«Cazador de gringas» de Mario Guevara P., por Carmen Concha-Nolte

Una reseña de Carmen Concha-Nolte con motivo del trigésimo tercer aniversario de la obra «Cazador de gringas» de Mario Guevara P.

«Cazador de gringas» (1989) en su trigésimo tercer aniversario, Mario Guevara P.

Se cumplen treinta y tres años -media vida del autor- del cuento «Cazador de gringas», que fue traducido al inglés, alemán, holandés, italiano y hebreo, y vio la luz a través de Revista de Arqueología “Origen” N. 2, Cusco, 1989. Por este motivo queremos rendirle un justo homenaje al cuentista Mario Guevara por tal hazaña y por incluir «brichero» en el registro de la literatura peruana y mundial.

En el 2021, se publicó Gringas sí, Yankis no, bajo el sello de la Universidad Nacional del Altiplano, en el que se reedita el célebre cuento «Cazador de Gringas». Bajo el ángulo en que veamos esta colección de cuentos, encierra hallazgos. Primero, es una edición no venal [exenta de venta]. Segundo, agrupa diecisiete cuentos y un comentario sobre la nueva narrativa andina. Además, siete de ellos se publicaron el siglo anterior y los restantes, en el siglo que corre. Tercero, el cuento del que nos ocuparemos personifica el inicio y la fructífera trayectoria de Guevara.

En la obra, apreciamos un prólogo del académico Dr. Antonio González Montes [Perú], quien destaca la “celebridad” del «Cazador de gringas», las dimensiones a nivel internacional, recursos, temática, y la armadura argumental del resto de textos. Ahora me ocuparé del famoso cuento, que tiene un rango sobresaliente en la narrativa peruana y, en términos de H. Bloom -según H. Carvalho Oliva-, genera la invención de una nueva narrativa andina.

Atendiendo generalidades, «Cazador de gringas» presenta un título seductor que describe al protagonista como «cazador al acecho». El relato tiene digresiones, formas dialogadas valiéndose de la segunda persona. En cuanto al argumento, el protagonista está en aprietos al conquistar a una gringa. La autoridad interviene, y él narra las penurias de sus conquistas para justificar su oficio de cazador y salir liberado de los incidentes.

«Cazador de gringas» es un texto desafiante. De antemano, el diccionario de RAE, define cazador como «cazar por oficio o diversión», y a gringa, «Extranjera, […] hablante de una lengua que no sea la española […] en algunos países, es estadounidense» Por ello, el protagonista pone en marcha sus habilidades para adquirir extranjeras [= «computar gringas»]

A nivel lexical (palabras), el protagonista es nombrado por su “oficio” tal como «algunos bricheros» , «cazador de gringas», «bien aparrado» (“enano”), «su andean-lover» , «bicho raro» (no común). El propio Guevara dice, La Primera 12/2009, que el término lo aprendió en tabernas. Ahora bien, RAE no acoge “brichero”; sin embargo, el Diccionario de Americanismos dice «Brichero, -a adj. Pe. […] persona que busca … relaciones sentimentales con turistas europeos o norteamericanos». Por último, aparece en El Comercio 3/2015, «exclusivo del habla coloquial peruana, resulta […] de la unión del sustantivo inglés bridge “puente” y el sufijo español _ero. […] Véase revista Sí (26/1/98): un brichero es un cazador de gringas, un AndeanLover, unirresistible conquistador de extranjeras». Por tanto, el término se originó en Perú. Además, brichero es un cuasi sinónimo de cazador de gringas y andean lover.

Respecto a gringas, el protagonista se refiere a ellas en los siguientes términos: según su condición psicológica, «neuróticas»; ideología, «feminista»; intimidad, «frígidas»; adicciones, «fumonas»; emitiendo juicio, «la condenada» e «histérica»; procedencia, «nórdica», «sudafricana» o recurre a conceptos más genéricos: «gringas» o «extranjeras». En esta ruta, notamos expresiones informales o perífrasis (más de una palabra) tal como «gringa mamacita» por bonita; «sueño de mujer» como ideal; «esa gringuita» forma cariñosa o irrespetuosa; «la fulana» tono irónico; «maniquí de feria» compañía 24/7. En «sumisa como esposa» y «como gata enfurecida», recurre a comparativos.

