasar en poco tiempo, que de hecho esté pasando ahora mismo, porque como dijo el poeta: «¿Habéis visto algo más tenebroso que un tonto?»

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