Poesía

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Todo poema es un enjambre de palabras y, según nuestro poeta, Octavio Pineda, la poesía es una habitación donde prolongarte donde traspasarte donde continuar un abrazo y unos párpados azules donde convertir la espalda en cáscaras abiertas las manos en un caparazón donde colocar las piernas o perseguir el exceso la mordedura invisible el aliento donde desamarrar la ciudad y sacar nuestro espejo esconder la luz hirviendo de la cama y devolver la lluvia donde un cuerpo conduzca a otro hasta extendernos.

«Las Caligrafías de la piel», poemas de Nidia Garrido

«La poesía de Nidia Garrido corre como un torrente y atraviesa la espina dorsal del planeta. Con navajas para sangrar los árboles y dejar los nombres, con cinceles para descubrir el oculto rostro de la piedra, esta mujer extraordinaria entra al lenguaje, como a una selva oscura, lo mismo que Dante, y logra entregar su porción de infinito a cada verso que escribe, sus ofrendas al tiempo. Cargada de una incorregible emoción, intenta desentrañar la vida sexual de las palabras, la desaforada lucidez que esconden las sílabas al bajar a la piel. Nidia Garrido trae mapas nuevos para explorar la memorable historia del cuerpo, para descifrar sus jeroglíficos. En una de sus noches delirantes escribe: “Mis sílabas se embriagan, beben una música que sufre las vigilias del invierno, y las suaves campanitas del trineo despiertan a todos los personajes de Esquilo”. Tiene una cadenciosa manera de andar entre las líneas del poema y de poner la mirada en su siglo. Sus sílabas vuelven a morder la manzana, y sucumben a la concupiscente señal de los sentidos, a su geografía embrujada. Hay algo más allá de las palabras de Nidia Garrido que queda vibrando en el aire como la estela de un colibrí y que luego arde en nuestra mente, arde en el papel en blanco y arde en la nieve. Nidia Garrido escribe con manos, con labios, con acelerada respiración, con vértigo, porque su voz es un incendio. Y solamente la consuela la lluvia.» Fernando Denis