Comentario al poema «Pasado» de Beatriz Giovanna Ramírez; por Sergio González Quintana

Sergio González Quintana analiza el poema «Pasado» («Antes de entrar en el bosque», Editorial Quadrivium, 2012) de Beatriz Giovanna Ramírez.

PASADO

No se llega a la vida de alguien

vacío.

El pasado vierte ángeles a nuestros pasos

como una ecuación vibrante

que cabalga libremente cada día.

Si avanzas,

cantan los niños canciones de alas.

Si te detienes,

se corre el riesgo de perder la memoria.

Beatriz Giovanna Ramírez

Hoy (11 de septiembre de 2022), Beatriz Giovanna ha publicado en Facebook este poema, perteneciente a su poemario Antes de entrar en el bosque (Editorial Quadrivium, 2012). Tanto me decían estos versos que no pude evitar poner por escrito lo que me sugerían.

Como podemos observar tras la lectura, este poema está organizado en tres bloques de contenido bien cohesionados.

El primero corresponde al primer enunciado: “No se llega a la vida de alguien / vacío”.

El verso encabalgante presenta una significación connotativa: al dejar para el final del enunciado el vocablo /vacío/ se dan dos posibles interpretaciones: que el término /vacío/ modifique al pronombre indefinido /alguien/: “alguien vacío”; o bien, si consideramos el hipérbaton y /vacío/ modifica al verbo /llega/, la significación sea bien distinta: no se llega vacío a la vida de alguien. Para la comprensión del poema, esta última opción es la que justifica el desarrollo y cierre del mismo. Por eso, consideramos un acierto el valor expresivo del encabalgamiento, la idea de destacar el adjetivo /vacío/ en único verso.

Se agradece esta connotación, esta doble interpretación que, de entrada, provoca una interrogación en el lector. Otras connotaciones son emocionales, pues nos remiten subjetivamente a todos aquellos encuentros pasados que surgen en la vida personal, o a la significación del adjetivo /vacío/ con tanta carga emotiva. Afortunadamente, la voz lírica señala que no hay “vacío”, porque hay un camino previo a ese encuentro al que hace referencia; hay experiencias, alegrías y pesares que uno lleva sobre el imaginario saco que carga sobre las espaldas. Porque si se llegara /vacío/, que no virgen, ingenuo, inocente…, el encuentro se produce con un desprendimiento de la carga emotiva y estaríamos ante la desesperación y la desolación, ante una angustia resultado del dolor o el sufrimiento. Se llegaría “a la vida de alguien” carente de esperanzas. Sin embargo, no es así: estos versos tienen un tono predominantemente esperanzador.

El pasado vierte ángeles a nuestros pasos

como una ecuación vibrante

que cabalga libremente cada día.

Este segundo enunciado viene a despejar las dudas que teníamos tras la lectura de los dos primeros versos. Empieza con una imagen: “El pasado vierte ángeles a nuestros pasos…”. En principio, el término /ángeles/ siempre evoca lo positivo, pero también los demonios son ángeles, aunque ángeles caídos. Si, como se señala en los primeros versos (“No se llega a la vida de alguien / vacío”), la presencia del tiempo pasado adquiere una impronta de presente, ya que no podríamos despojarnos de ese pasado, sino que este condicionará (condiciona, de hecho) el presente y sigue formando parte de él. ¿Estaríamos ante la idea nietzcheana del “eterno retorno”? Nos referimos al eterno retorno como la revisión constante del pasado para la superación del mismo, con el fin de desechar aquellos hechos inmovilizadores que impiden la realización del ser humano. Como veremos más adelante, la autora planteará esta dualidad: “Si avanzas…”, “Si te detienes…”. Pero no nos adelantemos.

Le sigue una comparación: “como una ecuación vibrante / que cabalga libremente cada día”. En esta, el pasado surge como una incógnita (matemática), o como el enigma que podría resolver el misterio del presente y del futuro. Por eso resulta “vibrante” (para Carlos Bousoño estaríamos ante una imagen visionaria, pues los elementos que constituyen “ecuación visionaria” mantienen una relación subjetiva, emotiva y sugerente; también porque esa ecuación es un constante pensamiento, un revolcarse en los recuerdos para tratar de que estos nos ayuden a encarar mejor el presente-futuro.

La comparación se extiende al verso siguiente con la imagen “que cabalga libremente cada día”, en una referencia a la imposibilidad de poder controlar los pensamientos, o a la imposibilidad de no poder dejar de intentar resolver la “ecuación”, de no abandonar la búsqueda, en definitiva, de hallar el sentido a la vida.

Por último, hallamos dos enunciados condicionales que forman entre ellos un contraste:

Si avanzas,

cantan los niños canciones de alas.

Si te detienes,

se corre el riesgo de perder la memoria.

Vemos las antítesis o contrastes: “Si avanzas…” se opone a “Si te detienes…”; “cantan los niños canciones de alas” a “se corre el riesgo de perder la memoria”. En la primera de las condiciones, la imagen remite a una significación positiva: podríamos entender por ella que aprendemos de nuestro pasado y que este nos permite avanzar y mejorar como personas. Al desentrañar una imagen siempre se corre el riesgo de perjudicarla o de interpretarla erróneamente. Pero en este caso, pienso, que “los niños de alas” aluden anafóricamente a los ángeles mencionados más arriba; niños angelicales que, en muchas de las imágenes renacentistas y, también, populares, aparecen como cantores y protectores. Por otro lado, en la segunda de las hipótesis (“Si te detienes / se corre el riesgo de perder la memoria”), además del contraste de significado señalado, hallamos otro contraste: frente al lirismo anterior, nos encontramos con un enunciado ausente de recursos (estamos ante una locución verbal): “se corre el riesgo de perder la memoria”. Sin embargo, está presentado como posibilidad “se corre el riesgo…”; y “perder la memoria”, a pesar del  valor polisémico del término /memoria/, no se refiere aquí a la locura, sino al “riesgo” de no dar testimonio de las vivencias pasadas y de que estas no sean aprovechadas como herramientas para mejorar el presente-futuro.

Y como en este poema se trata de relaciones humanas, estaríamos hablando del error de no aprovechar las experiencias anteriores para mejorar las presentes.

Pero antes de terminar, un último aspecto quisiera reseñar.  Este poema de Beatriz Giovanna me ha hecho pensar en Rubén Darío y Antonio Machado. Decía Borges que somos la suma de nuestras lecturas. Quizás por esto me vengan estas relaciones.

La visión de nuestra poeta no es la de Rubén Darío en su poema Lo fatal, en el que su lamento nos conmueve:

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

Todo lo contrario, Beatriz Giovanna prefiere detenerse en la vida, en lo que esta tiene de bella y se resiste a darnos una visión pesimista de la misma. Rubén Darío plantea una visión inmovilizadora y angustiosa de la existencia, porque recoge cuestiones filosóficas irresolubles. Por el contrario, en el poema Pasado, Beatriz Giovanna aporta una visión dinámica y positiva de la vida, esperanzadora. Nos dice que toda nueva posibilidad es siempre una oportunidad a la que no debemos dar la espalda, porque la experiencia (“No se llega a la vida de alguien / vacío”) descartará unas y sabrá aprovechar otras; y, además, que nunca debemos rendirnos ante la búsqueda del sentido de la vida. Aquí se acerca al planteamiento de Antonio Machado en sus famosas coplas, con las que concluyo este análisis:

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino

sino estelas en la mar.

Sergio González Quintana

11 de septiembre de 2022

Directora General Revista Gafe.info

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