«El libro de los libros de los otros»; por Maurizio Bagatin

En este libro entrarán todos los sobrevivientes a toda la literatura rechazada, olvidada, mal plagiada, aquellas historias jamás escritas, el poema del soldado eterno, la carta dentro de la botella o aquel episodio de la imaginación, dijo Bernardo Soares, que llamamos realidad…

“La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma” -J.L. Borges-

Toda la literatura es un sustituto de la presencia, podemos vivir de los libros de los otros. En el libro nunca escrito de Roberto Bazlen, en los libros de los otros de Italo Calvino; en una lectura platónica o ideal, en el Libro Absoluto de Stephane Mallarmé, quizás propio el libro en blanco o desde aquel punto del espacio que contiene todos los puntos, la totalidad soñada y escrita por Borges: la memoria y la biblioteca de aquel ordenado inventario que logramos ver desde El Aleph.   

La lectura es cosas de pierde tiempo, de seres hechos de moléculas de una biología sin tiempo, abstracta, guiada por el mito de Eurínome o de Lilith, es cosa para seres que, en las tardes de invierno y desde ventanas aparentemente iguales a otras, alargan su vista para ver todo lo minúsculo del mundo, en la canícula del verano saborean el ocio y el vino, el conticinio antes del canto del gallo.

Toda la literatura podrimos encerrarla en el libro que soñó escribir Flaubert, «un libro sobre la nada», el libro que sustituyera La educación sentimental, que es la lectura soñada mil veces por Kafka, el Kafka lector de un solo libro, a veces creo en el subliminal poema sobre el espacio vacío que tanto martillaba a Lichtenberg. La nada y el universo y el absoluto.

Hay siempre un escritor sin libros escritos, y muchos aún por leer, palabras que viven jugando como Garrincha, entre mujeres bravas, pelotas mal jugadas y muchas caipiriñas.                             

Memorias y olvidos necesarios. Bilis, hígado y pulmones a la prueba, pero es siempre la vida, el vivir lo que se demuestra. Simples órganos. La célula mayor, el musculo lento y feroz, el órgano que, a los dioses, a las musas y a los poetas estropea todas las metáforas.                                                                                                                                                                         

Degas quería ser poeta, su deseo fue siempre escribir poemas. Siempre tenía muchas ideas para componer sonetos y Mallarmé le hizo recuerdo, «con su dulce intensidad», que no es con las ideas que se componen verso, sino con las palabras; su bovarismo se quedó ciego y tuvo que palpar retratos que eran poesía con arrugas, palabras sin el habla.

En este libro entrarán todos los sobrevivientes a toda la literatura rechazada, olvidada, mal plagiada, aquellas historias jamás escritas, el poema del soldado eterno, la carta dentro de la botella o aquel episodio de la imaginación, dijo Bernardo Soares, que llamamos realidad

Maurizio Bagatin, 5 abril de 2022

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.