«Talla grande» 1 relato de la Serie «Mujeres Coraje, Historias de Amor propio» de Beatriz Giovanna Ramírez

El ser humano parte de la base equivocada de querer ser mejor que “el otro”, cuando el único a quien se debe superar constantemente es “a uno mismo”. En ese camino de auto clasificación, los humanos llegan a la cosificación de sí mismos, por un lado, porque se miden y se pesan en relación al otro, y, por otro lado, porque aceptan sentirse superior o inferior al otro; sin percatarse que cada uno es, simplemente, único. Que somos todos individuos, palabra que proviene del latín “individŭus” que es indivisible o que no se puede dividir. Entonces, ser único es ser hermoso, bello y perfecto tal cual se es, sin necesidad de aceptar modismos o patrones de apariencia que cambian según el antojo del machismo patriarcal de turno.
En el relato TALLA GRANDE, la escritora Beatriz Giovanna Ramírez, a través de su personaje Carmen Rosa, hace un importante llamado a todas las mujeres, para que aumentemos nuestra autoestima y aceptemos nuestro cuerpo, muy al margen de los patrones sociales que nos imponen, y, despiadadamente destruyen las mentes y vidas de las personas que no encajan en los estereotipos.
Márcia Batista Ramos

TALLA GRANDE

El tiempo no asegura que lo que pongas en la pizarra se realice. Ni que el pulso acelerado de la vida te lleve al lugar que quieres. Tampoco puedes ir en contra de la naturaleza, la de tu cuerpo. No hemos nacido para agradar a los demás, para sufrir, para seguir algo más chorra que las modas, para aguantar imbéciles. Hemos nacido para ser libres y felices. No pretendo hacer un discurso, aunque no me importa si piensas que lo es. El cuerpo debe un ser territorio de paz y de amor propio. A esa conclusión llegué después de años de terapia, de reconocer mi depresión y de aceptarme como la gorda que soy.

Sí, soy gorda.

¿Algún problema con eso?

¡Ninguno!

Lo dijo Clint Eastwood: “Las opiniones son como los culos. Todos tenemos uno”. Yo, agregaría, que algunos opinan como el culo, y te pueden joder la puta vida.  En el mundo hay muchos “listillos” que te llaman o te gritan GORDA para ofenderte.

Para mí, GORDA ya no es un insulto; dejó de serlo, cuando me reafirmé como gorda. 

Sí, soy gorda.

Grita ¡GORDA! si te apetece. Ya no me puedes hacer sentir mal. Ya no. Nunca más.

¿Sabes de qué padece el mundo? De GORDOFOBIA.

Durante muchísimos años el hambre y los atracones de comida, la ansiedad y el descontrol, el miedo a seguir engordando me acompañaron. Todo me gritaba que era gorda y lo era, pero yo no quería serlo.

A diario te encuentras con gente que dice que come lo quiere y no engorda, gente que no le cuesta perder esos kilos de más, gente que odia lo gordo y está dispuesta a recordarte que eres gorda.

Fui una suicida en potencia. Asesinaba mi cuerpo con dietas, pastillas, malteadas como única comida. Hambre, más hambre, ansiedad, depresión, sufrimiento y vuelta a empezar. No moría nunca, pero me mataba siempre y seguía siendo gorda.

Tuve una mala relación con mi aspecto y me odiaba. Las dietas, las pastillas, el gimnasio, el hambre y la baja autoestima me convirtieron en una chica gorda insegura, vulnerable a sinvergüenzas machistas que sólo querían joder. No tuve ni un solo novio bueno. Y no me vengas con el cuento de que, si no me quería, pues tenía que aguantar a canallas que solo buscaban sexo sin amor. ¡Venga ya!

Sabes, yo creía que no me querían por ser gorda. Pensaba que si perdía unos kilitos podía ser amada. “Con lo guapa que eres de cara, si adelgazas serás un pibón.” Miles de pequeñas violencias naturalizadas por todo el mundo. Cientos y cientos de frases hechas que respiran machismo y que pasan desapercibidas. “Gorda zámpate estos bollos y de paso este cipote.” La gordofobia va de la mano con el machismo. No llegas a imaginar las violencias naturalizadas que sufrimos, el odio que nos lanzan por ser gordas.

Tuve un novio que me humillaba mientras follaba. “Mira que eres gorda, pero tienes un buen culo”, “Tu culo es como para jugar al fútbol, le caben las gradas y hasta el parking.” Se reía el cabrón sin miramientos. Ocultó nuestra relación y me dejó porque “era un chico deportista que se cuidaba” y “había tenido sexo conmigo de buen rollo, sin ataduras y como amigos.” “Me gustan las mujeres delgadas, pero lo pasamos bien…”

En nuestra sociedad machista y gordófoba muchos hombres quieren acostarse con la gorda, lo que no les gusta es que se enteren sus amigos. A mí me han negado, “ella, la gorda, es solo mi amiga.”

Con tanto odio que recibes, terminas odiándote más. ¿Y sabes? Un día descubres que te odias y ocurre el milagro: “haces algo para liberarte de tu propia muerte”. No hay más.

El primer mito que destruí fue el de ser flaca como símbolo de bienestar, belleza y salud. Dejé de soñar con un cuerpo cadavérico y empecé a disfrutar mis curvas. Tomé conciencia de mi poderío, salí del aislamiento y la vergüenza y salí a buscar otras mujeres como yo.

La gordofobia existe y hay que gritarla. Hay que buscar otras mujeres y disfrutar de la gordoridad. Cuando conectas con la vida de otras mujeres gordas, descubres que hay más conciencia, y se deben colectivizar nuestros sentimientos, nuestros miedos y problemas de autoestima, luchar contra la gordofobia juntas. El amor propio hace bien. El amor entre nosotras nos hace poderosas.

Descubrí que era una Curvy, que era capaz de sentirme a gusto con mi cuerpo en cada momento del día. Comprendí que la lucha contra la gordofobia no va de que los hombres nos consideren más bellas a las mujeres gordas que a las mujeres delgadas. ¡Eso sería muy machista! ¿No? La lucha va de aceptar y respetar nuestros cuerpos gordos y diversos, así como de trascender esa idea loca, ese deseo imposible de tener un cuerpo perfecto, comercial y normativo. No buscamos la aprobación de nuestros cuerpos. Los hombres no tienen que validar nuestra existencia, ni nuestro cuerpo.

Los tiempos cambian y las mujeres también, ahora me siento mejor conmigo misma. Soy Talla grande y decreto que el amor no entiende de tallas ni de peso. Soy gorda y me amo como soy.

Quiérete como eres, amiga mía. Cuestiona eso de que “las mujeres de verdad tienen curvas”, no te dejes engañar, para de sufrir. Las mujeres de verdad somos todas y somos muy diversas.

Sonríe, vive y no permitas que nadie te haga daño.

Te quiero.

Carmen Rosa.

FIN

Beatriz Giovanna Ramírez

Mujeres Coraje, Historias de Amor propio

Esta serie de relatos «Mujeres Coraje, Historias de Amor propio», escritos por Beatriz Giovanna Ramírez contiene un mensaje vital para todas las personas. «La superación del amor romántico, la vida libre de violencias, la suerte de una vida llena de milagros, estamos vivas, hemos recuperado nuestro poder y estamos sanando.»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *