«El verano feliz» por Antonio Arroyo
Antonio Arroyo hace una predicción del verano que nos viene.

«Ese día en que nadie respondió a mi llamada fue quizás uno de los más felices que hubiera podido imaginar». Así empieza un poema que estoy escribiendo estos días y que muy probablemente terminaré tirando a la basura. No es por nada, sino porque lo que digo en esa frase es pura mentira. En primer lugar, siempre alguien responde a mis llamadas (o muchos). Estas cosas que pasamos durante la pandemia nos trajeron la feliz enfermedad de la comunicación continua, sobre todo vía WhatsApp. En segundo lugar, he tenido muchos días felices, pero el más feliz de mi vida está por llegar.
Dicen que el verano es una estación de felicidad, pero también de desenfreno y esto puede dar lugar a malas experiencias. Claro que en el lado de acá entra el verano y en Sudamérica el crudo invierno, creo. Pero les voy a hablar del verano en Canarias. Calor hace, pero el cielo se llena de unas nubes grises que llamamos panza de burro. Quizás por esta razón nuestra joven escritora superventas Andrea Abreu tituló así su novela, pues la acción transcurre en un verano canario. Un verano gafe.
A pesar de las nubes, el calor últimamente es asfixiante. El verano pasado fuimos a comer a Vilaflor, dicen que el pueblo de mayor altitud de España, y el termómetro marcaba 45 grados centígrados, por lo que tuvimos que almorzar superrápido para salir zumbando rumbo a la playa de Las Galletas a darnos un buen chapuzón en sus aguas frescas. Ilusos.
A pesar de esto, se puede disfrutar del verano en una buena sombra. Y sobre todo, uno que está jubilado y, por tanto, de eternas vacaciones, puede reunirse con los amigos que durante el año están a tope con el trabajo. Y también leer mucho; uno que tiene tiempo para leer, en verano se lee mucho más. Y otra cosa enriquecedora es que se puede viajar, aunque sea a la isla de enfrente.
Para terminar, hoy le pedí a mi amiga Herminia Pimentel Tejera una foto del atardecer de hace un rato en esas alturas cumbreras de Juncalillo, Gáldar. Como verán, si no es el paraíso, algo se le parece. Ese pequeño cementerio, esa capilla, ese pueblito blanco, esa vegetación. Más abajo está Barranco Hondo, donde está el famoso Risco Caído, donde los canarii (así se llamaban los antiguos habitantes de Gran Canaria) preveían la llegada de las estaciones con una precisión matemática. Como Herminia con su cámara, que ha captado el solsticio; es decir, el paso de la primavera al verano.
Cuídense, querida comunidad lectora, y disfruten de la vida. No esperen días felices, vívanlos mientras tanto. A los amigos de allá les mando un abrazo y un poco de calor, porque aquí nos sobra.