En relación con la narrativa, el verbo capital es «computar», que no significa calcular o contar. Así tenemos «nada fácil computar gringas», «computar gringas por ese medio», «probabilidades de computar gringas», «primera gringa que computé». De donde concluimos que computar es el verbo principal del cazador de gringas, pues confiesa: «temiendo que la conquista se truncara, me acerqué…».

En cuanto al narrador, predomina la segunda persona. Al respecto, el académico José M. Merino, discurso de recepción del sillón «m» (2009), dice la segunda persona permite mantener la justa distancia, … la del doble, ya que quien habla o narra, cuando se usa el «tú» narrativo, no deja de ser un yo desdoblado. Apoyándome en Merino, la segunda persona es manipulada por el narrador, y vaya que Guevara lo hace de manera matizada: pareciera -digo pareciera- que la narración se iniciara in medias res [en medio de la acción], ya que el protagonista está en un recinto conversando con alguien a quien no le cuenta los hechos precedentes (en el primer párrafo). El relato empieza «Como le contaba,», reafirmando lo expuesto. Recién en el segundo párrafo narra sus aventuras o vínculos afectivos: «¿Quiere saber sobre la extranjera de anoche?».

En lo que se refiere a la totalidad narrativa, el diálogo aparece con frecuencia en el cuento. En esta ruta, el lector no se da cuenta que es partícipe directo y, es a él a quien se apela como si fuera un «otro». Estos usos de diálogos indirectos activan el interés del lector en forma inmediata. Sabemos que las preguntas son más dinámicas que las aseveraciones según Carlos Salas (Story Telling). Se formula preguntas o confirmación de ellas simulando estar presupuestas en los enunciados del “otro”, llegando a usar, incluso, interrogantes sucesivas «¿Y qué me dice de las frígidas? ¿Conoció a una frígida? ¿No conoció?».

Continuando, hallamos formas de la retórica clásica como en «figúrese que» e «imagínese que». También recurre a rasgos teatralizados «como gata enfurecida, intentando desfigurarme el rostro» y «abriendo desmesuradamente los ojos». Simultáneamente, usa incisos como indicativos de pausa o para darle “presencia” al otro [comisario] que actúa mediante «ese oficio, no se ría, aunque no crea». Después usa “como” para expresar conformidad: «Como le contaba», «como le decía,», «como ve, no todo», «como bailo de maravilla», «como ve, la gringa».

En lo referente a temática, el narrador maneja su rol protagónico de brichero, cazador de gringas, tanto que, al ver a la última de ellas,casi en «el contacto final […] se desprendió con violencia… prorrumpió a gritar y lloriquear», y él le propina un golpe dejándola inconsciente. Esto desencadena la autodefensa del protagonista, quien narra los gajes del oficio de cazador. Describe las conquistas que aliviaron su situación económica. En ningún momento banaliza su oficio; por el contrario, cree que es arduo enfrentarse con mujeres de diferentes razas y distantes de su entorno. Vale la pena mencionar que, al incursionar el término brichero en la literatura peruana, también se convierte en verbo gracias a Mario Guevara. Por último, destacamos expresiones como «bolsillos silbaban de pena» por vacíos; «iré al grano», sin rodeos; «a pedir de boca», deseo. Recapitulando, vemos la conexión entre el primer enunciado -textual- y el que se encuentra al final del texto. Si amalgamamos (juntamos) ambos, nos da un sentido de totalidad: «Como le contaba,» [+] «señor comisario.». El final se deja abierto a la agudeza del lector.

En conclusión, el cuento «Cazador de gringas» tiene puntos álgidos para la narrativa: uso de una voz particular, empleo de la segunda persona, el rodaje de un cazador/conquistador de gringas para resaltar el oficio de brichero. Gracias a este trabajo, el protagonista logra subsistir. Entre todo, destacamos la incursión del término brichero en la literatura peruana y mundial.

Directora General Revista Gafe.info

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